Cumpliendo las profecías bíblicas, un nuevo príncipe de la paz y la unión ha aparecido
en USA y su nombre es Barak Obama. Obama apareció ayer nomás, cuando ganó una
senaduría en Massachusetts, el estado donde residió, con un triunfo relampagueante.
Hoy es la estrella de la política en USA.
Un mestizo que parece negro y luce una sonrisa de oro, usa una cálida voz muy sexy,  
aplica mejor oratoria que la de JFK y proyecta un carisma irresistible, Obama ha
ascendido como un meteoro: senador en Washington por Massachusetts durante un
par de meses apenas, es el principal candidato del partido demócrata a la presidencia
ultrajada por el bellaco ese, Jorge Bush.
No puede decirse que Obama es un desconocido para la prensa seria de USA. Lo
vienen estudiando como si fuera un fenómeno sensacional (que lo es) y comentan y
discuten hasta en el menor detalle cada palabra, acto, gesto y suspiro de este
Kennedy negro. Así lo ven algunas cabezas calientes que sueñan con el retorno, o por
lo menos la renovación, de Camelot, los mil días legendarios que hicieron la
presidencia del simpático asesinado.
No es para menos. En menos de seis meses, Obama se ha convertido en el primer
candidato presidencial negro que ha sido tomado en serio por el país todo. Los
anteriores negros que presentaron su candidatura sabían, como el país entero sabía,
que ese gesto no era más que un juego simbólico para distraer tarugos. Obama, por el
contrario, ha puesto el miedo y el terror en el alma de los reaccionarios, los nacidos
dos veces, los cristianos de pacotilla, los racistas de siempre y otros especímenes de
la “derecha” gringa.
Obama es un liberal que usa bien la palabra y logra el respeto de tirios y troyanos por
la claridad de sus ideas, la elegancia con que las expresa y la dentadura que Dios le
ha dado, que parece un piano Steinway.
Su bandera ideológica es una palabra, “cambio”. Es un “cambio” no muy claro que
podría quedarse en cambiar la forma de las silletas en el Capitolio de Washington o
podría convertir a USA en un país decente bajo el gobierno de un Evo Morales de USA.
El “cambio” a que se refiere Obama es el mismo que persigue Morales en Bolivia, el
Día de los Pobres.
En un país que deja morir en los parques a los pacientes que no pueden pagar un
hospital (sacarse una muela cuesta 600 devaluados dólares), que tira a la calle a los
veteranos de Irak despedazados mental o físicamente, en un lugar en el que un
“ejecutivo” gana 40.000 veces lo que gana uno de sus empleados de nivel medio y
donde se condena a las putas que trabajan para comer mientras sus clientes,
senadores degenerados, se les arreglan para mantener en secreto sus nombres y sus
degeneraciones, la verdad sencilla es que algunos cambios son urgentemente
necesarios.
No en balde es USA el país más despreciado del mundo y sus ciudadanos son vistos
como mercenarios asesinos, materialistas sin perdón de Dios y, últimamente,
matadores de sus propios hijos. (En Washington DC, una madre mató a su tres hijos
menores y los dejó en sus camas hasta que se pudrieron y el hedor atrajo a la policía;
en Baltimore, un padre enloquecido secuestró a sus tres hijos menores y los ahogó en
la tina de un hotel. Lo hizo para vengarse de su mujer.)
Pero Obama, que sin duda conoce el calibre de los plutócratas dueños del 89 por
ciento de la riqueza de USA y por tanto del futuro del mundo, tiene otra palabra mágica
con la que espera impedir que la Bala Kennedy acabe trágicamente con su carrera.
Esa palabra es “Unión”. Obama buscará, si llega a presidir la Casa Blanca, la “unión”
de todos los norteamericanos para “cambiar” su país y el mundo.
Evo Morales, como saben sus admiradores y sus enemigos, no se cansa de demandar
unión y diálogo a sus compatriotas. Como gobernante, Morales es lo más raro que
haya visto Bolivia: se resiste a usar el ejército y la policía para reducir a un grupo de
criminales que se dicen “oposición”, mantienen al país como rehén de su violencia y
sus delitos y son el residuo más asqueroso del nazismo croata que el mundo haya
visto.
Washington,. guardando las diferencias del clima,  no es muy diferente de La Paz,
asiento del gobierno en Bolivia. Ambos congresos son ollas de grillos y nidos de
delincuentes que asustan a toda persona decente. El presidente del senado boliviano
se hizo famoso porque es un sádico al que le gusta patear indios y mujeres; varios
senadores de USA son maricones viejos que se meten a los cuartos de baño públicos
para ofrecer los glúteos a cualquiera que pase por allí. Se dan ejemplos de una
abundancia increíble de porquerías entre los extremos que anoto y que son de dominio
público.
En cuanto a la “política”, tanto en Washington como en La Paz los políticos se la pasan
insultándose mutuamente, corrompiéndose cada vez con mayor entusiasmo y haciendo
de todo menos gobernar. No es raro que el pueblo de USA condene a Washington con
un 23 por ciento de “popularidad” (esto es, un desprecio general)  ni que el pueblo
boliviano prefiera dedicarse a ver fútbol por TV antes que seguir las increíbles
bellaquerías de sus políticos.
