La prensa de Bolivia me censura. Le ruego difundir esta nota si lo cree conveniente. Muchas gracias.

“Democracia” a la Boliviana

Cuando escribía mis humildes comentarios desde la comodidad de mi imaginado
penthouse en Washington no faltaron los compatriotas indignados que me criticaban por
escribir desde lejos. Afirmaban ellos que mi alejamiento físico (en espíritu, nunca me fui
de Bolivia) me negaba ese derecho propio de todo ciudadano como Ferrufino, el
celebrado autor, por dar otro ejemplo del mismo pecado.

Pasé las Navidades 2008 en Bolivia y nadie entre la prensa se dignó saludarme siquiera.
Estoy en Bolivia desde abril y espero irme en agosto 2009. Esta será mi última visita,
dada mi edad y mi estado de salud. No son estas circunstancias muy alegres para venir a
descubrir lo que los bolivianos entienden por “democracia”, pero así me ha sucedido:
“democracia” es, para los bolivianos, el libre ejercicio de tratar SOLO con quienes tienen
las mismas opiniones y las mismas banderas políticas; buscar un dialogo sincero y serio
con los “contrarios” o los “diferentes” es un absurdo y una idiotez, en su muy difundida
actitud. Tal ceguera es, claro, una garantía de días de luto futuro porque promete una
polarización más y más acentuada: de la ignorancia sobre los “contrarios” es fácil pasar
al odio gratuito y desde este vicio feroz sólo es dable esperar los peores horrores.

En cuanto al periodismo y la política, he venido a descubrir que esta “democracia”
boliviana me ha dado por muerto desde hace años. Los pocos amigos que me quedan
entre los periodistas han preferido eludirme e ignorarme porque temen a sus patrones y
empleadores: la prensa ‘grande’ despediría de inmediato a cualquier amigo de este
hincha de Evo que ha escrito no uno sino dos libros sobre ese indio excepcional. Por eso
no hubo esta vez entrevistas publicadas ni televisadas para este abuelo que celebró su
segundo nieto a fines de junio. Von Vacano es un paria hoy por hoy para la prensa
“mestiza” de Bolivia, toda ella en poder de los ricachos y sus sirvientes.

Von Vacano también es un paria para ese embrión de periódico que fundó Evo en enero
pasado y que bautizó como “Cambio” aunque no hace más que imitar a sus colegas
reaccionarios: en cuanto a pinta, “Cambio” no presenta cambio alguno frente a los
pasquines de derecha; en cuanto a contenido, su castellano es muy aceptable pero sus
ideas son un puro reverso de las de sus competidores de derecha; sus suplementos son
las mismas cosas que antes publicaron o publican ahora los impresos “mestizos”.

Es dable llamarlos así porque “Cambio” es un diario “indio” a ultranza. Lo aprendí por
experiencia propia.  Soy un k’ara rechazado por “Cambio” SOLO porque soy k’ara. Lo
aprendí después de seis intentos de hacer amistad con su director y su personal para
publicar mis notas en “Cambio” porque todos los demás medios me han puesto en sus
listas negras. Si la prensa “mestiza” me niega y me rechaza por ser “evista”, el diario
evista me niega y me rechaza por ser k’ara. Así de sencillo, feroz y, francamente, bárbaro
es el nivel de la prensa boliviana hoy en día.

Lo peor de todo es que esta experiencia me dice que la guerra ciega contra los k’aras
que libran Evo y sus indios no se limita a este “gringo” chucuta sino que se proyecta a
todos los k’aras de Bolivia, un 40% de los electores y presencia dominante en la mayoría
de las actividades cotidianas del país: ¿Cuántos indios hay en la banca nacional?
¿Cuántos, en la industria del petróleo y el gas? ¿Cuántos entre los científicos y los
profesionales en campos como la salud, la física cósmica y otros que no sean el arte de
bloquear carreteras?

Por esta realidad fue que nunca creí que Evo, tan despierto él, hubiera pensando jamás
y en serio que puede crear un Tahuantinsuyo II con los indios de Bolivia, el Perú y el
Ecuador ignorando y negando a los mestizos de los tres países, pero el mes este de junio
que concluye me empuja a cerciorarme de lo contrario: las expresiones de Evo contra la
dictadura de Alan García no sólo reflejan el sentimiento de un gobernante civilizado sobre
un genocidio cometido contra sus hermanos indios, sino que nacen también en una
discriminación al revés que concibe un imperio indio SIN los millones de mestizos que
pueblan esos tres países. Parece que sólo el ser indio y haber sufrido medio milenio de
brutal coloniaje puede empujar a una posición tan ciega y suicida como la que vi
expresada en Bolivia a mediados del 2009.    

Lo más triste es que vengo a ser enemigo de Evo Morales porque Evo ha elegido ser
enemigo de los k’aras y librar una guerra racista contra ellos igual o peor que las sufridas
por sus hermanos de sangre. Cuando lo apoyé – y a veces lo seguiré apoyando – lo hice
porque creo un deber elemental de civilización y patriotismo el dar al 60% de la población
– nuestros indios – la categoría plena de ciudadano, PERO NADA MAS.

Así lo dije en mi olvidado debate con la agresiva Marina Ari, hoy asesora del Presidente.
Así lo digo ahora. Y, como lo dije entonces, si Marina y Evo eligen sin decirlo muy claro la
guerra a muerte que libraron los godos contra los patriotas en su mala hora, hoy los
indios son los godos y los patriotas deben combatirlos: no podemos aceptar una
dictadura cobriza en lugar de las dictaduras mestizas que manchan nuestra historia.

Y aunque es muy triste el perder de este modo las ilusiones sobre un indio excepcional
como es Evo Morales, grande es también la esperanza que crea un fenómeno más
poderoso que los indios racistas de Evo, un proceso irreversible que se cumple día a día
y que terminará derrotando al Tahuantinsuyo II.

El mestizaje, producto veloz y natural de las inmigraciones indias hacia las ciudades, ha
comenzado ya a contar los días que restan al primer indio Presidente que deberá ser el
último para que Bolivia inicie su próxima etapa de libertad: con todos los bolivianos en
armonía como viven en La Paz, con Santa Cruz como la próxima capital del país y con los
primeros bolivianos “tipo” que no serán ni indios ni mestizos sino simplemente bolivianos.
Tal, el final del Experimento Evo.
Julio 09
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Arturo
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