Del sitio Web Aymar Qhawiri
LA CALLE NOS LLAMA
Julia Acarapi
e-mail: kalachaqa@yahoo.com

Qullasuyu - Bolivia.- Alguna gente, perteneciente a eso que llamamos “clases medias”,
en las radios e incluso en este medio, vierten opiniones duras contra la movilización
social. Dicen que ellos no tienen ninguna culpa de lo que pasa para que tengan que
“sufrir” bloqueos. Cuando Víctor Paz sacrificó a miles de mineros “por el bien del país”,
nadie alzó su voz para decir que era injusto, que ellos no tenían la culpa de lo que
pasaba y que por lo tanto no tenían por qué ser sacrificados.

Es decir, que no tienen por qué sacrificar lo que tienen (que es poco, lo sabemos y lo
respetamos) en una lucha que, en su opinión, no les concierne.

En medio de descalificaciones e insultos del que se supone es presidente de todos los
bolivianos, las organizaciones sociales continúan la lucha por la recuperación de los
hidrocarburos; por la recuperación de la dignidad del país, para no extendernos
demasiado.

En 1986, cuando Víctor Paz sacrificó a miles de mineros “por el bien del país”, nadie
alzó su voz para decir que era injusto, que ellos no tenían la culpa de lo que pasaba y
que por lo tanto no tenían por qué ser sacrificados. Por el contrario, se argumentaron
los más altos valores patrios, el viejo Paz dijo “Bolivia se nos muere” y con eso, las
clases medias, vieron sin chistar cómo se condenaba a la miseria a miles de familias
de bolivianos.

Antes de que alguien quiera decirme que estoy, con estas palabras, llamando a la
polarización y el enfrentamiento entre bolivianos, les pido que no seamos simplistas.
Lo que quiero decir con estas observaciones es que lo que más está haciendo falta en
este momento es solidaridad.

No sé si Bolivia se nos mueres, el fatalismo es el arma con el cual nos han sometido
permanentemente, sea como sea, se nos muera o no, cualquier reparación tiene que
pasar por una reparación de la solidaridad. El Estado ha exigido sacrificios a la
población que no han redundado en el mejoramiento del país. El Estado ha sacrificado
a miles de familias, sobre todo a las familias pobres que son la mayoría, para poder
mantener una fachada de clase media que exhibir como signo de progreso económico.
Eso no ha funcionado, las clases medias cada vez están más en declive.

En este momento, esas familias pobres han asumido la defensa de una dignidad que
habíamos perdido hace tiempo. Esas familias le están diciendo que siguen dispuestas
a hacer sacrificios, pero esta vez no para beneficio de unos cuantos gobernantes y
familias especuladoras. Esta vez están empeñadas en un sacrificio mayor, casi
imposible, pero necesario. Y me parece, entonces, muy justo que estas familias que se
sacrificaron por las clases medias, pidan ahora un sacrificio a estas últimas. ¿Qué
sacrificio? ¿El mismo que le impuso el gobierno a los mineros en los 80?
No. Solamente su solidaridad, su comprensión y en lo posible, su participación en un
proceso histórico que tiene un pequeño margen de lograr una mejora real en el país.

Procesos como el que vivimos han construído a países grandes y “adelantados” como
Francia.
No me alargo más. El mundo y la historia nos miran. Quizá estamos en el momento de
tomar las riendas de nuestro futuro y del de nuestros hijos.

Quizá estamos en el momento de rehacer un país que fue mal construído de inicio.
No escuchemos los chantajes de Carlos D. Mesa. Su incapacidad no tiene por qué
caer bajo nuestros hombros. Nosotros no lo necesitamos. Sin su ayuda damos de
comer a nuestra gente. Sin su ayuda nos organizamos y permitimos que este país siga
funcionando. Gracias a nosotros cobra un sueldo. Entonces no tiene ningún derecho
de tratarnos como animales.

Vamos, las calles nos llaman.
(31/05/2005)
Lecturas
Arturo
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