Pues que soy víctima de esta terrible enfermedad social y, conmigo, lo es el pueblo
boliviano, tengo el deber como boliviano y como ente que aspira a decirse civilizado, de
atacarla sin piedad, aún abusando de la paciencia de los cuatro gatos que me leen.
Mi motivación principal es ese mi pueblo, al que retrata una revista sobre economía
editada en Santa Cruz con las palabras siguientes, que ruego recortar y enmarcarlas
sobre cada mesa de luz:
  
“Bolivia tiene una sociedad heterogénea y desigual, en la que se verifican
altos niveles de pobreza y grandes bolsones de pobreza extrema -
concentrados fundamentalmente en el área rural- que contrastan fuertemente
con los niveles de prosperidad que caracterizan a sus elites.
Según datos de la Unidad de Análisis de Políticas Sociales y Económicas
(UDAPE), casi dos tercios de la población boliviana son pobres (60,6% en el 2005
y 59,9% en el 2006), siendo la población con niveles de pobreza extrema -
aquella que vive con menos de un dólar al día - más de la mitad de la catalogada
como pobre (38% para el 2005 y 37,7% para el 2006).
En las áreas rurales se acentúan estos índices.
Otros datos que son gráficos para retratar esta insostenible situación señalan
que entre 1990 y 2005, el 23,2% en promedio de la población boliviana vivió con
un nivel de ingresos inferior de un dólar al día y el 42,2% de la población, en ese
mismo período, sobrevivió con menos de dos dólares al día”.
Pues que esta “insostenible situación” no ha cambiado desde que Bolivia es Bolivia, la
urgencia con que debe ser alterada no puede ser mayor. Por ello, todo intento de
alterarla y buscar una democracia real en lugar de la aparente que reina en Bolivia es de
vital importancia para todos los bolivianos. No podrá cambiar, sin embargo, si la
mentalidad del pueblo boliviano no cambia: nada cambia en el mundo real si no cambia
antes en la cabeza de quienes sufren ese mundo, nuestro mundo de hambre y miseria.
Es por ello necesario un reconocimiento de la falsa democracia que reina en nuestro
país, de algunos (si no todos) de los modos en que destruye toda posibilidad de diálogo
civilizado y de los instrumentos de que disponemos para reemplazarla adoptando la
costumbre de civilizar nuestra política, entendida como el trato que por fuerza se da entre
cada individuo y la sociedad en que vive. Repito: Política es el modo en que una persona
trata con los demás, ni más ni menos. Vista así, ¿quién desea que tal trato sea una
gritería de cacatúas o una orgía de caníbales? Eso es, sin embargo, lo que sufrimos día a
día en Bolivia.
Me duele pero me aguanto: quiero empezar arguyendo contra esa dañina gritería
refiriendo mi propia experiencia antes de mirar el trabajo de algunos comentaristas como
Andrés Solíz Rada y/o varios medios como Erbol, pongamos por caso.
Como mis escasos lectores tal vez recuerdan, me hice de una popularidad fácil cuando
contribuí con Bolpress durante un par de años. No quisiera discutir sobre quien ayudó
más a quien. ¿Me hizo popular Bolpress o le di más lectores con mi manía de escribir?
Hoy Bolpress sufre de vacas flacas, pero mi vanidad me impide decir que eso también es
culpa mía.
Lo importante es analizar cómo y por qué pierde lectores y colaboradores Bolpress. Para
ello debo recordar que muy pocos saben quienes son responsables de  Bolpress,
aunque ya aprendieron que practica la censura con el mismo entusiasmo que Los
Tiempos.
Tampoco saben sus lectores si tales responsables son profesionales del periodismo o
sólo un grupo de alegres muchachos aficionados a los blogs. Yo apuesto por la segunda
probabilidad: todos sabemos que es muy mala educación la de interrumpir una
conversación entre dos caballeros. Eso fue exactamente lo que hizo Bolpress cuando me
trabé en insulso debate con otro caballero. Bolpress decidió cortar el debate a media
charla y me dejó con la palabra en la boca. Fue una decisión porque si y ante si: ‘hago lo
que me da la gana porque el sitio es mío’.
Tal mentalidad y tal actitud explica la fuga de lectores y de colaboradores que hoy sufre
Bolpress. Hubo un momento en que gozaba de la contribución inteligente y gratuita de
una docena de analistas serios y educados. ¿Por qué los perdió? Porque esos
caballeros no pudieron estar SIEMPRE de acuerdo con la línea editorial de Bolpress, que
parecería de izquierda pero no lo es.
Lo que interesa aquí es la actitud del “dueño” de Bolpress, la idea falsa de que SOLO
debe publicar los comentarios que a ese “dueño” le “gustan”. Es un ejemplo claro de
nuestra falsa “democracia” practicada con el mismo fanatismo por las derechas y las
izquierdas.
Otro ejemplo es el de Execlub. Un sitio que se presenta como favorito de los “ejecutivos”
(¿empresarios, hombres de negocios, verdugos o que?) Si alguna vez me llovieron