Mientras Evo parece no tener más que una paciencia de indio y un ñeque de cocalero
para enfrentar a los mil enemigos que viene descubriendo mediante su simple
presencia en el Palacio Quemado (terratenientes, nazis, “gobernadores” etc. etc.)
Obama ha descubierto un procedimiento al que ha apostado su vida y con el que
espera renovar el planeta al transformarse él mismo en el príncipe universal de la
concordia.
Este procedimiento ha sido aplicado por Obama desde la primera vez que habló en
público y era estudiante de leyes y candidato a la dirección de un periódico estudiantil.
Es un proceso muy sencillo y simple (para Obama). Consiste en escuchar lo que cada
quien quiere decir y repetirlo usando palabras diferentes. De este modo, sus oyentes
siempre piensan que Obama dice y piensa lo que ellos piensan y dicen y así
descubren que “están” con Obama.
Sólo hace un par de semanas que algunos periodistas, los más despiertos, han
comenzando a preguntar: “Si, pero, ¿Qué es lo que dice Obama?”, para descubrir que
Obama no dice nada, no opina nada y sólo dice lo que sus oyentes piensan y dicen.
Así, cualquiera está de acuerdo con todo el mundo, ¿o no?
Claro que, además de eso, ya van dos discursos de Obama poco menos que históricos
que demuestran la calidad excepcional de este joven político. Uno se refirió a las
diferencias sociales y raciales de USA en relación con esa “unión” que Obama predica
y que muchos ven muy posible, y el otro describió con claridad meridiana esa clase del
lumpen blanco siempre pobre, endeudado y abandonado por las demás clases
sociales y que sólo halla consuelo en una falsa religión, un resentimiento ciego contra
los inmigrantes y el uso y el abuso de las armas de fuego. Aunque Clinton demostró de
inmediato sus mejores cualidades de demagoga para criticarlo, no cabe duda de que
las palabras de Obama pegaron por segunda vez en el plexo solar de su despistado y
sufrido pueblo.
Lo interesante es que Obama hubiera podido aplicar las mismas palabras a la “clase
media” de Bolivia al decir que sólo hallan consuelo para sus frustraciones en una falsa
religión, un resentimiento ciego contra los indios y el uso y el abuso de la violencia y la
mentira como armas políticas.
En efecto, así como la chusma blanca de USA encuentra consuelo en suponer que el
inmigrante es siempre “inferior” a esa chusma, así se consuela la “clase media" de
Bolivia al cerciorarse de que mantendrá bajo sus botas al indio, el 60 por ciento de la
población, por otros 200 años. De este modo se “asegura” de que tiene a alguien más
“abajo” y es, por tanto, “inferior” y más despreciable que ella misma. Mírese la cloaca
mental con que andan algunos por el mundo, portando palos de golf y bates de béisbol.
Ante esta situación, Evo busca un “compromiso”, como todo hombre civilizado y Obama
busca una “conciliación”. Confía tanto en sus poderes de conciliador que es capaz,
dicen, de meter en la misma cama al Papa nazi y a los chinos del Comité Central de
Pekín.
En USA, “sólo” se trata de “unir” a demócratas y republicanos y ponerlos a trabajar en
servicio de su pueblo. La presencia de Bush ha convertido al Congreso en una recova
de corruptos maldicientes y Obama quiere ponerlos a trabajar hombro a hombro. Lo
mismo quiere hacer con negros, blancos y cobrizos, unidos milagrosamente por un
Obama de lengua imbatible y argumentos irresistibles. Tal, la Revolución Obama.
Entre tanto, su enemigo, el gobierno plutócrata “secreto” de USA, aparece más
decidido que nunca a ocupar para siempre Irak. Tiene una inversión de tres mil miles
de millones de dólares, tres billones de razones para no salir de Irak. Su "embajada” en
Bagdad es más grande que el Vaticano y tiene cómodos sótanos destinados a las
interrogaciones con tersas torturas a prueba de chillidos. Tiene 16 bases
“permanentes” (ciudades-fortalezas de diez mil habitantes) a lo largo y ancho de Irak y
se prepara para otra guerra, la tercera de Bush, contra Irán.
La Fórmula Kennedy para acabar con Obama, (usar un loco armado que muere a
poco de asesinar a su víctima, como sucedió con Jack y con Robert) es tan fácil de
repetir que tanto Obama como su familia, especialmente su esposa, Michelle, y los
miembros de su campaña electoral la consideran el riesgo más peligroso que amenaza
al candidato.
No parece muy difícil deducir que el próximo presidente de USA, aunque no  como
ganador de elecciones limpias, será John McCain, heredero poco natural pero elegido
por los plutócratas para suceder al dipsómano más detestable del país.
Pero el instante bíblico es evidente: Ha llegado el primer candidato negro “serio” y
capaz de conciliar a todas las facciones raciales y políticas de USA antes de conciliar a
todas las facciones “cristianas” de Occidente para lanzarlas luego a la madre de todas
las guerras, Armagedón, contra el mundo musulmán. Su nombre es Barak Obama.
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Abril 08
Arturo von Vacano