Ahora que Evo Morales goza del suicidio de lo que alguna vez fuera una “oposición”
(ignorantes, bárbaros, enfermos mentales y nazis), sería bueno que se hiciera operar la
nariz y dedicara esa pausa de descanso a estudiar el caso de Africa del Sur y su todavía
recordado apartheid.
A pesar de los mitos y leyendas que rodean a Mandela y Desmond Tutu, la historia de
Africa del Sur NO es la de un gran éxito social ni político, sino una triste narrativa de lo que
sucede cuando se niega la Justicia y se intenta reemplazarla con falsos usos de la palabra
“conciliación” en burdas comedias presentadas en “tribunales” dedicados a escuchar
historias de horror y perdonar a quienes cometieron esos horrores.
Como recuerdan mis lectores más despiertos, esa triquiñuela consistió en llamar a cientos,
si no miles, de víctimas del apartheid para que relataran sus sufrimientos, acusaran a sus
victimarios y para que víctimas, jueces y muchedumbres perdonaran a tales verdugos si
confesaban allí mismo sus crímenes. El resultado fue la liberación de miles de verdugos y
torturadores y la frustración de cientos de miles de víctimas. Esto es, incontables crímenes
sin castigo.
Un resultado adicional fue la posterior epidemia de violaciones que sufrieron niñas y
mujeres sudafricanas durante los años siguientes, una plaga que aún no desaparece, y los
miles de casos de SIDA y otros males sexuales que están diezmando las ciudades. También
la delincuencia y la violencia alcanzaron niveles espectaculares y este es el día en que un
truhán de trayectoria nebulosa y reconocida heredará el poder político para convertir al
país en otro ejemplo africano de barbarie, violencia, hambre y criminalidad.
Aunque la gran prensa de Occidente oculta como siempre verdades tan desagradables
como la realidad sudafricana, la tragedia de ese país no puede negarse hoy en día. Los
horrores del apartheid merecían juicios y castigos, no perdones hipócritas o cobardes, y el
fracaso de sus gobernantes en la urgente tarea de dar Justicia a su pueblo provocó la más
grande crisis moral que haya visto el Continente del Horror y lustros ya de violencia, crimen
y ataques contra los más débiles, especialmente las violaciones de niñas y mujeres hasta
un punto en que se afirmó que ninguna se salvaba en Africa del Sur de esos ataques.
Para Evo Morales y los bolivianos de sana conciencia (que son muchos menos de lo que se
cree, pues son una minoría de la población en las ciudades) el problema de la Justicia es tal
vez más difícil en Bolivia de lo que fue y es en Africa del Sur.
Consiste en la educación o el reemplazo de toda una clase social, jueces, abogados y
tinterillos, y de lo que se denomina Poder Judicial, tal vez el ejemplo más evidente de
corrupción generalizada de muchas generaciones, si no de todas desde 1825.
Para la población en general, y especialmente los humildes que sufren de los abusos de
estos “hombres de leyes” desde que tales “leyes” se inventaran, la realidad es una cruel
paradoja: acostumbrados a sufrir tales abusos, hoy tienen miedo de acabar con ellos y con
quienes los cometen. Parecen preferir la continuidad de semejante situación. No pueden
imaginar un día en que se respeten sus derechos.
Para los miembros del mal llamado Poder Judicial y los componentes individuales de la
enorme y feroz maquinaria que le sirve desde el más humilde tinterillo, la situación actual es
la vigencia total de la corrupción y el desprecio del concepto más elemental de Justicia en
su correcta concepción.
Esa corrupción comienza, claro, en los enunciados mismos de la Constitución que Morales
espera desplazar este 25 de enero. De esa Constitución y de sus anteriores hermanas,
inventadas y escritas todas ellas para estafar a las grandes mayorías nacionales y
beneficiar a esa casta de “doctorcitos”, compendios de leyes creadas para perpetuar la
explotación y el abuso, derivan las secundarias y las menores que componen los absurdos
en que patalean jueces, fiscales y otras “autoridades” que se contradicen a cada paso y
demuestran que, para ellos, la atmósfera natural es la compra-venta diaria de conciencias.
Más difícil es imaginar lo que pasa por el cerebro de los especialistas en las diversas ramas
del llamado “Derecho” cuya carrera se hace retorciendo ese “derecho”, engañando y
despojando a los humildes e interpretando las malas “leyes” para robar al Estado.
