Bolivia: Las Diez Novelas de la Rosca Boliviana

El Diablo me hace siempre esta clase de jugarretas: justamente cuando estaba
escribiendo una serie de opiniones sobre la industria del libro boliviano y la ausencia
de libros, revistas, diarios o folletos de “izquierda” y/o izquierda en Bolivia me dicen
que toda la banda de “críticos” y “expertos” derechistas que controlan la prensa, la
educación superior, la industria editorial y hasta al lustrabotas de la esquina ha
“decidido” cuales son las mejores diez novelas de Bolivia desde que el mundo es
mundo.
Tal operación, llevada a cabo y a todo lujo en los amplios salones del palacio Patiño
y bajo las bendiciones del Ministro “revolucionario, socialista y masista” de Cultura
para ordenar luego la publicación de las novelas favorecidas a la editorial fascista
española que controla con sus $$$ el Premio Nacional de Novela, no tiene más
finalidad que la de burlarse del gobierno de Evo Morales, el Indio por buen nombre,
y plantar esa burla a nombre de la actual “rosca” (ricachones y gente ‘bian’) como
aditamento a los ataques que sufre Morales desde el día mismo en que conquistó el
Palacio Quemado. Por eso se habló de una absurda “literatura republicana”, en
homenaje a la “república” muerta por la actual Constitución y representada por los
Olañeta de siempre.   
La maniobra debería ser rechazada por gentes serias como lo que es, una tontería
ridícula y absurda dedicada a demostrar algo que no se puede demostrar: la calidad
internacional de la novela boliviana al comenzar el Tercer Milenio. Como tal calidad
es harto discutible y, para los buenos lectores, inexistente, es necesario reemplazar
la Verdad pura y simple (no tenemos escritores de nivel continental, no digamos ya
mundial) con el humo, el ruido, los disparates y el blah, blah, blah de los “expertos”
reunidos en Cochabamba para inventar el cuento de que los autores de las
“mejores” novelas del país son, todos sin excepción, burgueses, de clase media,
reaccionarios y tan “decentes” como su clase social lo ha demostrado durante los
últimos 200 años.
Todo boliviano con sus lecturas bien hechas sabe que la historia de Bolivia impidió
la formación académica y formal de los autores que más han influido a los bolivianos
porque buscaban (y lo lograron) enseñarles una realidad social que los
antepasados de los “caballeros” reunidos este Septiembre en Patiño casi lograron
ocultar durante dos siglos.
Tales autores de “trinchera” hablaron y usaron su idioma de combate para escribir
sus novelas, novelas que no satisfacen a los privilegiados elegidos a dedo para
reunirse en Patiño pero construyeron la conciencia nacional hasta el punto de hacer
posible la Revolución de 1952 entre un pueblo que no sabía leer. Inaceptables para
el delicado gusto de los “críticos serios” de hoy, son novelas mucho más importantes
que las elegidas como esas “diez mejores” por sus virtudes estéticas, si es que las
tienen.
Sólo quiero mencionar un nombre: Augusto Céspedes. Cualquier boliviano con
conciencia limpia y aficionado a leer puede agregar los otros nueve.
Pero la ausencia de Céspedes entre esos diez “artífices del arte” demuestra el
infantil candor de quienes organizaron este disparate en Cochabamba: entre ellos,
casi medio centenar de privilegiados, no hay uno solo de izquierda, sea critico,
periodista, educador o historiador. Todos son los últimos ejemplares de esa
sociedad caduca, esa “elite” que verá la hora de su ocaso en Diciembre/09.
Tal es la enfermedad moral de estos “expertos” que la ausencia de algunos nombres
entre ellos hace más notable su disparatada conjura: gentes como Ramón Rocha
Monroy, Adolfo Cáceres Romero y Néstor Taboada Terán, para no mencionar a
tantos otros, brillan por su ausencia. No son ni siquiera izquierdistas estos
