La Guerra del Agua en Bolivia

Claudia Lopez es una organizadora del Federacion de Fabriles en Cochabamba y trabaja con La Coalicion en Defensa del
Agua y la Vida en Cochabamba, Bolivia.

En 1985 el Estado boliviano encabezado por el MNR, promulgaba orgulloso el fin de la crisis económica mediante la
aplicación del Decreto Supremo 21060,  incluyendo al país al camino neoliberal que se adueñaba del mundo.
A más de 20  años de aplicación de este modelo los índices de pobreza se han incrementado, al igual que las tazas de
desempleo y el malestar social, todo lo que en conjunto y a largo plazo constituyó un nuevo escenario de lucha y
rearticulación de los movimientos sociales. De forma general puede decirse que el neoliberalismo no logró conseguir
ninguna de sus metas y promesas de "desarrollo con equidad"; más bien lo que hizo fue flexibilizar el trabajo, es decir,
anular las conquistas laborales, desarticular los sindicatos obreros, fragmentar a la clase proletaria y aplicar la libre
contratación (o subempleo).
Al no resolver los principales problemas del país, las políticas neoliberales guiadas por monopolios transnacionales han
tenido gran resistencia por parte de las organizaciones populares y la población en general desde el año 2000, año de la
Guerra del Agua, revuelta popular que marcó el inicio de un gran proceso de cambio constituido por el ascenso de los
movimientos sociales, y por una sucesión de reiteradas rebeliones que desembocaron en el momento actual.
1. La Guerra del agua de Cochabamba (abril 2000) El surgimiento del conflicto
Cochabamba se ha caracterizado desde hace décadas por acarrear un gran problema en relación a la escasez y a la
mala gestión del agua. La expansión de la población, debido a la migración de campesinos y mineros desempleados,
entre otras causas, ha ocasionado con el paso de los años un incremento enorme de los habitantes y de la demanda de
agua para uso doméstico. A esto se añaden circunstancias ambientales como las sequías, que en determinadas
temporadas generaron a lo largo de la historia una situación real de carencia de agua.  Todo esto trajo consigo una
cadena de conflictos, los cuales llegaron a un punto máximo en septiembre de 1999 cuando el gobierno boliviano, en
complicidad con el municipio de Cochabamba, entregó en concesión el servicio y distribución de agua de la ciudad a la
empresa "Aguas del Tunari" -subsidiaria de la transnacional norteamericana Bechtel. Al mismo tiempo se promulgó la Ley
2029, bajo la cual el agua era convertida en mercancía, atentando contra los usos y costumbres de la gestión de agua de
los campesinos regantes.
La consecuencia inmediata de la instalación de Bechtel en la ciudad, fue:
*la elevación en las tarifas de pago por el uso del agua que se incrementaron hasta en un 200% en algunos casos.
• En el área rural, la nueva empresa afectaba a los campesinos regantes cuyos sistemas y usos tradicionales y
autogestionarios en la gestión del agua se veían en riesgo: a través de la colocación de medidores para el cobro por el
uso del agua, la transnacional intentaba apropiarse de los pozos y sistemas de riego que estas comunidades agrarias
habían construido con sus propias manos.
• En una palabra: se trataba de la privatización del agua en la ciudad y en el campo.
Esta situación generó un gran rechazo popular que se cristalizó a  fines de diciembre de 1999, cuando de forma casi
espontánea, surgió un heterogéneo tejido social compuesto por varios sectores : sindicatos obreros, juntas de vecinos,
asociaciones de profesionales, transportistas, maestros, campesinos regantes, campesinos cocaleros, estudiantes,  etc.
Todo este conjunto diverso de sectores halló su expresión y unidad en torno a una nueva entidad organizativa denominada
Coordinadora de Defensa del Agua y de la Vida.
La Coordinadora de Defensa del Agua es una especie de sindicato ciudadano que aglutina a varios sectores tanto de la
ciudad como del campo; pero se diferencia radicalmente con los sindicatos tradicionales porque en su interior confluyen
una gran diversidad de sectores, los cuales se reúnen sin intermediarios en grandes asambleas para  discutir, decidir y
ejecutar.
