| ARTURO VON VACANO |
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| Sus Críticos |
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| EI Apocalipsis de Antón L. H. Antezana. |
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| EI Apocalipsis de Antón Burillo, La Paz, l972. l. El Apocalipsis de Antón (l972) es un complejo narrativo que opera por acumulación de escenas, retratos, relatos breves, vinculados, sobre todo, por un alusivo tejido de resonancias comunes a la manera de elementos retóricos que se influyen mutuamente gracias a connotaciones comunes. En este amplio trabajo, el sistema de “ecos" no logra formar una estructuración coherente. Esta por reiteración parece ser una característica de la prosa de VON VACANO, por lo menos en sus obras mayores, pues el mismo proceso caracterizaba su primera obra Sombra de Exilio (Difusión, La Paz, l970). A propósito de Sombra de Exilio decía RlVERA RODAS : "En cuanto al aspecto formal, la novela de von Vacano padece de la falta de un ordenamiento estructural de sus elementos" ("La nueva narrativa boliviana". Camarlinghi, La Paz, l972). En esa obra, la univocidad del narrador dominante ("Max") permitía dar una cierta cohesión a los fragmentos conjugados; esto no ocurre en El Apocalipsis de Antón, donde no habría un narrador único, sino una multitud de ellos; esta pluralidad hace que la obra parezca aún más fragmentaria qué Sombra de Exilio. Podemos pensar que el trabajo de VON VACANO tiende a un texto fragmentario que se aleja quizá buscando nuevas formas para nuevos materiales de la novela tradicional. Sin embargo, esta búsqueda, aunque deja la estructuración novelística, se haría todavía al interior del discurso novelístico; es decir, la narración de El Apocalipsis de Antón "dice" a la manera de las novelas, aunque no se estructure como ellas. De ahí que no es falsa la "impresión" de "novelas" que dan estos libros. 2. El Apocalipsis de Antón tiene algo de novela, algo de colección de retratos, algo de colección de relatos breves. De novela, tiene la pluralidad discursiva: cómo se sabe, una de las características de la novela es su capacidad de conjugar pluralidad de discursos, sin que se "estorben" mutuamente. Pero El Apocalipsis de Antón carece de otros rasgos esenciales a la novela: la fuerte estructuración de la pluralidad en un "proceso" y, por lo tanto, la progresión del discurso narrativo que más allá de las "microestructuras" tiende a articular un juego de "macroestructuras’ ( (se puede pensar, como referencia. en la "obra" de BALZAC; que recogiendo acontecimientos y personajes de sus diversas novelas intentó una estructuración general en su "proyecto" de la "Comedia humana"). Como colección de relatos y/o retratos; este libro teje una serie de "personajes" y "acontecimientos" que se narran en continuidad (tipográfica) pero que, en general, permanecen c o m o fragmentos autónomos, vinculados, es cierto, por un leve "aire de familia". Quizá por estas características, tanto Sombra de Exilio como El Apocalipsis de Antón impresionan como "novelas…" (por la multiplicidad discursiva"... ) mal estructuradas" (por la carencia de tejido organizativo). He aquí un hecho que "saca" a El Apocalipsis de Antón de las incómodas categorías tradicionales y que convendría pensar ya no de manera descriptiva (taxonómica) sino de manera predictiva, es decir, tratando de "preveer" la forma que sugiere o anticipa. A este respecto, convendría tener un contexto más amplio. Se diría corno sugerencia que en El Apocalipsis de Antón convergen dos tipos de desarrollos: un desarrollo temporal sucesivo, cronológico, histórico, y un desarrollo mítico permanente, acrónico, ahistórico. Estos dos desarrollos no se complementan sino se interfieren, como las ondas producidas por dos piedras lanzadas en un estanque. De ahí que la obra conjugue estados detenidos con estados sucesivos, por ejemplo, retratos y relatos. En torno a esta sugerencia se puede añadir que los dos "espacios" mayores de la novela, "la vida en Las Casas" y "la vida en Chuquiago", digamos, reflejan bien esta interferencia: estos dos espacios no se complementan sino de manera muy leve y, por un lado, "la vida en Las Casas" supone un tiempo detenido, estático, acronológico, mientras que, por otro lado, "la vida en Chuquiago" implica una sucesión, un desarrollo, una historia. No siendo complementos relativos sino, más bien, interferencias, los cortes dominan sobre las continuidades. El Apocalipsis de Antón se debate en esas interferencias, lo histórico se detiene y se vuelve diagnóstico, lo mítico se expande y se vuelve Apocalipsis ( fin de los tiempos, anulación del tiempo en el tiempo). Cruce de novela y mitología, he ahí una fórmula (débil) para localizar (quizá) menos mal El Apocalipsis de Antón. 