autores/historiadores. Son personas cuya conciencia les ha enemistado de un modo
u otro con los “poderosos” de turno que manejan universidades, editoriales e
impresos.
Las últimas aventuras de Rocha Monroy ilustran esta afirmación.  Ramón es, sin
duda alguna, un gran escritor. Bastan dos botones de muestra, “1600 “y su novela
sobre Sucre. Como autor boliviano debe andar por la sombrita si es que quiere ver
publicados sus libros, sin embargo. “1600” la publicó la editorial española. Para su
Sucre eligió a El Deber, tal vez la única editorial boliviana que no anda con absurdos
prejuicios ni orejeras para lanzar sus publicaciones. La explicación es, tal vez,
sencilla: 1600 dicen “bien” de los godos, los “malos” en “¡Qué Solos se Quedan los
Muertos!”. Y es por eso que vemos cómo Ramón le quita el cuerpo al debate político
como mejor puede pues quiere cuidar sus oportunidades de publicar su literatura.
Así y todo, fue un gran ausente en la conjura de Cochabamba.
Caso parecido es el de Cáceres Romero, uno de los mejores historiadores y críticos
con una obra de más de treinta años. Tal vez no lo invitaron o tal vez no fue, pero
también fue un gran ausente. De lo único que se puede acusar a Cáceres es de
amar la verdad en extremo. Es por esta debilidad de reconocerla, decirla y escribirla
que le ignoran los “expertos” reunidos en Patiño.
La ausencia de Néstor Taboada Terán es más fácil de explicar después del
ditirambo exagerado que dedicó al buen Evo al ganar  uno de esos premios que
tanto mal han hecho a las letras nacionales. ¿Será su edad, tal vez? El caso es que
no se ha muerto y tenía derecho a participar en un evento de este tipo si fuera serio,
que no lo fue.
Lo peor de esta conjura no es el papel que entregaron los rosqueros al Ministro
para hacerle socio de su fraternidad, sino la evidente ceguera del gobierno de Evo
Morales ante la guerra cultural que viene sufriendo desde que entró al Palacio
Quemado.
Este golpe de mano le costará al Estado una buena fortuna para publicar libros que
el país ha ignorado durante dos siglos, con las excepciones de siempre (hay libros
que leemos porque los maestros de escuela nos obligan a leerlos). No deseo discutir
siquiera sus virtudes estéticas. Lo que se es que no son parte de la experiencia vital
de los bolivianos (Otra vez, con alguna excepción) .
Tampoco es necesario discutir título por título. Todo buen lector sabe que un libro
nos gusta o no nos gusta, y basta. No permitimos a académicos ni otras lumbreras
que nos arruinen nuestras lecturas. Del mismo modo, no debemos permitir a 40
caballeros guiados por sus ideas políticas que digan a Bolivia cuales son sus diez
mejores novelas.  
No deberíamos permitírselo ni siquiera si esa reunión hubiera sido seria, pero no lo
fue: faltó la izquierda, es decir, la historia del sufrimiento de nuestro pueblo, de sus
triunfos y sufrimientos, tal como la escribieron los novelistas que lograron conquistar
el corazón de sus lectores a pesar de su lenguaje “defectuoso” y su “arte mínimo”.
Pero Evo, el pobre, no tiene ojos para ver estas cosas. Tal vez no entiende siquiera,
después de cinco años en el Palacio Quemado, el feroz poder que tienen las ideas
empaquetadas en libros. Tal vez cree que los libros, porque no gritan ni marchan ni
arman bloqueos, son inofensivos. Tal vez no ha tenido tiempo de leer  ni poco ni
mucho. Tal vez quienes lo rodean sufren de los mismos defectos. Por eso es que,
con estos “socialistas” en el poder, no hay prensa de izquierda, no hay libros de
izquierda ni habrá, dentro de poco, zurdos en el gobierno. Y tal ausencia redundará
en la ausencia de Evo en el horizonte nacional.   


   
        

     
Su Opinión
Arturo
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Sept. 09