Tengo que agradecer al joven periodista Mario R. Durán Chuquimia por la reciente pataleta
digital que tituló “Contra Von Vacano” para defender su afición por los blogs. Ese emplasto es
el mejor ejemplo de los vicios que niegan legitimidad a esa invención de Satán dedicada a
hacer creer a humildes, mediocres y tontos de capirote que un blog es la puerta más fácil
hacia la fama, la fortuna y la gloria.
Es afortunado el hecho azaroso de que este comentarista sea Durán Chuquimia, ciudadano
de El Alto cuya lucha constante por su versión idealizada de la democracia le ha dado el
respeto de muchos, una sonrisa irónica de los más (la juventud es un mal que se cura con el
tiempo) y un indudable cansancio general contra su palabra, lanzada casi siempre como este
“Contra Von Vacano” al estilo blog, es decir, escribiendo primero y pensando sobre lo que
escribió después de haberlo publicado.
En efecto, el primer impacto que crea ese “Contra Von Vacano” es la sensación de que Durán
lo escribió entre gallos y medianoche o entre chuflay y chuflay. No tiene pies ni cabeza. Tiene
dos párrafos que logran hacerse entender y comete burdos excesos contra el sentido común.
Anota al tuntún las ideas que le caen como pedradas, no como bendiciones
Si pensamos que es modelo ejemplar de lo que viene haciendo durante años nos es fácil
explicar la disminución constante de su “popularidad”. También entendemos entonces por qué
multiplica sus blogs como gallina ponedora campeona, enseña a hacer blogs e invade
computadoras con emails que nadie quiere leer. A pesar de tanto esfuerzo, podemos
confirmar ya una triste verdad: las palabras de Durán nunca durarán porque es bloguero.
Del blogazo que me ocupa quisiera tomar dos o tres párrafos para comentarlos abusando de
la paciencia de mi lector. Lo hago porque odio el blog, no porque me anime un resentimiento
contra el joven Quijote de El Alto. Dice Durán Chuquimia:
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“Las personas que crean blogs y los actualizan, lo hacen porque han encontrado una forma
sencilla de ingresar a la blogosfera (esa fraccion mundial creciente del internet dedicada a los
blogs), para hacer conocer su arte, para hacer poesia, para mostrar fotografias, para emitir
opiniones politicas, para grabar audio (podcast), para grabar video (videoblog) y un largo
etcetera, personas cuyo limite es la creatividad”.
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Con ello confirma mi opinión anotada líneas arriba sobre ese invento satánico. Imagínese mi
amigo lector como ciudadano parado bajo un sol abrasador entre 200.000 ciudadanos que
gritan sus penas y esperanzas a un cielo indiferente desde hace 6.000 años. Como los
199.999 que le rodean gritan tan loca y desaforadamente, ¿qué esperanza tiene de ser
escuchado? Cuando se trata de 175 millones de voces, lo que Durán llama “esa fracción
mundial creciente del internet dedicada a los blogs”, tal posibilidad se reduce grandemente,
¿verdad?
Es lo que sucedió a Durán con sus blogs, y por eso los multiplicó hasta agotarse. ¿Lo
conocen en la China? No, porque no habla chino y apenas escribe español, como se ve. Lo
que le sucede es que ve reducirse la “fama” que conquistara con sus primeros escritos, se
desespera y comienza a chillar dentro del internet.
Sobre el monstruoso cacareo que Durán llama “arte”, “poesía” y “opinión” y yo llamo “basura”
me limito al juicio del lector. ¿Dónde está al Picasso del internet? Dónde, el Tamayo digital?
En ese sentido los blogs reflejan la mente de sus autores y la verdad es, casi siempre, que la
mente de las mayorías es una mente de pulga.
El blog es un ejemplo de la democracia a lo bestia. Todos tienen derecho a tener una opinión
pero no toda opinión merece ser difundida a los cuatro vientos. Es así porque la gran mayoría
de las opiniones no son originales ni hacen otra cosa que repetir leseras.
