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| Azit sobre Antón: El "Apocalipsis" de von Vacano |
| Por el Prof. Azit Ultima Hora Fecha: ¿1972? A quienes les gusten los mamarrachos de M. DelIy y Corin Tellado, es mejor que no toquen "El Apocalipsis de Antón" (1) porque no encontrarán la vida en rosa: simplona, facilona, trascendente como una pompa de jabón. Tampoco hallarán el relato lineal, con su maniqueísmo básico del mundo dividido entre los buenos (siempre buenos) y los malos (siempre malos), donde es inevitable que la secretaria de tercera termine casándose con el ejecutivo de primera. Ni el "Apocalipsis" ni la vida real son una torta de cumpleaños o una historia al modo tradicional, con los ingredientes consagrados de planteo, trama y desenlace. Por lo tanto, no es una novela, sino la otra dimensión del arte narrativo latinoamericano de estos días. Aquello del "realismo fantástico", que es un "bluff" en la ciencia, como lo han demostrado "El Retorno de los Brujos" y la revista "Planeta" (que vale, esta última, sin embargo, por su gusto estético), es nada menos que un acierto en materia de creación literaria y artística. Está visto que no podemos vivir sin quimeras, sin sueños, sin poesía. Debemos, entonces, estampar las impresiones digitales del "Apocalipsis de Antón" en la ficha dactiloscópica de tal tendencia. El "Apocalipsis", en una especie de duerme-vela, nos introduce en el cosmos imaginario de hombres que construyeron una civilización bajo la montaña mágica del Altiplano y, a partir del primer Antón de la generación de Antones, plantaron en la estepa, con la misma semilla trágica de Macondo, la ciudad de Las Casas, sin ubicación topográfica. Esta urbe es tanto la impronta como el envés de la ciudad del Chuquiago, fácilmente identificable, en la que ocurrirá la estremecedora "Semana de la Fraternidad", que no es más que la transposición expresionista, implacable, sin concesiones, del 18 de mayo de Villa Victoria, de las masacres del cinturón proletario paceño de mayo de 1965 y de la noche de San Juan, lo que viene a demostrar que los frutos del subdesarrollo, la dependencia y la dictadura son tan espeluznantes como 1a ficción pura. En cada escupitajo de los entes subterráneos, como en el rictus que el pincel de Miguel Alandia Pantoja pone en los mineros, no está sólo 1a silicosis, sino la acusación y el proceso al sistema. El "Apocalipsis" es un libro despiadado, iconoclasta o, mejor, demoledor de los modos de vida y los convencionalismos semi-feudales, sub-burgueses y pequeño-burgueses del ámbito de traspatio que nos caracteriza; en suma: delator. Delator si, de 1a tortura, que es hoy una tecnología más junto a 1a programación económica, el rayo láser y 1a química de los plásticos; de 1a muerte, 1a prostitución y de los niños que mueren antes de apagar 1a primera velita; de las oligarquías nuevaoleras que se constituyen a 1a zaga de las revoluciones interrumpidas o de los remedos de revolución; de todo cuanto pesa, en fin, entre fatalidad e injusticia, sobre 1a cerviz de esa bestia de carga que es el pueblo. Para muestra, un botón: "Un inmenso cuadro se iluminó en su mente entonces, y en él galopaban con furia los jinetes del Apocalipsis. Como la presencia de Antón, el Padre, y así de temibles, la Miseria, la Tuberculosis, el Hambre, la Desesperación y todas las plagas que ha inventado el buen Dios empezaron a dar su sombra en los pensamientos y los pasos de Tony", (pág. 143). Bueno, ¿que no da soluciones? ¿Que el autor se confiesa en la ‘Noticia’ liminar como un nihilista de pura sangre? Vaya, que no estamos aquí para confundir las cosas y hacer un puchero del arte y la política, que se juntan es cierto —no podemos negarlo—, en un punto: "Nada de lo que es humano me es ajeno", como dijeron los padres de la Iglesia y Carlos Marx. Pero este punto no es más que el vértice a partir del que aquellas disciplinas o actividades se separan, cada cual a lo suyo, en su propio territorio. Lo que importa en el escritor, en el artista, es su capacidad de delatar las malformaciones de la sociedad en que vive, cualquiera sea ella - ¿No se ha dicho acaso que el escritor es la conciencia crítica de su tiempo? Con tal función, basta y sobra. En el "Apocalipsis", los personajes centrales parecen ser Antón II (Tony) y Max pero, viendo el problema en profundidad, ellos se revelan solamente como portavoces y portasueños del otro personaje, hecho de trozos corno los mosaicos, que es la- vida social del Chuquiago, eufemismo de la vida boliviana. La pintura de ésta es más acusada que la de aquellos. Los trozos están presentes con una fuerte carga de subconsciente, de libido, de mitos. Sin embargo, so abren cada vez más a la realidad concreta. Tan concreta, que en los episodios finales —"Notas para Cometer Crímenes" — está la galería parroquial de notables, vivitos y coleando, y señalables sin esfuerzo por cualquier habitante avisado de La Paz. Vieja técnica, usada ya por Dante, que colocó a sus conocidos en el infierno. El "Apocalipsis" es un libro valeroso que en medio de su amargura anuncia reiteradamente "la Hora’. ¿Cuál es el significado de esta anunciación? "La hora es ésta, y el momento, aquí. Acción. Acción. Cruzarse de brazos es complicidad. Pero el Hombre lo dijo: existe aún la esperanza. Y existe porque yo creo en ella". (1) Arturo Von Vacano, Editorial "Burillo", La Paz Bolivia 1972. |

