La prensa boliviana me censura. Le ruego difundir esta nota si lo cree conveniente. Muchas gracias.
Una Ceguera Suicida
Este 16 de Julio pasará a la historia, si alguien queda para escribirla, como una fecha harto diferente a
los 199 aniversarios anteriores de la ejecución de Murillo: ambas Bolivias han hecho en 2009 lo
imposible para ignorarse mutuamente en gestos dignos de una tragedia griega; mientras el indio
Morales proclamaba el retorno de Katari (quien parece haber cumplido su profecía sobre los millones
en rebelión), el resto del país (léase las tres ciudades principales) hicieron lo imposible por negar ese
retorno. La Bolivia mestiza (‘criolla’ suena ya a voz anacrónica) se dedicó como siempre a vender los
mares de contrabando que inundan la patria y la Bolivia india se mantuvo casi silenciosa esperando
sin duda el próximo diciembre.
La televisión estatal, que es la única que reconoce la existencia del 60% de la población, mostró un día
antes la marcha un tanto lenta, un tanto accidentada, un tanto caótica, (es decir muy boliviana), de
“alrededor” de 243 caballos y sus jinetes de ambos sexos desde Patacamaya hasta la ínclita tumba de
tiranos y cuna de muchas libertades y Evo, gordito él para estas fechas, fue trepado a un caballo blanco
como el de Napoleón y manso como un cordero en el que trotó durante dos cuadras después de
bajarse la chamarra sobre sus lastimados glúteos. Probó así que no hay sacrificio a que no esté
dispuesto para servir mejor sus ideales.
Esta marcha resultó harto simbólica, además. No sólo se compuso de guapas señoritas de cabellera
al viento sino de ciudadanos rurales y urbanos, lampiños y barbudos, gordos y flacos, pobres y tal vez
ricos. Se vio también un regimiento de caballería que lucía gorras franquistas al mejor estilo godo,
lentes rayban que signan buenos salarios y uniformes abundantes y variados que cubrían las
diferentes etapas de nuestra lastimada experiencia republicana. Como dijo una humilde ciudadana al
expresar los sentimientos de su corazón de oro: “Me gustaron mucho los caballitos”. Esta fue, pues, la
primera expresión del Katari que retorna: pueblo y ejercito unidos (todavía).
A la madrugada siguiente se cumplió una extraña decisión: la de agradecer a Inti (y a todos los dioses
representados por las religiones que dicen servir al pueblo) este día diferente: se armó una fogata de
chiste en plena calle y ante el Palacio Quemado, se vio a un sacerdote de Inti mascando su coquita,
soplando su cuerno de guerra (pututu glorioso) y mirando a todos como si ya fuera el patrón de la villa,
y se escuchó a los obispos de cada religión que saca diezmos a los bolivianos (algunos no serían
obispos pero no tengo obligación de conocer sus títulos oficiales, qué diablos) proclamando de un
modo u otro su conformidad con los que cambios que anunciaba la ceremonia: mientras haya
diezmos, hasta los comunistas son dignos de cuatro palabras amables, ¿verdad?
Los camarógrafos del canal estatal, siempre tan listos ellos, se dieron el gusto de fotografiar paredes
vacías, palomas indecentes, gobernantes y notables, cholas buenasmozas y generales enfundados en
gruesos abrigos, los únicos que parecen haber recordado que en julio hace frio en La Paz. De esta
multitud pequeña pero multicolor como las 36 etnias, lo más notable fue el Vicepresidente Álvaro
García Linera, cuya ausencia hizo murmurar a políticos y viejas duchas en esas cosas. Parece que su
religión, el marxismo que aprendió de Negri, le impide respetar las demás religiones. Los generales,
en general estreno de uniformes, lucían colores vivos en el pecho, como pavos reales recién
almidonados. Si siguen así, comenzarán a traicionar el hecho de que nadan en dólares desde 2005.
Horas después se dio Evo el gusto de improvisar hasta cansarse los variados ejemplos de su oratoria,
andanadas que iban casi todas dirigidas a manchar el buen nombre del Imperio, frases ya olvidadas
que buscaban el entusiasmo de las multitudes, búsqueda un tanto cuanto difícil, sobre todo porque las
masas parecían haberse ausentado de ese campo de Marte como si este jueves fuera día de futbol en
el Siles. Tal la impresión que recogieron las cámaras del Canal 7, porque yo de mi sillón no me muevo
aunque comience la Tercera Guerra Mundial. Pero el mensaje, aunque largo, largo, pareció claro: es la
hora del indio, indios, y los k’aras deben poner sus barbas en remojo.
La impresión que dan los k’aras en esta hora que asoma decisiva es la de que sufren de un pesado
soponcio, aun mayor que el que les cayera encima cuando el cocalero conquistara el Palacio
Quemado en 2005. No sólo hacen como los avestruces, que meten la cabeza en la arena para olvidar
que pronto serán comidos vivos, sino que parecen haber sufrido un resfriado cerebral más grande y
pesado que el Illimani, mal del que jamás se repondrán.
Para mi desgracia, acabé este histórico día con uno de esos pasquines escritos por “doctorcitos” para
la “intelectualidad” local si es que se diera alguna en los que los reyes provincianos de la meritocracia
se dan el gusto de escribir en difícil para descubrir lo que saben ya todos los taxistas del país: uno
anuncia que Evo acabó con la república de un plumazo, otro busca pleito con una marxista chilena
sobre el número de ángeles que caben en la cabeza de un alfiler y aún otro, valluno este, confiesa que
el castellano no le alcanza para decir sus nimiedades y usa un “mass media” como si “los medios de
masas” no le fuera suficiente: parece que quiere demostrar que la prensa boliviana miente a diestra y
siniestra, sea india o mestiza, como si tal fenómeno fuera negado por alguien en su sano juicio.
Como el tema me interesa, me permito recordar a mi estimado lector que no existen los “mass media”
bolivianos más que en la imaginación de ese buen sociólogo: los diarios bolivianos no tienen
circulación masiva (no pasan de las dos cuadras alrededor de cada plaza central), no viven de la
publicidad como lo hace todo diario decente sino de las subvenciones que ‘pagan’ empresarios en un
caso y el Palacio Quemado en el otro, no practican periodismo sano sino propaganda política cada día
del año y no son creídos más que por esos ilusos que los escriben, los editan y los publican. El pueblo
en masa prefiere seguir las telenovelas que siempre nos hacen llorar con toda decencia.
Pero el espectáculo de una sociedad (las “elites” y la “clase media”) que ha elegido ese sopor dañino y
suicida, que no puede articular una oposición digna de tal nombre y que elige cerrar ojos y orejas hasta
que el estallido de diciembre/09 se los destape es, como dije, digno de tragedia griega: Evo insiste en
construir su mundo indio sin k’aras, los k’aras insisten en que Evo y sus millones no existen y el país,
siempre tan bonito, variado y rico, se va al carajo sin perdón de Dios.
Bonita ocasión para venir, como vine, para saludar a parientes y amigos.
Arturo von Vacano