En el supuesto caso de que Evo Morales ganara las elecciones porque la estúpida
oposición que Inti le ha dado nunca vio el instrumento que tiene ante las narices (no
sólo las suyas, también las nuestras) para impedirlo, pocos dudan de que tal victoria
iniciará la dictablanda del MAS.
Menos dudan de que ese será un periodo de anarquía similar al desencadenado por
el MNR durante sus peores años, cuando bandas de capitanejos cometían feroces
desaguisados, psicópatas y asesinos torturaban a sus víctimas y una hambruna
general no fue vencida por un cruel y caprichoso racionamiento. Todos ruegan
porque la dictablanda Morales sea lo menos similar posible a esa etapa negra del
MNR.
La dictablanda será consecuencia de la conquista del nuevo Congreso por el MAS y
sus amigos. Será el fin de vergüenzas nacionales como el actual Poder Judicial,
monstruosidad que desafía a la imaginación, y una reducción tal vez visible del poder
económico y político de la “elite” que, desde Olañeta hasta Sánchez de Lozada,
convirtió a esta desgraciada tierra en una satrapía infernal de feroz corrupción.
Será, luego y tal vez, el comienzo de una vida nueva para ricos y pobres: los ricos ya
no serán Branko & Cía, amos de haciendas y esclavos, ni los pobres continuarán
viviendo de un dólar al día. Los ricos pagarán impuestos y los pobres gozarán de
sueldos capaces de darles tres comidas diarias. Eso, tras varios años de dictablanda,
no en Enero/10.
Cinco años después de la conquista del Palacio Quemado por Morales, el indio que
obligara a Bolivia a dividir su historia en dos, antes y después de Evo, los bolivianos
continúan sufriendo su país como lo sufrieron desde que Sucre abandonara
Chuquisaca: seis de cada diez pasan hambre, frío y angustias mil, no existe la Ley ni
en su forma más elemental, la violencia y el crimen baten récords nacionales, la
corrupción alcanza hasta a los lustrabotas y el racismo, ya desenmascarado, muestra
día a día que sólo cuatro gatos quieren ser bolivianos; el resto se siente más indio,
más mestizo o más extranjero que boliviano.
Desde los balcones del Palacio Quemado, la visión de un pueblo torturado por sus
gobernantes durante medio siglo, desde Barrientos hasta 2005, debe de ser
aterradora por la atroz anomia que le aqueja: incapaz de tomar partido, temeroso ante
todo pero sobre todo ante el cambio, ignorante y siempre “tan solo en su agonía”, el
pueblo que Evo quiere y no puede gobernar (gobierna con y contra Costas, Cossio,
Savina, el idiota ese del prefecto pandino y otros truhanes) mira, aplaude si se lo
piden, marcha cuando hay que marchar, pero si el mismo Inti se nos apareciera no
dudaríamos en dudar de esa divinidad también: todos nos han mentido y engañado;
¿por qué íbamos a confiar en el nuevo Inti? Miren lo que el Alto ha hecho del ‘ama
sua, ama quella, ama llula’: los alteños son más capitalistas que Rockefeller y el Alto
es más violenta que Chicago. ¿Quién pudo adivinar que el nuevo Inti es el dólar más
la cocaína?
No que Evo y sus amigos hayan aprendido algo del pasado: el MAS, como el MNR,
como el Ejército y como todo partido político, es también un club exclusivo. Como en
tiempos revolucionarios, cuando el carnet del MNR era imprescindible para comprar
un pan, hoy el MAS imita con alegría infantil la actitud de su jefe, una indiferencia fría y
perfecta hacia mestizos, “blancos”, indios a secas, “opositores indios” o cualquier otro
bípedo que no se haya hecho “del MAS”. O eres del MAS o estás demás. O eres indio
a mis órdenes o ni indio eres. ¿Los mestizos? Ya está listo el caldo para hervirlos.
¿Es necesario semejante aparato para dar al indio la calidad real y efectiva de
ciudadano y lograr de algún milagroso modo una dieta mejor que la que compra al día
un devaluado dólar?
Desde todo punto de vista, parece que si. La candidatura de un asesino para
vicepresidente y de un idiota para presidente (hijos de Banzer ambos) y las increíbles
estupideces que han estado cometiendo los “hombres preparados y educados” de la
“oposición” (han sido cinco años de hambre para el 60% de la población, no lo
olvidemos) parecen justificar toda dictablanda y hasta una dictadura relativamente
corta.
Nada es peor que un retorno a la satrapía neoliberal. Nada. Ni siquiera una dictadura
india ignorante y brutal que por brutal e ignorante no durará mucho. Así como la
Revolución del 52 (a la que el pueblo empujó al MNR; VPE no quería revolución para
la indiada) trajo consigo una movilidad social capaz de negar el país al Che Guevara,
así Morales el dictador (mejor si blando) puede cambiar la faz del país y acabar con
las monstruosidades actuales como los jueces, las aduanas, etc. El día en que los
indios viajen en Cadillacs es necesario; no es sólo un capricho. Será justicia.
¿Pero qué se ha de hacer el buen Evo con ese 40% que anda por el país sin una
cabellera como la que Evo instauró y sin la nariz que le distingue de modo tan
personal, para no hablar de la piel (maldita segregadora) ni de la costumbre de comer
con los dedos (para no hablar del inglés, maldita lengua universal)?
¿Los tratará como trataron los nazis a los judíos? ¿Andaremos los k’aras por esas
calles con una estrella amarilla en la solapa? ¿Tendremos que comprar nuestro
carnet del MAS aunque nuestro apellido sea von Vacano y lo único de indio que nos
quede sea el mal carácter?
Esto es: ¿el único modo de hacer del indio del 2020 un ciudadano “de verdad” es
hacer del ciudadano que es hoy “de verdad” un indio de antes del 2005?
Como diría el mismo Evo: ¡Qué joder! ¿Es eso el “capitalismo andino” del hombre por
cuyas venas corre hielo en lugar de sangre? (A ver: traigan un lanzallamas). ¿Es esa
la democracia que hierve tras la wipala? ¿Es ese el socialismo que busca destruir al
Imperio de Obama? ¿Un país de indios ignorantes (porque lo son; ¿quién puede
negarlo?) alrededor de un ghetto de “mestizos”, “blancos” y “mezclitas” sin más culpa
que la de no haber nacido “educado” o indio puro? (No hablemos de nuestros
abuelos).
Las canalladas, los abusos y los crímenes cometidos contra los indios desde tiempos
de Katari y aún antes parecen justificar (ante un indio y no sólo ante un indio) tales
medidas. Cinco años de imbecilidades descomunales cometidas con el mundo por
testigo por una “oposición” tipo Branko provocan la actual demanda de apartar de la
vida nacional a personajes tan nefastos como este Marinkovic que gana 400 millones
de dólares cada año y no ha construido una sola posta sanitaria para la Bolivia que le
acogió hace medio siglo; ¿quién quiere ciudadanos así? Seis mil niños esclavos
demandan el retorno de Katari. Millones de hambrientos sobre nuestra tierra lo
exigen. El Cambio, si, el Cambio hace necesaria la dictablanda de Evo.
Y así, los bolivianos más inteligentes y de mayor visión se preparan ya para la
siguiente etapa, esa en la que aprenderemos por fin a amar a Evo. Después de todo,
un líder como Evo no nace cada cinco años.
Arturo von Vacano