A pocas horas del tan esperado 25 de enero, los bolivianos sólo saben que nada saben
sobre el “conflicto” de constituciones que decidirán en esa fecha. Les sucede así porque
sólo una ínfima minoría ha leído la Nueva Constitución y sólo una minoría dentro de esa
minoría selecta ha entendido lo que viene a significar tal texto para su país. El resto se
guía por el que dirán, los chismes, acusaciones, falsedades, absurdos y disparates que
han dado una atmósfera de “surrealismo boliviano” a la campaña política dedicada a esta
lotería.
Es una lotería porque depende del humor con que se levanten ese día los bolivianos, del
clima que traerá tal día y de los caprichos del azar. Lejos de consultar su propia
conciencia, la gran mayoría de los bolivianos continuará pegando las orejas al chisme y
al rumor y al final, votando lo que diga su capricho, darán a ciegas el “triunfo” al SI o al
NO.
Tal situación no es difícil de explicar. Puede decirse que todos los “expertos” nacionales y
extranjeros que se han referido a la Nueva Constitución están de acuerdo en que es una
nebulosa que promete mucho pero parece decir muy poco. Es una Constitución que no
contenta a nadie, y menos en Bolivia, donde cada boliviano la aceptaría siempre y
cuando fuera perfecta para el gusto de ese boliviano en particular, “o si no, nada”.
Y sin embargo, una decisión acertada sobre tal voto es la mar de sencilla: quienes voten
por el NO votarán por el pasado. Quienes voten por el SI votarán por el futuro. El pasado
es conocido: es una pesadilla monstruosa plagada de Jaimes, Tutos, Gonis, Banzeres y
otros esperpentos. El futuro es siempre peligroso: sólo Dios sabe lo que nos traerá. El
futuro es promesa de oportunidades, esperanzas y peligros. El pasado está muerto. Sólo
los muertos votarán por el pasado. Los muertos de alma y los muertos de conciencia. Los
muertos que prefieren la Bolivia hoy muerta y anterior a Evo Morales.
La Nueva Constitución no es más que una colección de puertas abiertas. Esas puertas
pueden llevar a días de progreso, paz y conciliación entre todos, o pueden llevar a días
de sangre y violencia. Como siempre, todo depende de los bolivianos. De todos los
bolivianos.
Pero, como cuando Evo ganó en 2005 y los bolivianos creyeron que la revolución estaba
“hecha” sólo con la entrada del indio al Palacio Quemado, así también ahora los
bolivianos esperan una Constitución milagrosa que “se los haga todo” y el 26 de enero
amanezca en Jauja.
La Nueva Constitución no es más que una oportunidad. Una oportunidad que se darían
los bolivianos para corregir los horrores de las incontables constituciones anteriores con
que los “educados” del país, las “elites” mestizas, se las arreglaron para construir un
infierno de robo, despojo, genocidio y crimen.
Es un intento, escrito con palabras cuyo significado es muchas veces todavía poco claro,
de “inventar” un nuevo país, de atreverse a forjar una nueva patria que hoy nadie sabe
como será en detalle pero que se parecerá en mucho a esa Bolivia ideal que todo
boliviano lleva en el corazón, con sus caprichos y todo.
El SI es una esperanza y una apuesta por el futuro. El NO es un retorno al infierno que
conocieron todas las generaciones anteriores. El SI, añadido a la voluntad de la mitad
más uno de los bolivianos de crear una NUEVA Bolivia, es la victoria de los bolivianos.
Así de sencillo es. No necesitamos escuchar a nadie más que a nuestra conciencia.
Quienes tengan más de diez años de edad pueden recordar la Bolivia del NO y pueden
ver hoy la Bolivia con futuro, la Bolivia del SI. Allí mismo está, al alcance de nuestros
dedos.
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Arturo von Vacano