La Coordinadora es un espacio donde la relación es entre iguales, un espacio para la acción y la palabra.  Un espacio, en
el cual a sus portavoces, la gente le da un mandato: ser los ojos, los oídos, la boca y el corazón de sus anhelos.
Un espacio donde comenzamos a gestionar nuestra vida para recuperar un bien común como el agua, sin esperar nada
del gobierno o los dueños del dinero.
La columna vertebral de la Coordinadora la constituyeron los campesino regantes y los trabajadores fabriles, quienes
junto a los demás sectores, emprendieron un ciclo de movilizaciones que desembocarían en la gran revuelta popular de
abril del 2000, sublevación que consiguió expulsar a Bechtel de Bolivia.
Puede decirse con toda certeza que la Guerra del Agua es una de las experiencias de lucha colectiva más importantes de
los últimos tiempos, sobretodo porque derivó en un triunfo de los movimientos sociales después de décadas de derrotas
y adormecimiento, y también porque se convirtió en un referente que abrió una nueva época en Bolivia: una etapa de
victoriosas y reiteradas rebeliones contra el neoliberalismo. Los trabajadores fabriles
La incorporación de los trabajadores fabriles al conflicto fue importante para lograr la generalización del mismo, ya que
con ello se consiguió establecer una articulación entre campesinos regantes y trabajadores urbanos del sector industrial.
Orgánicamente el movimiento obrero como tal está totalmente debilitado al igual que en muchas partes del mundo —y en
Latinoamérica principalmente—.
En Cochabamba —por ejemplo— el sector obrero se encuentra constituido aproximadamente por 40 o 50 mil obreros de
los cuales solo 6 mil están organizados en sindicatos. Esto no significa que no existan obreros, sino que estos están
atrapados en nuevas condiciones de subempleo que los hacen casi invisibles y que tienen como consecuencia directa la
pérdida y/o el desconocimiento de los derechos laborales. A esto se  suma el hecho de que las antiguas formas
organizativas de los trabajadores como la COB, han caído desde hace mucho tiempo en una espiral de desprestigio, poca
convocatoria y verticalismo. Es así que ante la crisis de representación de la principal entidad sindical, es decir de la COB,
los trabajadores fabriles de Cochabamba consiguieron mediante grandes esfuerzos alcanzar altos niveles de credibilidad
frente a la población, debido principalmente a su labor de información contra la flexibilización laboral, y a la contribución en
la formación de nuevos sindicatos.
Otro aspecto importante que constituyó a los fabriles como actores importantes de la Coordinadora, ha sido el hecho de
que el edificio fabril esta en el centro de la ciudad, y la gente, durante las movilizaciones, se aglutina por lo general en este
lugar. De ahí que la sede fabril se transformó en una especie de cuartel general de la Coordinadora.
Otro hecho destacable de la participación fabril en la revuelta, fue la acción esforzada de 500 trabajadores de la fábrica de
zapatos "Manaco", que soportando 60 despidos injustificados, se trasladaron hasta el centro de la ciudad para exigir la
incorporación de la población urbana al conflicto: un ejército de bicicletas recorrió los 15 Km. que separan la fábrica del
centro de la ciudad, convocando a la ciudadanía a continuar la lucha contra el encarecimiento del agua y bloqueando las
principales rutas urbanas.
Estos trabajadores en su paso por las zonas urbanas  manifestaron que estaban luchando contra la privatización del agua
y también contra los despidos en la fábrica, hecho que estimuló a varios sectores de la población a radicalizar las
movilizaciones. Las lecciones aprendidas
Todo este proceso estuvo marcado por la solidaridad entre todos los ciudadanos y sectores que se apoyaron
mutuamente para sostener la larga y esforzada lucha contra la privatización del agua.
Las lecciones de esta experiencia son las nuevas formas organizativas y de lucha, de coaliciones más flexibles de
jóvenes, mujeres, niños y ancianos, que produjeron espontáneamente otras formas de democracia, de participación, de
opinión y toma de decisiones. Podemos decir con certeza que en esta revuelta el pueblo ejerció un auténtico poder al
margen del Estado el cual, dicho sea de paso, simplemente se disolvió siendo reemplazado por una gran red
descentralizada de ayuda mutua que se hizo cargo de la gestión de los asuntos comunes durante los días que duró el
levantamiento: la autodefensa, la seguridad y la distribución de comida en la ciudad, quedó en manos de la propia gente
que se auto-organizó sin ninguna necesidad del Estado ni de sus agentes.