Un ejemplo de tales “especialistas” millonarios tras una vida de argucias y trampas contra
Bolivia son los abogados de las petroleras internacionales cuyos nombres y apellidos son
conocidos por cientos si no por miles de bolivianos.
Puede decirse que todos conocemos a los “doctorcitos” especializados en robar al Estado
“legalmente” y servir a los enemigos del pueblo boliviano. Esto es, aprovechar los pozos y
lagunas de las malas leyes a las que da vida una mala Constitución para enriquecerse
promoviendo los falsos “derechos” de las internacionales.
Pero tales especialistas no sólo roban al estado “legalizando” los latrocinios de esas
empresas sino que protegen y promueven otras operaciones que derivan en estafas y
robos contra el Estado boliviano.
Tal es el caso, por ejemplo, del ingeniero de minas que trabaja para Comibol, encuentra
nuevos tesoros subterráneos y vende su ubicación secreta a empresas extranjeras en lugar
de informar a Comibol sobre esa nueva riqueza. Igual, todos conocemos los nombres de
esos “buenos” bolivianos que estafan y estafaron a Bolivia durante toda su carrera
profesional.
Esta tarea, la de reemplazar a jueces corruptos (recuérdese la crisis de los misiles chinos,
ejemplo de corrupción de un ex jefe de la Suprema, representante y símbolo del Poder
Judicial, presidente del país y traidor a la patria durante los 15 minutos en que le tocó
“gobernar”) aparece como poco menos que imposible: no se pasea Branko por el país todo
aunque existen una o varias órdenes de detención contra él? ¿No intentaron los jueces
corruptos de Sucre la liberación de ese Fernández, genocida y torturador desde los
tiempos de Banzer? ¿No producen las universidades de todo el país abogados, leguleyos y
tinterillos del mismo corte y los mismos defectos de sus profesores? Recuérdese que los
estudiantes fascistas enmascarados de San Simón son indios, hijos y nietos de indios que
odian a los indios porque creen estar en peligro de perder sus “privilegios”. ¿Cuáles
“privilegios”? Los de usar las malas “leyes” de la mala Constitución que Morales quiere
reemplazar para continuar abusando y robando a los humildes.
Estos vicios son tan antiguos como la república misma. Chuquisaca no es lo que es, un nido
de racismo vicioso, brutal e ignorante, por un milagro de Satán. Quienes nacieron allí y
mamaron desde un primer instante su racismo histérico y ciego sufren hoy pataletas
públicas de odio desenfrenado contra el indio ante el asombro de sus compatriotas más
hechos a la idea de que el racismo es absurdo en un país en que todos somos mestizos de
veinte razas. Todos los conocemos y sabemos de sus apellidos “distinguidos” como de sus
logros profesionales. Está el arquitecto de fama continental que publica libros para difundir
su odio al indio, un odio que difunde también a grito pelado, y está el ricacho cada día
menos ricacho que vomita ese odio si se sienta a comer y le mencionan la palabra “indio”.
Esto es, existe toda una cultura racista y centenaria desarrollada por los “doctorcitos” y los
tinterillos de Chuquisaca. Que se hizo en los sótanos, las cuevas y los salones oscurecidos
de viejas mansiones es cierto, pero que Evo la ha forzado a sacar su sucia cara no es
menos cierto.
Este grupo social que se oculta tras hipocresías, rezos y novenas, perfumes y modas y se
piensa la “sociedad” cuando es en verdad el pueblo enfermo de que hablaba un viejo autor,
es el enemigo ladino del pueblo boliviano, enemigo que, al percibir que no tiene ya un
futuro, ofrecerá una resistencia muda y feroz antes de desaparecer cuando las nuevas
generaciones prefieran un país de ciudadanos libres en lugar de una satrapía de esclavos y
tinterillos serviles.
Al paso que van las cosas, Evo Morales no tendrá tiempo para ver ese cambio. Y es que la
Nueva Bolivia depende de todos y hay muchos bolivianos, tal vez demasiados, que
prefieren sus propios “privilegios” antes que un país orgulloso de su Justicia.
El que Evo simplemente intentara ese cambio nos da ya una idea de la estatura moral del
primer mandatario indio y de la pequeñez espiritual de sus enemigos, las clases “educadas”
del país.
Las Tareas de Evo: La Justicia
|