lisonjas, aplausos, encomios y sobaduras por mis magníficos escritos fue en Execlub,
donde fui un mimado hasta el día en que critiqué a Evo Morales porque no quiere
trabajar con k’aras.
Esta primera y única, tímida crítica llevó a Execlub a “despedirme” a la fuerza, no sin
antes elogiarme una vez más como el Walter Lipmann del Choqueyapu. Desde entonces
soy un cadáver para Execlub. La razón es sencilla: Execlub está atado y trabaja para el
MAS (sin decirlo, claro) usando otros canales y sólo traiciona el limitado profesionalismo
de su “dueño” porque pareciera que escribe con los pies y le gusta aparecer fotografiado
en Execlub detrás de unos lentes de pistolero que le hacen hermano de Al Pacino.
Recuerdo que una vez aconsejé a este “executivo” que eliminara esas fotografías. Ya es
bastante feo al natural.
Pero el caso es el mismo: tanto Bolpress como Execlub como la gran mayoría de los
“periodistas” de Bolivia practican una cerrada censura día a día y no existe para ellos
opinión que no sea idéntica a la suya. El resultado es el dialogo de idiotas que ha venido
a reemplazar a la prensa boliviana porque TODA la prensa trabaja del mismo modo.
En el caso de los sitios del Internet (única alternativa contra una prensa ‘grande’
troglodita y feroz), los “dueños” de esos sitios ni siquiera tienen el dinero como
justificativo de su estrabismo político: ganan apenas para cigarrillos, como sucede con el
99% de los blogs del mundo. O sea que ni la plata justifica su cerrada mentalidad a
menos que estén recibiendo plata por bajo la mesa, cosa que ni me atrevo a imaginar.
Pero la situación es más grave. Miremos por un momento a Comteco. Antes una
cooperativa, hoy Comteco es una “Corporación Privada”, lo que convierte a sus antiguos
cooperativistas en “clientes” y a la cooperativa en una (mucho menos democrática)
empresa. Lo que antes decidían miles de cooperativistas (por lo menos en teoría) hoy lo
decide un Directorio, así, con mayúsculas.
Una de sus decisiones más tontas fue la destruir Noticias Bolivianas, un servicio de
prensa verdaderamente democrático que consistía en ofrecer un detalle cuidadoso de los
titulares de todos los periódicos del país. El que no existiera una prensa de izquierda en
nuestra Bolivia “revolucionaria” nada tuvo que ver con este esfuerzo. Así y todo, Noticias
Bolivianas ofrecía TODOS los titulares.
Convertida en empresa, Comteco decidió matar este servicio y lo puso en poder de una
señorita muy guapa y tonta que lo destruyó y tardó meses para reemplazarlo por otro,
más limitado y mucho más “derechista”.
Hoy, los titulares que presenta Comteco son “seleccionados” y los diarios mimados por
Noticias Bolivianas son los de extrema derecha. Los del interior del país no aparecen ya
(a no ser en minúsculos “links” especiales para ciegos) y nadie sabe allí lo que es la
“izquierda”. ¿Qué dicen los clientes de Comteco ante tanto “progreso”? Nada, pues.
¿Qué han de decir? Como “clientes”, es decir, borregos, han perdido todo derecho de
decir ni pío.
Lo que debe señalarse en estos tres ejemplos es el hecho de que ninguna de estas
entidades sirve a la democracia boliviana porque ninguna acepta siquiera la idea de dar
una apariencia de equidad en su manejo de la “noticia”.
A riesgo de cansar a mi lector, repitamos una idea básica del periodismo responsable.
Todo periodista que se respeta lucha por separar la “noticia” (la descripción más verídica
posible de un hecho) de la “opinión”, el tinte personal que ponemos en todo lo que
decimos cuando lo decimos.
Para la “noticia”, los diarios serios asignan páginas dedicadas a todo tema como el
Nacional, el Internacional, Deportes, etc. Para la “opinión” del diario mismo se ha creado
el Editorial, que es la voz autorizada de ese diario. Las opiniones de sus columnistas se
publican en sus propias páginas pero no son necesariamente las del diario. Una Sección
“Cartas y Opinión” recoge los escritos de sus lectores.
Es cierto que el divorcio absoluto entre “noticia” y “opinión” es imposible: todos tomamos
partido y así lo expresamos digamos lo que digamos, pero este ideal debe ser perseguido
siempre por un periodista responsable. Cuando se niega, ignora o destruye ese ideal se
comete un crimen: se asesina a la prensa de un país y se la convierte en una olla de
grillos. Mi lector conoce esa atmósfera; por eso no compra periódicos ni mira las
“noticias” de la TV. Lo malo es que esa costumbre convierte al país en el reino de la
anarquía… Pero eso mi lector ya lo sabe. ¿Para qué repetirlo?
¿O es que los bolivianos prefieren la anarquía?     
 
 
 
          


 
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Arturo
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Sept. 09