A partir de este esfuerzo digno, gigantesco y esforzado de la gente sencilla y trabajadora, el país cambió, los pobladores,
los sectores sociales, las comunidades, los sindicatos y asociaciones, pudimos comprobar que era posible perder el
miedo, que era posible vencer, que era posible recuperar nuestra dignidad, nuestros bienes comunitarios y nuestros
recursos naturales, que no hay un destino fatal y a partir de ese abril del 2000, el pueblo cochabambino irrumpe en el
escenario político con una demanda concreta: "el agua es nuestra y las decisiones también".
A partir de las jornadas de abril de ese año emergieron nuevos movimientos sociales, que de manera autónoma, sin
intermediación de partido político alguno, bajo la conducción de un liderazgo colectivo y de una práctica asambleísta en la
toma de decisiones, quebraron el modelo político y económico del neoliberalismo.
La revuelta de Cochabamba-la cual comenzó 6 años atrás- terminó el mes de enero de este año, cuando Bechtel,
formalmente abandonó el caso legal que pedía del pueblo boliviano 50 millones de dólares. Bechtel había puesto la
demanda en una corte secreta del Banco Mundial. Luego de una larga campaña de protestas, presiones sociales locales
e internacionales, Bechtel retiró la demanda y el pueblo ganó, lo cual marca un referente histórico a nivel mundial. El
nuevo escenario tras las elecciones
El 18 de diciembre de 2005 Evo Morales ganó las elecciones con el 54% de preferencia electoral, la votación proporcional
y absoluta más alta alcanzada por candidato alguno tras la apertura democrática de 1982. Este contundente triunfo abrió
un nuevo escenario imprevisto e inédito en Bolivia.
El 18 de diciembre de 2005, Bolivia estuvo de fiesta, no fue para menos. Después de un ciclo largo de rebeliones,
levantamientos, movilizaciones y sublevaciones indígenas y populares abierto en el 2000. Con la victoria de Evo Morales
se celebra un triunfo.
Pero es importante no dejar de  tener presente que el gozo que habita Bolivia y que sorprende al mundo a través de la
prensa, no es sino el resultado de la tensa lucha de resistencia primero y ofensiva después de ese gigantesco
conglomerado de hombres y mujeres, jóvenes y ancianos que han protagonizado la Guerra del Agua en el 2000.
En este proceso que viene desde el 2000 nuestro pueblo ha puesto un cerco humano y de lucha al saqueo de nuestros
bienes comunes como el agua, los hidrocarburos, expulsando transnacionales, vetando el avance arrollador del capital
transnacional, y también rechazando las imposiciones de los organismos financieros como el BM, el FMI y la OMC.
Hemos cercado y derrotado las pretensiones de esos intereses de perpetuarse en el poder, en jornadas heroicas de
estos últimos 6 años: los bloqueos de caminos, cercos  a las ciudades, levantamientos e insurrecciones y marchas, la
toma de tierras, el cierre de válvulas de los gasoductos, ocupaciones de pozos petroleros en la región sur oriental de
Bolivia.
Son pues 6 años plagados de luchas, de esfuerzos, de indignación convertida en protesta pública, de discusiones y
deliberaciones sobre el camino a seguir.
Es por eso que el resultado electoral del 18 de diciembre pasado, no se puede mirar como una victoria de individuos, de
personajes. Esta victoria, es ante todo la señal expresada en cantidad de voto, de la necesidad de la obligatoriedad de
que los gobernantes, sean quienes fueran, deben cumplir con la agenda de indígenas, campesinos y sectores  han
establecido a partir del 2000:
1. Reapropiación de todo nuestro patrimonio común, fundamentalmente la nacionalización de los hidrocarburos.
2. Asamblea Constituyente: popular originaria y sin tutelaje partidario.
3. Reforma Agraria para eliminar el latifundio acumulado por terratenientes ligados a las élites.
4. Juicios de responsabilidades a los asesinos del pueblo.
El momento actual ha quedado constituido así: la sociedad boliviana trabajadora y comunitaria ha derrochado energía en
todos estos años y ha logrado esta transformación del orden de las cosas.
