La prensa boliviana me censura. Le ruego difundir esta nota si lo cree conveniente. Muchas gracias.
Evo y Hitler
A primera vista, parecería que nada hay de común entre un demócrata como Evo Morales y
un dictador fascista como Adolfo Hitler. Sin embargo, algo se da que Evo puede aprender
de Adolfo: un programa que preparara a la juventud del país para hacer más fáciles, qué
digo, hacer posibles los días que deberán venir para progresar en el camino de la creación
de una nuevo país, el que todos deseamos y necesitamos.
Si bien la derrota ha condenado a Hitler a la maldición de la Historia (escrita, como se sabe,
por los vencedores), con el tiempo hemos aprendido, sobre todo si somos alemanes, que
no todo lo que hizo Hitler fue malo necesariamente para su patria de adopción.
Entre lo bueno que hizo Adolfo por Alemania estaría el programa al que me refiero y que se
dedicó a crear el ejército alemán que pocos años después ocuparía Europa. Es un
programa cuyo concepto principal, el de lograr que la juventud conociera su propia patria,
es algo que hoy Bolivia necesita imitar aunque sin decir necesariamente que lo aprendió de
Hitler.
El caso fue que la derrota y el Tratado de Versalles condenaron a Alemania al rol de paria y
mendigo europeo y fue ese mendigo el que heredó Hitler de los políticos alemanes
derrotados por los Aliados: un país condenado a una larga agonía y una posible
desaparición. Sin esa agonía feroz de Alemania tal vez Hitler no hubiera sido posible. Pero
los Aliados lo hicieron posible.
El caso fue, además, que los alemanes se negaron a aceptar la muerte de Alemania; tras la
república de Weimar, versión enfermiza de una democracia fingida, Hitler ganó limpiamente
las elecciones que le hicieron canciller y luego dictador. Como tal fue que inició el
renacimiento y la construcción de su Alemania, que llamó el Tercer Imperio.
Entre su triunfo electoral y la caída de Paris tuvo Hitler que hallar un modo de convertir a las
jóvenes generaciones en buenos soldados. Para ello encontró que nadie lucha ni muere
por un país que no conoce ni ama. Y para crear los ejércitos que lucharían luego en
Europa, Rusia y África comenzó por un programa estudiantil que permitió a los jóvenes
alemanes una oportunidad de conocer y amar a su patria: creó las condiciones que les hizo
viajar por todo Alemania y, sobre todo, dialogar entre ellos, esos mismos jóvenes, mientras
viajaban de punta a cabo por la patria por la que lucharían y morirían pocos años después.
Sin proponer la conquista de la América Hispana yo quisiera proponer aquí un programa
similar al hitleriano que empujara a los jóvenes bolivianos hacia un conocimiento verdadero
de su país. La idea me vino cuando vi en la prensa troglodita boliviana la noticia de que un
grupo de chicos ricos bolivianos celebró su bachillerato yendo a conocer Corea del Sur…
¿Que sucederá si les gusta ese país y no vuelven ya?
Algún papanata habrá que se ría de mi candor, pero será porque no conoce la experiencia
que viví yo: como alumno durante trece años de un colegio extranjero de esos que envían
una misión para “ayudar” a educar niños bolivianos viví y sufrí esa larga y triste experiencia
que se expresa así: de los 20 bachilleres que salimos de allí, 19 se morían por irse al país
aquel, vivir, trabajar y morir allí. Varios lo lograron y estudiaron una profesión, la ejercieron
en ese país y se morirán allí mismo, turistas que son cuando vuelven (si vuelven) a Bolivia.
Es lo que se llama “fuga de cerebros”. Bolivia invirtió en ellos su educación inicial, Alemania
invirtió su profesión y Alemania se benefició con toda su vida profesional… Mal negocio sin
duda para Bolivia.
Nada ha cambiado hoy en cuanto a esa fuga de cerebros, excepto que ahora la practican
muchos países; Corea del Sur también, por lo visto. ¿Qué gana Bolivia con ese ‘intercambio
cultural” que es en realidad un robo de cerebros?
Ello sucede porque, tras trece años de educación extranjera, es casi imposible evitar que el
cholito que la experimenta no quiera hacerse alemán, yankee o coreano, sobre todo si se
considera la serie de derrotas y fracasos que llamamos Historia de Bolivia. Es un fenómeno
similar al que empuja al ‘camba’ hijo de ‘colla’ a maldecir a sus padres: el pobre chico cree
que si los maldice se libera de la herencia de derrotas y fracasos que ha visto sufrir a sus
padres.
¿Qué sucedería si los bachilleres del Colegio Alemán visitaran a los bachilleres del Colegio
Ayacucho y se dedicaran a un honesto intercambio de ideas? ¿Qué sucedería si esos
hitleristas en potencia fueran a la selva boliviana o al Lago Sagrado y conversaran (aunque
necesitaran de un intérprete o de varios) por un día o dos con los bachilleres que
encontrarían allí?
¿Qué sucedería si los bolivianos iniciaran y aplicaran un programa de intercambio
estudiantil DENTRO de nuestras fronteras para que los jóvenes bolivianos se conocieran
entre ellos y conocieran su propio país? ¿Entenderían LAS RAZONES por las que Bolivia
debe sufrir los dolorosos cambios que necesita y contribuirían a hacerlos menos dolorosos?
¿O mantendrían las horribles diferencias que hoy separan a ricos y pobres, indios y
mestizos?
Por supuesto, no es necesario que Evo Morales lance uno o diez decretos para iniciar un
programa como el hitleriano. Bastaría con que los colegios ricos y pobres decidieran hacer
este servicio vital a sus educandos y les ayudaran a conocer su propia patria. No les
sucedería como a mí, que conocí Boston antes que Potosí. Claro que yo soy un k’ara
diferente; basta leerme… jejeje.
Pero dejo plantada la idea: haced, hermanos míos, lo que os plazca.