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Un cabildo de campesinos de Omasuyos
decide expropiar la casa de Víctor Hugo Cárdenas

La Paz, 13 Mar (Erbol).- El cabildo de campesinos de la provincia Omasuyos del departamento de La
Paz resolvió este viernes expropiar la casa del ex vicepresidente Víctor Hugo Cárdenas, ubicada en
la comunidad de Sanck’ajawira, bajo el argumento de que los anteriores propietarios no firmaron
los documentos de transferencia del inmueble.
Desde muy temprano, miles de campesinos, hombres y mujeres, de diferentes comunidades de
Omasuyos se congregaron alrededor de la casa del ex Vicepresidente para participar del cabildo
convocado por las autoridades originarias del cantón Huatajata.
Tras la participación de varios oradores en representaciones de las comunidades aledañas a Sanck’
ajawira, por unanimidad los campesinos resolvieron expropiar la vivienda de la familia Cárdenas
Katari y ratificaron que la misma pasará a manos de los ancianos de la región.
El argumento utilizado para sustentar esta determinación, es el hecho de que los anteriores siete
propietarios del terreno donde Cárdenas y su familia construyeron la vivienda no firmaron el
documento de transferencia en consecuencia éste pasará ahora a la comunidad para una sede de
las personas de la tercera edad.
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El hecho, a primera vista apenas importante, es sin embargo de importancia capital no tanto dentro
de Bolivia, donde todos hacen lo que les viene en gana porque no hay Ley ni orden, sino en el
mundo que nos rodea y especialmente en el Imperio, Obama o va meno'.
Lo es porque parecería que la decisión de “miles de campesinos, hombres y mujeres”, de
“nacionalizar” una de las casas de un conocido político (indio de cara lavada), es un atentado de
lesa majestad contra el principio más sagrado que rige al Imperio (y por tanto al mundo con sus
sanas excepciones), el de la propiedad privada.
En efecto, si cada grupo de campesinos va a expropiar lo que le venga en gana, ¿para qué van a
sacarse la mugre trabajando los hombres honrados? Sin el respeto al sagrado principio divino de la
propiedad privada el progreso moriría de inanición.
La cosa no es tan clara, sin embargo, cuando se recuerda al Cowboy Larsen, el ‘terrateniente’ (en
realidad ladrón de tierras y tal vez cuatrero), un vaquero vago que decidió apropiarse de una linda
hacienda en el Chaco cuando no tenía otra cosa que una licencia de conducir extranjera y caduca y
la audacia y desvergüenza de todo corsario de sangre helada. Larsen hizo la cosa al revés: expropió
la tierra de los guaraníes para apropiarse de ella. ¿Pagó algo alguna vez por esa tierra, esas vacas,
esos esclavos? Nadie lo sabe ni nadie se atreve a preguntárselo porque el gringo e’ porra anda
armado como John Wayne hasta cuando se mete tras un arbusto para aliviar el vientre.
Recuerda también al cuento inglés que nos habla de un vagabundo que caminaba frente a enormes
e interminables verdes campos bien cuidados hasta que se topó con un tipo raro que fumaba pipa.
-- Y toda esta tierra, ¿de quién será, no?
--Mía.
--Usted, ¿quién es?
--El Marqués de Blenheim y Ter.
-- ¿Y cómo es que tiene tantas tierras?
-- Las heredé.
-- ¿Y cómo  fue eso?
-- Mis antepasados lucharon por estas tierras a sangre fuego.
-- ¿Peleando fue, entonces?
-- Así fue.
-- Venga para acá, caballero, que quiero ganarme unas cuantas hectáreas rompiéndole el alma a
patadas.
Pero, claro, el capitalista de apellido sonoro jamás se arriesgó a semejante enfrentamiento. Ya no
creía en la violencia. Además, sus amigos hacían las leyes por entonces.
También recuerda la trayectoria de pueblos tan civilizados como los españoles, los ingleses, los
holandeses, los colonizadores en una palabra, el principal de los cuales, claro, es USA.
La primera expropiación que cometió USA fue la que acabó o poco menos con los pieles rojas, tan
nobles ellos. Después de ese crimen, la lista es larga: México, Cuba, Filipinas, Hawaii, ayúdeme
usted, que me falla la memoria.
Una vez establecida la Pax Americana, la idea fue establecer el principio de la propiedad privada
como palabra indiscutida de Dios. Así, hoy los ladrones más grandes que ha visto la humanidad,
Wall Street & Cía, son también los principales campeones de la propiedad privada, no sólo sobre
bienes materiales, sino sobre todo lo que el humano pueda imaginar: la propiedad intelectual, la
luna, los ovarios de cada mujer, el uso de la palabra “ovario” en el Internet.
Este palabrerío me lleva al esfuerzo de hacer entender a mi amable lector que los miles de
campesinos de Huatajata, el Río de Janeiro del Titicaca, están en su más elemental derecho
cuando “expropian” una propiedad que sin duda fue “expropiada” a la Larsen por ladrones
anteriores siete veces ya, y que lo hacen porque han trabajado esa tierra durante un milenio y es
más suya que de nadie.
El que un político haya tenido poder ídem durante 15 días para “expropiar” esa casa por octava vez
porque robó lo que pudo cuando pudo (pobre como era, no tenía ni apellido siquiera;  inventó ese
“Cárdenas” para no andar desnudo por el mundo) no le da más derecho que el que tienen los miles
de campesinos de Huatajata cuyos antepasados se tuteaban con los Incas.
Pero claro, esa es “otra” Ley. Será milenaria, será más justa (“quien roba a un ladrón--”) y será más
“lógica” que la que defienden los ladrones de Wall Street, pero los indios de Huatajata no tienen una
bomba A para imponerla. No son Corea del Norte, pues. Y por tanto están “equivocados”.
Pero esos miles de campesinos, hombres y mujeres, deben haber compuesto un espectáculo
magnífico cuando ejercieron su derecho según la justicia comunal. Debe haber sido como si Dios
hubiera bajado en plato volador: la tierra es de todos, pero vamos a dar este trozo a los ancianos del
lugar.
En Washington, Shannon arde de rabia.
Cárdenas: otro Caso de Justicia Comunal
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Mar 09
Arturo von Vacano