Tras diez días en su nuevo empleo, Barack Hussein Obama no habla ya de “cambio”
alguno, a no ser los 75 centavos que lleva en su monedero. Tal cambio personal es notable
porque el mestizo basó toda su campaña electoral (que duró dos años) en la necesidad de
“cambiar” esa olla de grillos y asfixiante corrupción llamada Washington.
Por el contrario, si un cambio se dio durante estas dos semanas de trabajo fue el del mismo
Obama (nadie le llama “Mr. Obama” y menos “Mr. President”) al que todos se refieren como
si fuera el negrito que tenemos para servirnos desde la Casa Blanca. Por “todos” me refiero
al total de la prensa, al Congreso, a los militares y al aparato burócrata federal de USA.
El cambio en Obama fue relampagueante y parecido al que los bolivianos vimos en nuestro
Presidente Evo Morales cuando inició su martirio: se apagó, perdió sus habilidades de
orador y se hizo un hombre triste al comprobar el odio, la discriminación y las increíbles
canalladas de la que son capaces sus hermanos hombres. Recuérdese tan sólo (porque no
debemos olvidarla) la horca que Costas clavó junto al Cristo de SRZ para colgar a Morales.
Ya antes de jurar el cargo sufrió el Sr. Obama dos o tres insultos gruesos lanzados como
murmullos pero registrados de todos modos por entrometidos micrófonos. Sucedió cuando
caminaba él hacia donde debió jurar el cargo pero no pudo jurar porque el Juez Roberts,
otro gringo cochino y Jefe de la Corte Suprema, hizo como que no podía leer la fórmula, la
leyó mal anulando el juramento, arruinó la ceremonia y obligó al presidente a repetirla
puertas adentro un día después. Sólo Bush, que es un imbécil certificado, creyó que se
trató de un “accidente”.
Las cosas no han mejorado desde entonces y mejor sería que nos acostumbremos a
llamarlo “Alí Baba” en lugar de “Obama” a secas porque lo que vemos día a día es el
esfuerzo que hace Washington para cambiar a Obama y meterlo en el redil, esto es,
forzarlo a aceptar la brutal idea de que nadie puede cambiar a Washington, nadie puede
acabar con la corrupción gringa, alma del capitalismo caníbal que tortura a la especie
humana toda.
Donde más evidente es este esfuerzo es en la prensa diaria y en los “noticiosos”  de la
televisión, donde idiotas como el famoso Charlie Gibson (un loro dedicado a leer noticias)
se empeña a repetir tres o cuatro veces una misma pregunta baladí hasta sacar de quicio a
cualquiera, incluso el presidente mestizo.
El “Obama” a secas aparece en todo lugar y a toda hora y la actitud constante de que este
“entrometido” oscuro no es más que un sirviente de la plutocracia (como lo fueron todos los
presidentes) lastima a veces hasta al más endurecido corazón. Ello sucede cuando se
compara lo que Obama prometió con lo que Obama puede hacer: lo prometió todo y vemos
hoy que no puede hacer nada o casi nada para aliviar las enormes necesidades urgentes
de USA y del mundo.
Además de la prensa (los bolivianos conocen la labor de zapa diaria en que se empeña la
prensa mundial mentirosa) Obama debe sufrir al Congreso, el nido de corrupción más
grande y poderoso que haya visto el genero humano.       
El Senado está conformado por cien ancianos cuya experiencia en cuanto a corrupción es
de 5.000 años, considerada como conjunto, a razón de 50 años por delincuente. El último
senador que demostró el calibre de que están hechos esos bandidos fue Tom Daschle,
quien se “ensució” en 140.000 devaluados dólares aunque goza de una fortuna próxima a
los 50 millones. Fue un impuesto que “se olvidó” de pagar. Para prueba basta un botón:
casi todos los senadores son millonarios.   
La Cámara Baja es peor todavía: son medio millar de corruptos (no sólo por dineros,
también algunos son delincuentes sexuales) cuyo precio no es generalmente muy alto:
unos 20.000 dólares compran su voto, que andan ofreciendo por salas y galerías día y
noche con repugnante franqueza.
Un tercer personaje compone las pesadillas de Obama: el “lobbyist”, al que prefiero llamar
así en lugar de usar la palabra española que es una idiotez. Este profesional fue
generalmente un senador o diputado hoy contratado por los plutócratas para andar por
galerías y salas del Congreso comprando los votos que los políticos ofrecen con tanta
urgencia. Son tan poderosos que se han apoderado de una céntrica calle de Washington,
la tristemente célebre Calle K, y la han convertido en un bazar controlado por corruptos y
degenerados. ¿El mejor ejemplo? Kissinger.
