Apenas asomó Branko su cara de pollo mojado en un artículo tonto del New York Times sobre una
Bolivia de fantasía en la que nuestro poco habitado Oriente aparecía como la zona civilizada del país
cuando hasta los llokallas saben que nuestra historia se hizo en Los Andes porque durante dos siglos
estuvo nuestro Amazonas más vacío que la cabeza del “gobernador” Costas, este humilde columnista
apeló a los bolivianos que viven en Santa Cruz para que destruyeran la negra mentira de que los
crucos son nazis. En cristiano, el cuento de que los  cruceños, naturales o adoptados, son fascistas
como Branko.
“¿Dónde están los Bolivianos de SRZ?” preguntaba yo dos años ha mientras Branko convertía a los
salvajes juveniles de la Unión Cruceñista en un regimiento de asesinos bien entrenados. No podía ni
puedo creer que los crucos, a los que yo visitaba cada fin de semana mientras pude vivir en La Paz,
tuvieran ni tienen afinidad alguna con una cosa tan horrible, tan ajena y tan “extranjera” como el
nazismo croata, algo así como un nazismo de pinches criminales y mercenarios del nazismo alemán,
el fascismo “puro”.
Durante dos años, la respuesta fue una lluvia de palabrotas y estupideces lanzadas sobre mi pelada
cabeza por una turba de caballeros “bien”, damas perfumadas y jovenzuelos hijos de papá que sólo
conocían ese vocabulario para disfrazar su ignorancia densa y pesada. No en balde son una clase
capaz de producir obras maestras de la literatura bruta como sus ya famosos “estatutos”, eterna
prueba de ignorancia y de la audacia de esas cabezas tan vacías como la de Costas. Sólo los
intereses creados de Evo le empujan a ocultar esa “oposición” de la opinión mundial cuando el mismo
Fidel la explotaría día y noche para demostrar al mundo la barbarie de Branko y su banda de pistoleros
millonarios.
Este “descuido” de Evo no sólo es una mala maniobra política, la de cegarse voluntariamente ante los
desmanes cometidos por Branko dentro y fuera de Santa Cruz, sino que es el abandono de su
principal deber de gobernante, el de proteger a sus conciudadanos y garantizar su seguridad.
Esta ceguera voluntaria sólo se explica cuando se menciona el absurdo que Evo promueve y que
consiste en establecer el segundo Kollasuyo, un reino en el que el indio suplantará a Patiño, Hoschild
y Aramayo para esclavizar al mestizo, al “blanco” y a toda persona que haya aprendido a firmar.
Ese absurdo ha condenado al millón de cruceños nativos o adoptados a vivir durante dos años con el
testamento bajo el brazo, sin garantía alguna para hombres mujeres y niños y sufriendo los abusos
pequeños y grandes de un grupo de “privilegiados” entre cuyas costumbres aparece la tradicional de
violar niñas y mujeres de todo rango social simplemente porque “pueden y qué”. Visto desde ese
cristal, también Evo es responsable de las amarguras y las tragedias que sufren los pueblos de Santa
Cruz, Tarija y Pando bajo las canalladas de esos tiranuelos bellacos, los “gobernadores” o prefectos
dedicados a saquear la riqueza que debe ser de todos pero queda en poder de esas manos sucias.
Si algo demuestra la situación actual, es que los males morales que sembraran los dictadores
militares de hace una generación han florecido en una insensibilidad general que produce ciudadanos
ignorantes de sus deberes cívicos sin más consuelo para su triste suerte que sus chistes de café, las
tonterías que publican en el Internet y los chismes asesinos de sus damas encopetadas dedicadas a
los tés de señoras. En ello ha derivado la legendaria tradición de rebeldía y justicia de un pueblo cuya
lucha le hizo el primero entre los rebeldes y el más sacrificado de América.
Es en esa escena de desaliento, frustración y simple y profunda pena ante los absurdos y estupideces
cometidos por ambos bandos en su tonta pugna política que la aparición de un grupo de valientes
bolivianos, los que firman ese "Santa Cruz somos todos, todos somos Bolivia", devuelve la fe y la
esperanza a quienes buscaban hasta hoy esa “tercera posición” que pudiera encausar una vez más la
constante lucha de nuestras gentes por mejorar su suerte.
Evo ha hecho mucho por ocultar la opresión que ejercen Branko y sus mercenarios sobre los
ciudadanos de Santa Cruz. Ha hecho tanto que es difícil imaginar el coraje necesario para escribir y
firmar un documento como el que circula estos días en Bolivia.  Baste recordar las bombas, los
atentados, las amenazas telefónicas y todo tipo de presiones que estos ciudadanos, sus hijos, sus
familiares y amigos, sufren en su hogar, su centro de trabajo y la calle. Basta recordarlo pero nadie
parece querer recordarlo porque Branko ha triunfado en su intento de gobernar mediante el terror
fascista. Porque el racismo de Evo le lleva a ignorar su deber en la mitad del país, el racismo de
Branko triunfa y convierte a esa desafortunada “media luna” en una zona ocupada por la barbarie de
sus “gobernantes” de la hora.  
Pero allí están, bravos y desconocidos, siguiendo la mejor tradición de su ambición civilizadora, esos
veinte bolivianos que lanzan por segunda vez su mensaje de patriotismo y cordura como un destello de
luz en medio de una tormenta de oscurantismo. Su objetivo es claro: actuemos como ciudadanos de
un país civilizado, nos dicen, y recordemos que no somos más que una gran familia. Eso de “gran” nos
queda un poco grande, es verdad, porque, coño, no somos más que otro Kosovo. Pero hay Kosovos y
Kosovos y, si los bolivianos alcanzan a recordar a sus padres y abuelos, pueden también hallar en el
claro mensaje de los bolivianos de Santa Cruz la guía que tanto necesitan para salir del atolladero en
que los han metido el indio racista y el croata racista. En ese "Santa Cruz somos todos, todos somos
Bolivia" deben hallar  todos los bolivianos el coraje y la decisión de liberarse también del montón de
politiqueros que hoy amenazan el futuro tal y como Bolivia se liberó de tantos otros aventureros desde
el instante mismo en que nació. En Bolivia, los dictadores nunca vieron días largos.
Es hora ya de salir de los tés de señoras y los cafés de chistes y chismes y cumplir con el deber cívico
y moral de rechazar ambos fanatismos. Si el pueblo lo hace a conciencia, no será necesario más que
salir a las calles sin más armas que la decisión de quien sabe lo que quiere. Tanto Evo como Branko
saben que su principal sostén es el miedo de sus gobernados y que el día en que ese miedo
desaparezca también ellos desaparecerán. Es hora ya de iniciar un nuevo episodio en la lucha por  
crear un país digno de nuestros hijos.    
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Mar 08
Los Bolivianos de Santa Cruz
Arturo von Vacano