| “Memoria del Vacío” |
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| Arturo von Vacano |
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| Arturo |
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| En 2000, y mientras celebraba en una cena el cumpleaños de su esposa Marcela, Arturo von Vacano sufrió a sus 62 años un ataque cardiaco. 72 horas y un cuádruple bypass después, se enteró de que era una cifra más entre las estadísticas que dan cinco años de vida a quienes sobreviven esa experiencia. Alcanzó entonces dos conclusiones dolorosas; ese pronóstico acabó con sus 45 años de fumador y puso en duda su mayor ambición literaria, la de ser algún día el primer autor boliviano de prestigio continental. Arturo dejó de fumar cuando decidió intentar una “Memoria del Vacío” que le explicara el fracaso de esa ambición, así fuera parcialmente. De retorno ante su ordenador, descubrió que la mayoría de los documentos que reforzarían sus argumentos habían desaparecido, extraviados unos durante sus viajes y correteos, perdidos otros durante sus exilios. Encontró sin embargo que una selección de lo poco que conservaba podría ayudarle un tanto. Tras ejercitar los dedos durante media hora decidió meter esas exploraciones en un texto. “Memoria del Vacío” recogió así el modo y las circunstancias en que se escribieran “Sombra de Exilio”, “El Apocalipsis de Antón”, “Morder el Silencio”, “Los Laberintos de la Libertad” y, entre los inéditos en papel, “El Malentendido”, “La Danza de San Vito”, “Camino de Tamalpais”, “Hombre Masa”, “Retazos” y algún otro. “Memoria del Vacío” incluye una docena de sus ficciones más cortas y otra de los comentarios que merecieran sus textos, además de las columnas de prensa que le enemistaran con un par de dictadores y con varios bellacos. Menciona sus premios y las raras distinciones que mereció. Dice de cómo aprendiera a creer en Satán. Indica que busca la publicación de estas “Memorias” porque cree que podría hallar entre sus lectores la solución de los misterios en que el ángel negro metió los dedos, enigmas que le atormentarán por una eternidad. Encontró, por otra parte, que casi todos sus días fueron divertidos a pesar de su depresión. Muchas fueron las noches en que se sorprendiera riendo con pícara satisfacción ante las travesuras de la Providencia, de la que hoy sabe que nadie ríe más ni mejor. Se maravilló ante el alcance increíble de las acciones humanas, por más mínimas que aparezcan, y de la luz casi infinita que proyectan las buenas acciones… A mil días del plazo que debe cumplirse según las estadísticas, encontró Arturo para su propia sorpresa y gracias a estas hojas escritas con cierta prisa que había sido feliz, había plantado varios árboles, tenido hermosos hijos y escrito dos o tres párrafos memorables. Halló que, cumpliendo una Ley que descubriera con su Hombre Masa, esa su vida que siempre viera como un fracaso no lo fue tal vez porque, habiendo recibido el don del Amor, deja obras vivas que lo justifican mejor que esos tomos que desfallecen perdidos en sus cementerios silentes y oscuros, las bibliotecas. No que se avergonzara de una sola de sus líneas, mediocres tantas pero honradas todas, sino que aprendió que las había escrito ante todo por gozar del mero escribir, que ese goce permanecería con él en éste y en cualquier mundo futuro y que todo acabaría bien porque tuvo tiempo para leer y escribir casi hasta saciarse. Pero otros, aunque muy pocos, le siguen en esa saludable ambición de dar a su tierra natal un Galeano, un Skármeta, un Vallejo o un García Márquez. Signados por la misma estrella fatal, encontrarán una que otra diminuta lección escondida entre las líneas de “Memoria del Vacío”, un consejo disfrazado de broma o una serie de errores crasos a evitar. Reconocerán a un camarada de viaje en ese sendero solitario hecho de alegrías casi secretas, esperanzas, zozobras y sueños maravillosos que hacen las noches de cada aprendiz de escritor. Es para esos colegas que Arturo quisiera ver publicado algún día este texto, a su modo original como sus obras y premios: en sesenta años, nunca vio una obra sobre la experiencia de escribir similar a “Memoria del Vacío” y firmada por un compatriota. Para sus amigos lectores, menos aún pero tan fieles, Arturo reserva un par de risas y varias sonrisas, además de una o dos sorpresas, entre estos textos que vienen a servirle de despedida. |
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| Arturo agradecerá muy sinceramente la oportunidad de conocer al autor de esta fotografía. |
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