Daniel M. Giménez ha puesto un forzado punto final a un no tan reciente anti-debate
sobre los blogs en Bolpress. Salvo un par de detalles, le doy la razón. La cosa no daba
para más.
Pero se equivoca al criticar a los debatidores. Lo que es nimio para algunos es muy
importante para otros. Lo demuestran las 53 notas que recibí sobre ese “debate”,
algunas en contra, algunas en pro.
Por otro lado, mientras los bolivianos se preparaban para masacrarse en familia, ¿no
necesitábamos alguna distracción que redujera las tensiones? Los lectores del tal debate
se distraían con esos disparates, olvidaban por un momento sus graves preocupaciones.
Además, como Bolpress practica la censura igual que lo hace la prensa reaccionaria, la
ocasión sirvió para desenmascarar al “revolucionario” dueño de Bolpress (Walter Chávez
el asilado político peruano, según entiendo. ¿Cómo va Le Monde Diplomatique?). ¿No
convendría a todos saber quién diablos es el dueño de Bolpress? ¿Por qué se oculta?
¿Teme la persecución del gobierno que le asila? ¿Es feo hasta el exceso?
El caso es que yo había gastado 13 días en preparar una respuesta para el simpático de
Barriga, la había enviado a la prensa digital del mundo como acostumbro y sólo Bolpress
decidió no publicarla.
No es esta la primera vez que Bolpress me censura. No soy parte de su “cuerpo oficial de
columnistas” y en su caso, como casi siempre me sucede, soy sólo un solitario
francotirador con la esperanza de que alguien me lea. Bien sabe Dios que estoy en lo
mismo desde que tenía seis años.
A diferencia de lo que alguna gente cree, cuando Bolpress me publicaba no era Chávez
el que me hacía un favor, sino que era yo el que le conquistaba lectores. Mis datos
indican que un 76 por ciento de lo que publica Bolpress son disparates. Por lo menos los
míos son distraídos. Hay veces en que la gente hasta se ríe. Y sabe Dios cuánto cuido
mis acentos. ¿Por qué me censura, entonces? Por exigencias de la ideología. Chávez es
ideologista antes que periodista. Bolpress es, pues, sólo propaganda.
Izquierdista excepto cuando se trata de Bolpress, el capitalista propietario de ese sitio (no
blog, sitio), debería aprender del genio aquel de cuyo nombre no me acuerdo pero si de
su frase: “No estoy de acuerdo con lo que dices, pero daré mi vida por tu derecho de
decirlo”. Un caballero de la prensa que comienza a publicar un debate no puede cortarlo
por la mitad (me da la gana, este sitio es mío) sino que tiene el deber de agotarlo en
servicio de la justicia y de sus lectores. Un ejemplo evidente: visite usted mi sitio,
estimada Sra. Matilde, y verá cómo se hacen estas cosas. Durán y Barriga están allí, y no
les he quitado una coma.
Pero el caso es que Bolpress me ha llegado a la gónada y he decidido hacer con
Bolpress lo que aparece como que hizo conmigo: enviarlo al Carajistán y que siga, pata,
cada quien por su camino digital. (“pata” es un apelativo cariñoso entre peruanos).
Si, pero, ¿Quién diablos es el dueño de Bolpress?
Si, pero… sobre los blogs…
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Arturo von Vacano