Si añadimos a esta legión otra, más numerosa, la de los empleados públicos del sistema
federal, la mayor parte de los cuales son profesionalmente corruptos y han creado una
enorme red de compadres que los demás corruptos del mundo envidian, podemos percibir
un tanto la cantidad y la calidad de los ladrones que rodean a Obama y que ya le han
sacado los dientes para hacerlo trizas. No son 40, son unos cuantos más.
Es este momento en que nos conviene recordar que USA es el aparato eterno de
propaganda más grande de la historia. Los gringos lo dicen de otro modo, claro. Dicen que
venden “bullshit” por camionadas y es la verdad pura y santa. Venden bosta de vaca
(mentiras, exageraciones, falsedades, etc. etc.) a razón de una por minuto y 24/7. Les
gusta ese espectáculo, como vimos el 20 de enero pasado: 1.8 millones de imbéciles que
celebraban el fin del régimen Bush pero creían que celebraban la llegada de un negro a la
Casa Blanca y por la puerta grande cuando Obama no es negro y cuando se necesitaba
armar algo así para distraer a USA de su debacle económica que es, simple y llanamente, el
fin del Imperio.   
Pero la bosta recién empieza. Cumplida su misión pública, (“¡Tenemos un negro en la Casa
Blanca! ¡Somos unos héroes!”) Obama comienza su misión “secreta”.  
Zurdo como es, firma una muy difundida “orden contra la tortura” ayer para enterarnos hoy
de que la tal orden no la prohibe en todas sus versiones sino que juega con el Artículo Tres
de las Convenciones de Ginebra y deja varias puertas abiertas a la tortura. “Estados
Unidos no tortura”, dice, y se refiere al famoso Manual de los militares que la prohibe,
Manual que la CIA, la NSA, los mercenarios “privados” y la policía de 50 estados y 100
ciudades de USA nunca han visto y jamás respetarán.
Tampoco dice que la política oficial de USA es el envío de asesinos y torturadores
“contratistas” a todo el mundo ni que actúan como espías y no obedecen las leyes de USA
ni de nadie. Esto es, USA no torturará en Guantánamo ni en cada celda iraquí, pero
mantiene las prisiones secretas de la CIA en el mundo y continúa la práctica “ilegal” de
exportar prisioneros culpables o inocentes, sólo que ahora ya no lo hace la CIA sino
empresas privadas dedicadas a ese pingüe negocio.   
Otra orden presidencial emitida hace unos días prohibía el uso de “lobbyists” en el nuevo
régimen. No se secó la tinta cuando apareció un lobbyst” veterano como Número Dos del
Pentágono y Obama lo aceptó sin chistar. Nombró a otro viejo comerciante de influencias,
George Mitchell, como su enviado especial al Medio Oriente. Daschle, su fracasado
candidato para el Gabinete, hizo sus millones también como “lobbyist”.
Estos casos ilustran la gran dificultad que significa para Obama la conformación de un
Gabinete que reuniera dos docenas de hombres profesionalmente y moralmente
respetables, tarea que le ha resultado imposible. Cuando su Gabinete sea realidad
trabajarán con él gente como Larry Summers, el padrino del sistema de jubilaciones de
Chile cuya bancarrota no resultó tan mal negocio para Summers, hoy principal consejero
económico de Obama.
En cuanto a la Ley y al principio tan respetado a viva voz por los gringos de que “Nadie está
por encima de la Ley”, la verdad es que un asesino del calibre de Bush, responsable de un
millón de muertes en Irak, firmante de cada orden de tortura perpetrada en Irak y Cuba,
culpable de la destrucción de una ciudad de USA por Katrina, es intocable y sus crímenes
quedarán impunes. Lo mismo sucederá, claro, con el vicepresidente Dick Cheney y
Donaldo Rumsfeld, viejo amo del Pentágono, aunque hay miles de personas y
organizaciones que reclaman un juicio para estos delincuentes. Cuando se preguntó a
Obama sobre las posibilidades de tal juicio, demostró su gota de cinismo. Dijo: “Claro nadie
está sobre la Ley, pero yo prefiero mirar hacia adelante y no para atrás”.
Todo ello en diez días de gobierno. ¿Qué puede esperar Latinoamérica de Barack Hussein
Obama? Nada. Ya se negó a poner fin al bloqueo de Cuba, ya dijo un par de cosas
desagradables sobre Chávez y sólo es cuestión de horas, tal vez, para que se niegue a
conversar con Evo Morales aunque su mayor ambición fue, por un instante, la de ser el Evo
Morales de USA.
Su Opinión
Arturo
Sus Libros
Nuevos Textos
Obama, el Nuevo Alí Baba
Feb 09
Arturo von Vacano