La energía social ha sido suficiente para expulsar a las élites del gobierno utilizando sus propios recursos: las elecciones.
Sin embargo está en pie  todo un andamiaje institucional y un entramado legal heredado de la colonia, en todo caso esa
mezcla heterogénea que ahora es el parlamento: polleras, ponchos trajes y corbatas viven en medio de reglas ajenas y de
burocracia.
El telón de fondo, sin embargo es preocupante. La derecha atrincherada, resentida y activa comienza a tejer sus nuevas
amenazas. Exhibe todo tipo de chantajes y apuesta a atemorizar al gobierno obligándolo a ser un hábil administrador de
la herencia política y económica liberal o bien se prepara para barrer al gobierno si este se radicaliza, y prepara su objetivo
en el próximo escenario de la Asamblea Constituyente.  

Hay quienes afirman que la subida de Evo Morales es la culminación de las ola de luchas abiertas en el 2000 y que ahora
es el momento de la institucionalización de lo avanzado y hay quienes creemos que el proceso no esta cerrado que con
esa energía social se ha logrado abrir múltiples puertas y ventanas para continuar modificando las relaciones entre las
personas, para que así se siga pensando y decidiendo sobre los asuntos comunes y las formas de emaciación para
trasformar el mundo social.
Por ello las organizaciones sociales estamos entre dos caminos.
En definitiva la lucha por el agua, el gas, la electricidad, los servicios básicos, es decir la lucha por la supervivencia, ha
producido la creación de espacios de deliberación, de propuestas, y de organización entre la gente sencilla y trabajadora
del campo y la ciudad, estos espacios se deben fortalecer y  las practicas comunitarias se deben mantener porque aún
las masas trabajadoras en Bolivia están enfrentando a la dictadura del capital en duras condiciones, pero con una gran
dignidad, construyendo liderazgos colectivos, horizontales y transparentes.
El proceso que abrió el 2000 con la Guerra del Agua ayudó a que la gente, que antes sólo trabajaba sin saber el destino
de su esfuerzo, ahora se pregunte a dónde va el producto de su trabajo y exija controlarlo a fin de que beneficie a todos.
La gente que antes aguantaba callada su triste destino ahora ha recuperado la palabra y exige ser oída. La gente que
antes toleraba la discriminación de su apellido, su idioma y su color de piel, ahora los exhibe orgullosa y reclama una
nueva forma de vida.
Miles y miles de indígenas aymaras y quechuas, miles y miles de trabajadores, de asalariados, de jóvenes, de regantes,
de amas de casa, hemos decidido romper el abusivo monopolio del poder, la riqueza y el dinero concentrados en manos
de una casta de empresarios y políticos racistas, y reclamamos nuestro derecho a disfrutar de la riqueza, nuestro derecho
a participar de la gestión pública, nuestro derecho a deliberar sobre la administración del bien común.
Y nuestro anhelo sigue siendo la reconstrucción del espacio público a través de una nueva sociedad,  un nuevo futuro es
lo que hombres y mujeres trabajadores de la ciudad y el campo hemos comenzado a desear, a soñar y a construir.
Para terminar : Un día como hoy -primero de mayo-se luchó por la reafirmación de los intereses históricos de la clase
obrera, esa lucha duró varias décadas, esa historia no debe ser olvidada, oculta o limpiada de contenido social. Sólo con
la recuperación de nuestra memoria histórica podremos emprender nuevos procesos colectivos y comunitarios,
¡¡Vivan los obreros luchadores y mártires de Chicago!!
¡¡Viva la lucha de los trabajadores inmigrantes!!
¡¡Viva la solidaridad entre los pueblos!!


Troy-NY- Cochabamba, 1ero de Mayo de 2006
Claudia Lopez es una organizadora del Federacion de Fabriles en Cochabamba y trabaja con La Coalicion en Defensa del
Agua y la Vida en Cochabamba, Bolivia.
Nancy Wallace, traductora de este nota, es electricista y parte del sindicato en Local, IBEW 97.