3. Este carácter fragmentario sugiere una lectura “sincopada”, que debería detenerse en el tratamiento y en la atención de cada fragmento, reconstituyendo aquí y allá, parcialmente sistemas locales de "ecos", sin hacerse demasiado problema por la "totalidad", la "unidad" que los agrupe, ya que ésta es muy tenue y, por la reiteración, quizá, deliberada. En una breve nota como ésta, tal trabajo nos está vedado, pero nos parece un buen camino para leer la obra: prestar atención al detalle. Era una sugerencia de DELEUZE que podemos desplazar aquí, leer ciertas obras como los "amateurs" (no lo profesionales) comentan las películas: "me gustó ésto", "qué te pareció esto otro” saltando, fragmentando, cada lector construye su propio análogo de la obra. La riqueza de El Apocalipsis de Antón, sea dicho, no está en la "visión global", sino en la intensidad de algunos de sus fragmentos y el juego de reflejos con otros. 4. Al interior de El Apocalipsis la obra motiva de dos maneras su "origen" y, por lo tanto, algo de su "lógica" narrativa. En primer lugar, la obra sería una serie de "sueños" heredados por Antón II (Tony) en el vientre de su madre Tonina, mientras Antón, el Padre le contaba cuentos. Los sueños, por supuesto, tienen una lógica aparente harto "incoherente". Quizá, en base a esta autoreferencia, El Apocalipsis de Antón puede ser considerado como un proceso narrativo onírico, lo que ‘"justificaría" la incoherencia superficial de sus fragmentos (queda por saber si habría una "lógica profunda" detrás de la incoherencia superficial). La otra motivación es literaria. La obra nos avisa de una placa de oro, donde estaría grabada la "Predicción del Ultimo Día del Corazón de Niño, que los estudiosos llaman ‘El Apocalipsis ¿la leyenda de Antón?' (p. 27). Como anuncia la obra al pie de página, esta predicción se publicaría en números sucesivos de "El Nuevo Nacional" (pp. 27 28). Esta referencia se presta a múltiples interpretaciones: jugando, podemos tomar la siguiente: la obra que leemos es una reproducción (le la predicción, vía una colección de folletines. Puede que el original "mítico" sufra algunas transformaciones en su versión periodística. Puede que la lógica periodística, esencialmente fragmentaria (pensada para "día a día") se haya trasladado a El Apocalipsis de Antón, dé ahí el carácter fragmentario de la obra: una subterránea lógica periodística. Estas dos motivaciones (los sueños y los periódicos) se inscriben en la obra misma; hay, en ambos casos, una connotación de "fragmentación" que se refleja en El Apocalipsis ‘de Antón. 5. Como juego de imágenes, El Apocalipsis de Antón nos sugiere una pesadilla de culpa a la manera de un naturalista que hubiera leído a Kafka. Este juego de imágenes se puede representar como un sistema judicial, o,. por lo menos, como la escena de un juicio. Los diversos retratos y fragmentos narrativos pasan por la obra como una serie de testigos de cargo, o como acusados en un tribunal. La obra, en este sentido, no deja de sugerir un auto sacramental. Los personajes y los acontecimientos se invocan para "analizar" un crimen, una falta. El crimen en tapete es una especie de culpa general y anónima, que puede ser un "error social", un "error divino", o la simple "maldad" o "estupidez" de la naturaleza humana: el estado general de injusticia de esta sociedad. Este crimen generalizado se inscribe bajo una injusticia fundamental, un "cargo" esencial: la muerte de los niños inocentes (pese a la "furia" general de la obra, conmueve la piedad con que se mira a los niños). Este es el crimen por excelencia y condena definitivamente a la sociedad que desfila por el tribunal cíe El Apocalipsis de Antón. Una sociedad incapaz de ofrecer una buena vida a los niños y, además, capaz de causarles sufrimientos y muertes inmerecidos, es una sociedad que no merece ser; algo de esta acusación que atraviesa la obra se puede leer en esta explícita maldición narrativa: "Puesto que no hay nadie más que lo haga, lo haré yo: lanzo mi grito espantado y acuso a todos los hombres de esta tierra por su indiferencia ante los niños de este país; a