Lo raro es que un periodista como Durán no recuerde que “los diarios son la opinión de
quienes no tienen opinión” y olvide que, a pesar de todos sus esfuerzos, las opiniones de sus
lectores le llegan con cuenta gotas. ¿Cómo lo se? Porque escribo columnas desde 1960 y
conozco ese disparate que llaman “opinión pública”.
Tanto columnistas como blogueros tienen una sola razón básica para escribir, su vanidad.
Sólo los muy idiotas o los muy jóvenes creen que pueden cambiar el mundo con sus palabras.
Los demás escribimos porque nos gusta escribir, nos divierte y, si nos vemos publicados, ello
alienta nuestra vanidad. Pero, ¿cambiar el mundo? Ni Jesús, ni Pablo ni Durán.
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“Me opongo a su aristocracia de la palabra” (escribe Durán), usted dice "que ha logrado ya
asifxiar (sic) en ruido digital a las pocas personas en el mundo que son en verdad originales,
prudentes y sabias", nosotros decimos: que todos puedan emitir sus opiniones, cantar con
diferentes voces... los copiones, los imprudentes, los necios, en sintesis (sic), todos, que no
haya nadie que diga y califique "esto es bueno, esto es malo", que las hogueras de
Torquemada no vuelvan a arder. Y el blog permite eso, que cualquier persona sin distinción
de raza, clase social, sentado en Madagascar o en un arrabal de New York pueda contarle al
mundo lo que ve, lo que siente, lo que sabe”.
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Si yo escribiera como Durán también me opondría a la “aristocracia de la palabra” y
defendería a la chusma digital. Hace 60 años que vengo escribiendo y siempre trato de poner
los acentos que necesito (no más, pero no menos) donde los necesito. No puedo decir que
estoy satisfecho con lo que escribo, pero si que hago lo mejor que puedo. Si el buen Dios me
hizo mediocre nada puedo hacer contra ese capricho, a no ser combatirlo como mejor pueda.
No lo hago por preciosista sino porque amo el idioma, cualquier idioma. Lo hago porque amo
“la aristocracia de la palabra” representada por los mejores escritores del mundo. Nada ha
contribuido más y mejor que esa “aristocracia” a un mundo civilizado.
En contraste, los blogs nos han dado el párrafo de Durán que acabo de copiar. Ese, y
trillones de párrafos iguales o peores. Durán habla al mundo como si estuviera gritándole a un
chimpancé. No lo respeta. No revisa lo que escribe. No lo piensa. Se dice, “soy bípedo y
hablo. Tengo derecho a opinar. Debo tener ese derecho”. Olvida que las cacatúas, también
bípedas que ‘hablan’, no reclaman ese derecho.
Pero lo peor es la mentira. No es cierto que “cualquier persona sin distinción de raza, clase
social, sentado en Madagascar o en un arrabal de New York pueda contarle al mundo lo que
ve, lo que siente, lo que sabe”.
Lo que es cierto es que ese infeliz se pone a gritar en el universo del internet creyendo que
hay quienes le escucharán. Dedica el tiempo que debería dedicar a educarse usando el
internet a gritar sus disparates y sus tonterías.
Nada hay más democrático que la ignorancia, la idiotez y la mediocridad, rasgos que
lamentablemente distinguen a los creadores de blogs a nivel universal. Por eso es detestable
esa obra común. Porque no es más que ruido. Y por eso son más los que abandonan sus
blogs a poco de “crearlos” que los que continúan su “obra”.
El 99.9 por ciento de la humanidad no es “original”, no hace “arte” ni tiene nada importante
que decir. Por eso sigue a los pocos que alguna vez dijeron algo interesante o pintaron algo
novedoso. Y por eso el darles un blog es una maldad contra ellos mismos y contra los demás.
Todo ello se ilustra bien en “Contra Von Vacano”, obra modelo y ejemplar de lo que hacen los
blogueros. Escriben sin pensar, publican sin revisar y creen que ya son “famosos” apenas se
ven en el internet.
Arturo von Vacano