Esta semana apareció en la prensa la noticia que hizo famoso mundialmente a Russell
Shaw, aunque en circunstancias un poco tristes. Como tantos otros, Shaw tuvo que
morirse para aparecer en los periódicos. Se murió víctima de su afición y necesidad de
practicar el odioso arte llamado “blogging” que consiste en escribir sin freno ni pausa
para un blog, en su caso uno destinado a lanzar noticias técnicas sobre el arte de
“bloggear”.
Shaw murió de un ataque masivo al corazón, asesinado por la fatiga que le causó su
costumbre de escribir durante 24/7 para su blog. Su último mensaje fue: “Ahora
descanso. Volveré hoy o mañana”. No volvió nunca.
Shaw lo hacía por dinero y porque tenía que trabajar durante 24/7 para ganar sus pocos
dólares. No será una buena disculpa pero es una aceptable explicación. Una mejor que la
que empuja a los millones de “bloggeros” del mundo a llenar de basura el Internet.
Y así, usemos su ejemplo para atacar esos odiosos “cuadernos de bitácora” que han
aparecido como la nueva peste del milenio.
Como sabe el 99 por ciento de los blogeros, los blogs apenas sirven para satisfacer su
vanidad personal: cada blogero, según Technorati, entidad dedicada a estudiar, analizar
y destripar blogs, tiene una treintena de lectores, es decir, la familia más próxima del
“autor” y sus amigos de infancia. Nadie más les lee.
Por supuesto, hay excepciones, pero esas excepciones son en realidad la cara (o la
máscara) de sendas empresas comerciales dedicadas a vivir de la publicidad que
aparece en sus páginas y que paga centavos por cada click visitante. Se necesita de
todo un equipo humano para hacer miles de dólares. Ese es el detalle que olvidan los
“blogeros” domésticos que aparecen de la noche a la mañana para “bendecir” al mundo
con su “arte”, su “originalidad” y su lenguaje, que casi siempre deja bastante que desear.
Se dan también los blogs dedicados a causas buenas o malas, pero estos son obra de
equipos humanos aunque trabajen gratis, como sucede casi siempre, y nadie pueda
medir con efectividad el impacto que hacen en este mundo cruel y traidor.
Como fanático del Internet, visito periódicamente unos 20 blogs nuevos y diferentes
desde hace tres años y puedo decir ahora que 19 de ellos son malos y el otro es pésimo.
Casi todos son obra de un periodista, un poeta, un escritor o un estudiante frustrado. El
último que vi me trajo un desesperado mensaje de su autor, escritor potencial, al que
parece que ni su madre le lee. El pobre no había descubierto todavía que ese es el mal
de que sufre todo blogero, nuevo o veterano.
El origen de tales frustraciones es sencillo: el blog permite escribir antes que pensar. Es
decir: es tan fácil escribir para un blog que sus autores escriben primero sus disparates y
luego piensan sobre lo que acaban de escribir. Los menos, porque los más ni piensan ni
pueden escribir de modo coherente. Si mantienen su blog es porque tampoco les
interesa que les lean. Oh, bendiciones de la tontería humana.
Para los nuevos blogeros que sin duda aparecerán mañana, tengo los siguientes datos,
que espero les ayuden a tomar una decisión más prudente.
-- Technorati, la entidad dedicada estudiar analizar y etc. etc. los blogs del mundo, indicó
en abril de 2007 que habían más de 75 millones de blogs en el planeta.
Dijo también que aparecen 175.000 nuevos blogs cada día.
-- YouTube ofrece mas de 100 millones de videos cada día.
Esta es la competencia contra la que lanzas tus singulares ideas, Ferdinando.
Este concepto brutaloide de la democracia (todos tenemos derecho a opinar, ¡así que
chúpate ésta!) no sólo amenaza sino que ha logrado ya asfixiar en ruido digital a las
pocas personas en el mundo todo que son en verdad originales, prudentes y sabias.
(Algunos creen que con Chomsky basta, pero no es así).
No sólo es imposible navegar el Internet y encontrar los sitios que nos enseñan algo, nos
invitan a pensar o contribuyen a nuestros valores morales, sino que algunos blogeros
han aprendido a meterse de contrabando en computadoras ajenas y asoman ante
nuestras narices con sus elementales absurdos.
Esta es, literalmente, la “rebelión de las masas” que tanto mencionaba un filosofo
español hace un siglo. La masa mata con su cacofonía visceral y digital la posibilidad de
todo diálogo civilizado. Por eso es que casi todo diálogo en el Internet acaba en insultos y
palabrotas. La masa bestia domina el Internet.
Como la televisión y otros “progresos” de la tecnología, también el blog contribuye con
todo entusiasmo al embrutecimiento general y no hay arma, a no ser sorderas útiles
como la mía, contra esta nueva barbarie.
Tal vez, un ruego: si tiene usted un blog pero sabe a consciencia que nunca podrá
producir un pensamiento original o una obra de arte auténtica, mate por favor ese blog y
use el Internet para educarse. El mundo saldrá ganando y usted será una persona mejor.
Así fue como aprendí francés.
Debo acabar informando a tirios y troyanos que yo no tengo un blog. Tengo un sitio en el
Internet, algo diferente. Yo no me oculto tras un seudónimo ni escribo nada para que
desaparezca mañana. Lo pienso (un poquito, nada más), lo firmo y recién lo publico. Por
eso debe ser que tengo más de diez mil visitantes tras tres años de darle al palique.
Arturo von Vacano