medianoche; he visto un pequeño arrastrándose de cuatro patas para arrancar del pavimento un pan pisoteado por sus compatriotas. Tiene hambre y todavía no puede hablar. Malditos sean mis compatriotas". (p. l47). La acumulación de esta acusación se sigue en los niveles más evidentes de la obra, por ejemplo, en los "epígrafes" que preceden algunos fragmentos: "Por la noche y entre harapos, veo e los que pagan este inmenso absurdo: ¿Sabia usted que cuatro de cada seis niños en este país mueren antes de la adolescencia? Este es un país orgulloso de su conciencia social"(p. l75). Estos "cargos" condenan, pues, a la sociedad. Si la obra es el tribunal, el juez, los testigos quizá, implica también el crimen y los criminales, también es la “sentencia" y la "ejecución". En sus últimas páginas El Apocalipsis de Antón pone en marcha un proceso de exterminio que acaba con la sociedad culpable (ciegamente, este Apocalipsis tampoco perdona a los niños). 6. Esta dimensión apocalíptica vive en el seno de una contradicción. Esta contradicción se podría formular, por ejemplo, así: la vida social general está llena de horrores, "el hombre es lobo del hombre" y, al mismo tiempo, esa vida de alguna manera es digna de vivirse, de amarse. Esta contradicción se explicita, por ejemplo, así en palabras del ‘‘profeta’’ de la obra, "El Hombre que cree en Dios": "Todos debemos, como se dice en estos últimos tiempos, cargar nuestra cruz. Y todos debemos, aunque nadie sabe por qué, vivir nuestra vida. Esa vida que es la víbora que se muerde la cola, esa vida que está comenzando en el momento en que concluye, esa vida que cobra mil muertes horrorosas a cambio de una sonrisa, esa vida que, ¡milagro!, todos amamos’ (p. r68). contradicción que se puede notar en el contraste del Apocalipsis final y ‘la preliminar declaración del "autor" de un «ferviente deseo de paz, justicia y fraternidad para todo los hombres". En esta contradicción, El Apocalipsis de Antón tiene toda la fuerza aunque a ratos recurre a la caricatura de ciertos "tipos"’ para contextualizar los "horrores", pero carece de otra dimensión alternativa, de ahí que el Apocalipsis parece una consecuencia lógica de los horrores que desfilan por sus páginas: "si hay culpa, el castigo es necesario consecuente. Desde todo punto de vista quizá, excepto la piadosa actitud de los humildes respecto a Max en su exilio, la obra se inclina como por un deseo hacia la destrucción: siempre en paradoja y contradicción, ‘la obra sugiere los’ "baños de sangre" para afirmar la vida : "No piensan en que basta ría con no sufrir de bastardía alguna, bastaría con concebir un hombre libre, para destruir todo esto como quien barre con un cáncer odioso POR AMOR A LA VIDA"(nuestras mayúsculas;. p. l23). Abundantemente contextualizados, los "horrores" reinan en El Apocalipsis de Antón; nada, sin embargo, se inscribe como para dar "contenido" al alternativo "amor a la vida". Thanatos es el dios dominante de El Apocalipsis de Antón. Nada ofrece la obra que vaya junto o más allá del retrato de horrores. Claro que la alternativa no es presentar "novelitas rosa" o falsas "utopías"; en este sentido, el juicio global de El Apocalipsis de Antón es insobornable. Pero denunciar los "horrores" no siempre es comprenderlos, y el discurso apocalíptico puede sonar fatalista o derrotista... connotación que emerge de El Apocalipsis de Antón. Pero, dicho sea de paso, es difícil encontrar en nuestra producción literaria en prosa una obra "utópica" capaz de contrarrestar la fuerza crítica de esta obra apocalíptica. Y, por supuesto, al interior de esta obra prima el lado aniquilador. 7. En su tejido discursivo, El Apocalipsis de Antón combina una amplia gama de discursos pero, como notamos, sin mayores relaciones orgánicas. Dominan dos discursos de connotación mítica, inscritos al principio y al final de la obra: un discurso genético (de génesis) y un discurso apocalíptico. El primero sirve para narrar la "fundación mítica"’ de Las Casas; el segundo, domina el exterminio final. Estilísticamente si se puede decir, el primero está mejor logrado que el segundo, ya que el discurso "fundador" se apoya bien en connotaciones mítico poéticas: en cambio, el discurso apocalíptico se contenta con extrapolar un "realismo" sin mayor peso simbólico (dicho sea de paso, el tratamiento simbólico del discurso apocalíptico permitiría distinguir empíricamente el discurso profético al que se inclinaría proyectivamente la