El 17 de febrero de 2009 publicó en su primera plana el Washington Post una “noticia
bomba”: las nuevas constituciones de Venezuela, Ecuador y Bolivia serían en gran parte
obra intelectual de un equipo de especialistas españoles de la Universidad de Valencia
encabezados por Roberto Viciano Pastor, afamado constitucionalista sobre quien afirmó
el español ABC que es la “materia gris” de Hugo Chávez antes de que Viciano le obligara
a retractarse.
Por supuesto, el Washington Post publica la “noticia” en términos de una indignada
acusación: ¿Cómo es posible que existan demócratas en Valencia decididos a ayudar a
los pueblos sojuzgados de la América hispana?
Después de todo, España yace bajo el pulgar económico del Imperio desde Franco
(algunos dicen que es propiedad de USA porque se la fue comprando empresa por
empresa) y no es cosa de que se salga del redil y colabore quieras que no con esos
rebeldes inditos de los Andes. Así, su “denuncia” quiere empujar al gobierno socialista de
Zapatero a castigar a esos cerebros valencianos. Conociendo el “socialismo” español,
tengo por seguro de que ese equipo de catedráticos pagará de algún modo doloroso su
gesto de inaudita generosidad.
Tras agradecer a Viciano y sus colegas por este esfuerzo intelectual para liberar a
millones de personas y mejorar su nivel de vida tras medio milenio de hambruna,
ignorancia y desesperanza, quisiera referirme al último párrafo de la noticia firmada por
Joshua Patlow, nuevo turista de la América India.
Dice el WP: “En una discusión un día después de la votación de la nueva Carta el 25 de
enero, Viciano criticó el Documento, en especial una serie de enmiendas que el
Congreso había aprobado en Octubre de las que dijo que aceptaron demasiadas
demandas de la oposición”, escribe Patlow.
“Esto es lo que quienes se dicen revolucionarios no entienden a veces”, cita a Viciano,
“Se tiene la revolución o no se la tiene. Pero no se puede forzar un consenso”.
En otras palabras, Evo entregó soga y cabrito a sus enemigos políticos con la NCE
aprobada el 25 de enero y quemó así sus credenciales de “revolucionario”, según
Viciano, la principal autoridad intelectual que hizo posible ese documento como saben
tirios y troyanos.
Esta opinión es, por fin, la primera autorizada por las credenciales profesionales y éticas
del constitucionalista al que todos atribuyen la autoría esencial de esa Carta Magna. Son
palabras que nadie en su sano juicio puede arriesgarse a ignorar.
La declaración del 18 de febrero del Vice Presidente García Linera de que la NCE tomará
“meses, si no años” en hacerse realidad confirma la opinión de Viciano e indica que
Bolivia “no tiene” su Revolución; la oposición tenía muy buenas razones para aplaudir la
NCE y las tiene aún mejores para trabajar por su vigencia plena: todo cambiará en Bolivia
para que nada cambie.
Seis de cada diez bolivianos seguirán comiendo aire durante dos o tres generaciones, un
millón de niños bolivianos se irá a la cama (si la tiene) con hambre cada noche, y habrá
un mendigo en cada esquina y un pueblo mendigo en Bolivia durante los “meses y años”
a los que se refiere García Linera.
¿Fue para eso que murió el minero Coro? ¿Para eso murieron las víctimas de Pando?
¿Para eso ha luchado el pueblo boliviano desde siempre?
En ello parece existir, por fin, un consenso: tanto el gobierno de Evo Morales como su
oposición, esa raquítica “oposición” de millonarios apátridas y “gobernadores” locos y
saqueadores a la que preservó en tantas ocasiones ignorando las oportunidades de
asfixiarla, coinciden en que la Nueva Constitución es la ‘revolución’ que precisa el pueblo
boliviano para cambiar su suerte.
Ese consenso indica por fin, aunque los “gobernadores” rebeldes se hagan de rogar,
que tirios y troyanos coinciden en que el pueblo boliviano no está “preparado” para el
cambio que tanto anhela.
Si bien la actitud del Vice Presidente García dijo desde siempre a los bolivianos que tal
era el “cambio” que su “capitalismo andino” planteaba, es casi imposible creer que el
Primer Presidente indio coincide con su Vice Presidente.
Cada gesto y cada palabra de Evo Morales, indio al fin, indican que no acepta ni nunca
aceptará semejante “consenso”. Sólo el indio siente en su sangre que tal compromiso
vuelve a postergar para las Calendas Aimaras la justicia que el pueblo indio merece. Si
las Calendas Aimaras van a ser como fueron las griegas, Bolivia ha vivido desde 2005
para nada, y nadie debe saberlo mejor que Evo.  
Pero el gobierno mediante “decretazos” tiene sus límites. No se puede gobernar
“decretando” cuando no se goza de autoridad ni soberanía en buena parte del país. El
deseo de ser y aparecer como “demócrata” dejando respirar a una oposición ínfima para
“ganar” o “perder” tiempo es un lujo demasiado caro en un país de mendigos y
ricachones. El sufrimiento del pueblo no ha variado desde 2005. Las promesas han sido
muchas y la sangre derramada no ha sido poca,  pero treinta dólares de regalo al año
son dignos de mendigos, no de hombres libres.
Y lo que Evo Morales debe aprender aunque se niegue a aprenderlo hasta alcanzar el
martirio es que la gran mayoría de los bolivianos ha elegido el rechazo de una guerra civil
corta pero cruenta y el retorno, largo y bien disfrazado, al estado de cosas anterior a
2006.
Los más, porque la naturaleza servil del esclavo no se pierde en una generación ni en
dos y lo más difícil del mundo es creer que la libertad y la igualdad se conquistan de un
plumazo con una NCE (papel, sólo papel) o cien decretazos: los indios tienen miedo del
futuro y miran al gobierno antes de actuar: ahora que el gobierno anuncia que tomará
“meses, sino años” para darles lo que necesitan con extrema urgencia, agacharán una
vez más la cabeza y sacrificarán a su primer Presidente, para el cual el exilio luce
imposible y el martirio parece fatal.
Los menos, lejos de aprovechar esta nueva oportunidad y demostrar que algún derecho
tienen de ser la “elite intelectual”, el sector mejor educado como ellos se creen, y
conducir a Bolivia a un futuro mejor, preferirán continuar trabajando en las sombras y
entre las bellaquerías de los modernos olañetas y no pararán esta vez hasta asegurarse
de que jamás podrá darse en Bolivia un segundo Evo Morales.
Si la Bolivia del futuro ha de ser la Bolivia anterior a 2005, la suerte que le espera es la
de Haití o la de Guinea Ecuatorial, un infierno en la tierra que los bolivianos ya han
conocido y que, por ello, la merecerán.
Sólo queda, entonces, la estrofa cantada por quienes no se resignan a cerrar los ojos:
“….morir antes que esclavos vivir…” Pero son tan pocos, que de ellos no puede vivir la
esperanza. No les queda más vía que el exilio.
.
Su Opinión
Arturo
Sus Libros
Nuevos Textos
Las Calendas Aimaras
Feb 09
Arturo von Vacano