El torpe chanchullo del 4 de mayo ha servido a los pocos bolivianos que ven las cosas
con cierta claridad para entender la actual pesadilla nacional en sus justas dimensiones,
y es posible que de esas conclusiones extraigan la decisión que deberá adoptarse más
temprano que tarde para derrotar al embajador kosovero. Sería una victoria difícil de
lograr pero no es imposible todavía.
El primer factor que debe aceptarse como una realidad evidente es que nadie gobierna
Bolivia. Esto es, el pueblo boliviano es rehén de dos absurdos extremismos dedicados a
la destrucción de Bolivia tal y como es hoy en día.
Los indios socialistas, beneficiarios de océanos de buena voluntad nacidos en el triunfo
de Evo Morales y el deseo sempiterno de los bolivianos de construir una patria más justa
y democrática, han perdido esa oportunidad sin igual de reformar las leyes del país sin
incendiarlo porque sueñan con un nuevo Kollasuyo que es a todas luces imposible: el 40
por ciento de la población, el sector educado, se opone a la caprichosa voluntad del 60
por ciento no educado que creyó haber conquistado el poder cuando Evo ingresó al
Palacio Quemado.
Hoy es evidente que no hay gobierno en Bolivia, que el Experimento Evo agoniza y que el
poder de Evo y su “gobierno” no sale de las puertas del Palacio aquel y de algunos
ministerios. La autoridad real de Evo no le alcanza ni para dar órdenes al policía de la
esquina. Menos se atreverá a hacerla de Capitán General de la Nación, imitar a Lincoln y
salvar la unidad y la unión nacional.
También es evidente que hay un pacto entre Evo y los militares, pacto que tal vez incluye
a la policía: mientras los nazis crucos jueguen sólo con palabras, ni el ejército de Bolivia
ni su policía moverán un dedo para poner coto a esa locura fascista que deja con la boca
abierta a los observadores del mundo entero. Hitler ha retornado asistido por un judío
fascista al servicio de una plutocracia en decadencia. El pueblo de Santa Cruz vive bajo
el terror de una Gestapo fotografiada y denunciada ante el mundo en todo tipo de
documentos y sólo la estupidez congénita de la “diplomacia” de USA permite la duración
de esa locura.
Chávez, que ha venido a demostrar que no puede ni con su ex-esposa, está enredado
en tantos líos internos (Zulia) y externos (Colombia) que por fin ve cercano el día en que
cerrará la boca.
Nuestros vecinos, siempre tan voraces, esperan una intervención idiota de los Marines
para comerse Bolivia a trozos. (Esto parece una repetición de mi anti-novela “Antón”,
escrita hace 30 años).
Es irónico, pero lo que dije hace un año, cuando buscaba ya a un potencial Tercer
Hombre que desplazara a Evo y Branko, lo dicen ahora ideólogos como Solíz Rada, Lora
y otros estudiosos del problema boliviano.
Este lego se dará ahora el gusto de decir que tales ideólogos están equivocados porque
ponen el burro delante del carro y sus sesudas elucubraciones no ayudan a nadie.
Tantos las naciones como las ideologías se hicieron para servir a los individuos (no al
revés) y se da un cierto tipo de feroz hipocresía al pedir o sugerir a nadie que mate o
muera en servicio de ideología alguna. Las ideologías no tienen cabida en las trincheras,
como sabe todo soldado: no hay mejor demócrata que la muerte. Yo no pediría a ningún
boliviano que muriera por la Bolivia que vemos hoy, y menos prometería derramar sangre
ajena “con responsabilidad”, como dice ese asno cruco de dos patas.
Lo que es necesario es vivir, escuchar el propio corazón, lanzar una “invasión blanca”
contra Santa Cruz y hacer lo que Evo, el ejército y la policía debieron hacer hace más de
un año: meter presos a los subversivos nazis, a los fascistas criollos y a los agentes del
embajador gringo que implantaron la muerte civil de gentes cuyo único pecado fue
educarse mejor que sus “estadistas” locales.
Si Evo hubiera cumplido su deber de gobernante cuando debió cumplirlo (pero ahora
sabemos que no tenía gobierno, no podía cumplirlo) hace rato que los “gobernadores”
fachos estarían en Miami gozando de sus millones. Aún así, su responsabilidad es
enorme: Evo debe haber sabido desde el primer día que no podía ser un Presidente “de
verdad” porque ni el ejército y la policía estaban con Evo, así como los “culitos blancos”
como yo a los que rechazó porque no son indios tampoco podían estar con su mareada
indiada, pero aún así decidió no gobernar más que para sus indios, con lo que eligió el
camino sin salida en que se debate ahora.
Con ayuda de USA, los fascistas pueden convertir a Bolivia en algo aún peor de lo que
fue con los dictadores militares, Tuto, Jaime y Goni, lo que significa que nuestros indios
comenzarán a emigrar al Ecuador porque en el Perú Alan García los está asesinando
cada día. Dado que John McCain, el próximo presidente de USA, es aún más bruto que el
actual, todo ello es muy posible.
Lo que quiere decir que, si Bolivia ha de seguir siendo Bolivia, no tiene más que hasta
noviembre/08 para solucionar la pesadilla fascista que Evo y Branko han obsequiado a
los bolivianos y que los bolivianos han permitido porque, como novia vieja, no terminan
de decidirse por uno de esos absurdos para acabar con el otro antes de acabar con el
restante.
En otras palabras, la supervivencia de Bolivia ha venido a depender de esos mismos
bolivianos indecisos que, sin un Presidente, un gobernante ni un dirigente que los
encabece, tienen ahora ante sí la titánica tarea de rescatar a su país de los absurdos
extremismos a los que le condenaron con sus votos.
Digan ahora si el camino al infierno no está hecho de buenas intenciones.
Para derrotar al embajador
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