obra, de la proyección futurista de la "ciencia ficción", proyección dominada por una extrapolación realista; de ahí que, pese a su "vocación" profética, el discurso apocalíptico de esta obra, tiende al realismo desplazado de la "ciencia ficción"). Entre estos discursos extremos hay varios usos; señalaremos algunos para ir reparando en la pluralidad de la obra. Una serie de recursos difundidos por el "boom" de la novela latinoamericana son manejados con ironía y distancia, notablemente en las notas al pie de página (la Peste Negra; por ejemplo, gusta de recorrer célebres "lugares" inventados por los novelistas latinoamericanos: Macondo, la Casa Verde, se exterminan a su paso, p. 8l). Los retratos de las "celdas" de Las Casas, en. su mayoría, ‘utilizan deformaciones, variaciones eróticas para contextualizar algunos "monstruos" que, por eco, inciden en "el "horror" o el ‘"sinsentido" de otros retratos del libro (estos retratos se vinculan por el leitmotiv del. Hombre ‘que dice: "Ya es la Hora"). ‘También se utiliza el "género epistolar" cartas de Max a Antón para desarrollar un personaje que, dicho sea de paso, establece un puente entre Sombra de Exilio y El Apocalipsis de Antón. Algunos retratos en "lenguaje directo" caricaturizan algunos "tipos" de esta sociedad. De relato, propiamente dicho, hay muy poco, ya que la obra ignora desarrollos sucesivos, ya que su interés no es la "crónica" sino, más bien, el "diagnóstico", cuando El Apocalipsis de Antón se anima al relato (la breve serie dé la "vida" de Antón II, Tony), se nota más fuertemente la debilidad novelística de la obra; que Tony se convierta en una especie de "ángel exterminador" adelantado, más parece la interpolación de la "lógica" general dé la obra que el desarrollo del personaje frente y con sus acciones y contexto. Esta especie de "uebermensch" que se toma él derecho de : acelerar el juicio final podría salir de un Nietzsche del que se ignora la dimensión dionisíaca; no es incoherente que esta obra incluya entre sus miembros este "ángel exterminador", ya que es un mundo lleno de ‘horrores', lo que inquieta es que un tal personaje sea "simpático" a la narración; se trataría, finalmente, de uno de los Personajes de El Apocalipsis de Antón y no uno de sus retratos. En general, la ironía traspasa todos estos discursos y, si se quiere, la unidad mayor la dan las valoraciones moralistas que directa o indirectamente acompañan estos diversos usos discursivos. Usos múltiples que le dan gran riqueza a la narración, pero que se quedan, como las cartas de Max, sin respuesta de unos con otros. 8. El Apocalipsis de Antón, en su diagnóstico "crítico", se acerca a un "estilo" caro a nuestra literatura en sus diversos géneros: la denuncia. Desde diferentes ángulos, desde diferentes posiciones ideológicas, nuestra literatura ha practicado y canalizado la "denuncia". En esta condición, se explicita una de las funciones esenciales de todo escritor: "ser la conciencia de sus pueblos". Pero, en general, esta función de "Superego" cultural carece de aquella otra dimensión, no menos a importante, aquella otra función que, atravesando los "horrores" intenta buscarles "sentido". Y por supuesto, la medida de esta "posibilidad ‘de sentido' es la profundidad dé su crítica; pero no es la crítica, solamente, la que basta’ para "fundar" el sentido o sentidos. Quizá no ha llegado aún el tiempo para que nuestra literatura transforme la destrucción en creación, pero siempre se puede añorar una obra que nos dé también un sentido victorioso que, por el momento, sólo los "partidos de fútbol" parecen ser capaces de comunicar. El horror es un desafío, pero la alegría es todavía uno mayor. Para cerrar esta nota, quisiéramos traer como sugerencia unas palabras de LEZAMA LIMA, dichas alguna vez a propósito de CORTAZAR y que podrían aproximarse a nuestra impresión general de El Apocalipsis de Antón: "Sus dones críticos me parece son superiores a sus dones de creador. Lo que sabe en él es más poderoso que lo que desconoce, y en un escritor grande, poderoso, lo que desconoce tiene que ser mucho más fuerte que la corriente crítica. (...) EI mundo que él domina es demasiado cenital; entonces, en esa dimensión, ¿llega hasta el final? Quiere vulnerar, quiere romper ese mundo, pero al final ¿qué es lo que encuentra, y qué es lo que encuentra el lector? ¿Estamos en una nueva Isla de Pascua?" L. H. Antezana. |
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