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Arturo von Vacano
El año concluye con notables bendiciones de Inti para su principal protegido, el
sensacional Evo Morales, cuyos 2/3 electorales hacen un nuevo récord, cuyas
enredadas declaraciones en idioma extranjero (el del conquistador español) en
Copenhague han despertado ecos mundiales, cuya política económica alcanza un éxito
sin precedentes en Bolivia que es aplaudido por Newsweek del 21 de Diciembre en su
página once cuando dice (y traduzco): “Morales ha sido un modelo de austeridad fiscal;
ha creado reservas enormes; ha hecho acertadas inversiones en infraestructura,
electricidad y microfinanzas; ha diversificado el comercio para depender menos de EE.
UU. Así, mientras Venezuela sufre apagones, escasez de agua e inflación de dos
dígitos, Bolivia crece con mayor rapidez que en cualquier momento de sus últimas tres
décadas. Y eso si es radical”.
Solo una minoría muy selecta de sus compatriotas (los más avisados) ha podido
percibir en sus verdaderas dimensiones esta proyección mundial del primer Presidente
de Bolivia que puso al país en el mapa del mundo, conquista las simpatías de billones
en los cinco continentes y nos dio razones reales y verdaderas para sentirnos
orgullosos (yo, por primera vez en mis 72 años) de nuestro país y nuestro Presidente.
Evo trajo a Bolivia de la luna (que es donde el mundo pensó que estaba) y la puso en
los titulares de la prensa importante universal.    
La gran mayoría de sus compatriotas continúan condenados a una ceguera perenne
sobre los éxitos de su Presidente y el 90% de los eventos que hacen girar al mundo
por una prensa impresa local despreciable y mentirosa, una televisión que miente y
engaña minuto a minuto y una oposición falsa compuesta de idiotas, truhanes,
ladrones y asesinos que provocarían el pasmo planetario si nuestros periodistas
cumplieran su deber al presentar esa galería singular de malhechores más allá de
nuestras fronteras.
Y por eso tiene razón también en este caso el Presidente cuando afirma que “más me
quieren fuera que dentro de Bolivia”. Es que fuera no se da el racismo brutal, ignorante
y venenoso que distingue a la sociedad “decente” y “bian” boliviana, la que dio 200
años republicanos a su pueblo para explotarlo de manera inhumana y feroz.
Pero, bueno. Cada día llega con sus incordios y esta Navidad pagana (beban y coman
como cerdos, católicos) nos da una pausa para festejar al Presidente sensacional en
su momento de gloria. Ya nos dará Evo oportunidades varias para tirarle tomates y
demostrar que somos independientes en nuestra opinión. Hoy le felicitamos por su
buen Diciembre y le deseamos muchos iguales con tal que no cambie de ideales;
sabemos que de piel no puede cambiar como lo hicieron el MNR, el MIR y otros que
deberían estar pudriéndose en celdas oscuras como sus conciencias.
Brilla más la figura del hombre de bronce en contraste con la del mentiroso de
chocolate que se aprovechó del desprecio universal contra Bush (y de la estupidez
humana, que premió a Obama por reemplazar a Jorgito el Odioso) para usar su perfil
grato y su lengua de oro y convertirse en el hombre más poderoso del mundo mediante
una promesa imposible: “Cambio”.
No es coincidencia simple el que esta bandera haya sido la misma que enarbolara Evo
Morales al iniciar su etapa presidencial: Bolivia aúlla de dolor y hambre porque precisa
de urgentes cambios; el Imperio se derrumba de prisa entre hambres y miserias porque
necesita cambios tanto o más urgentes (un gerente gana allá 40.000 veces más que
un obrero por destruir la fábrica donde ambos “trabajan”); tampoco es coincidencia el
que Barak Obama hubiera traicionado su promesa de manera harto sensacional aún
antes de ocupar su cargo (bajó del 90% al 42% de popularidad antes de cumplir un
año de “emperador”), que abandonara a sus asesores y amigos “liberales” para
entregarse al Pentágono y a Wall Street y que haya subrayado la estupidez noruega
de regalarle un Nobel ya desprestigiado como el primer “emperador” orwelliano con su
brutal “la guerra es paz”, burdo intento de negar que un Bush negro reemplaza a un
Bush blanco tal y como dijo Don Evo ayer nomás. En cuanto a “cambio”, Obama
apenas lleva diez centavos devaluados en el bolsillo y es el único cambio de que puede
hablar como capitalista salvaje.
Se dan, sin embargo, quienes le creen cuando dijo en Oslo que lo premiaron más por
su potencial que por sus realizaciones aunque nada ha logrado y ha mentido a todos.
Sus compatriotas (héroes idiotas y bonitos desde 1776) no saben cómo hacer ante
esta estafa sin paralelo en la historia humana (los ladrones salieron ganando; el mundo
perdió y pagará las deudas de los ladrones, léase banqueros gringos) que Obama hizo
posible distrayendo a sus víctimas con su piel oscura, su pico de oro y su refinado
estilo, obra maestra de la “educación” occidental.
Por supuesto, si los gringos fueran bolivianos, ya habrían aparecido grafitos en las
paredes de los 50 estados de EE.UU. diciendo “Obama, o te vas o te matamos”, que es
lo menos que Obama se merecería a estas alturas, pero los gringos no son bolivianos,
para desgracia del mundo: 300 años después de su aparición como ente
independiente (década más o menos) los gringos siguen sin saber quiénes son sus
enemigos, si los Talibanes de Afganistán, los Al Quaeda de Irak, los comunistas del
Tíbet o los plutócratas de Wall Street que gobiernan el mundo conocido.
Diez generaciones de gringos han marchado para asesinar a mansalva desde la
conquista del Lejano Oeste hasta la guerra de Pakistán y ninguna supo nunca por qué
asesinó y mató ni (en la mayoría de los casos) en cuál país asesinaron ni para qué.
Ignorantes y brutos por designio de sus gobernantes, son dueños de las mejores
universidades pero son el pueblo más infeliz del planeta: consumidores por siempre
jamás, su mente común de adolescentes eternos les condena a una vida bruta y
solitaria.
Para traer al mundo a un gringo nuevo, cada madre gringa goza apenas de un día de
permiso en su empleo (hoy, USA depende del trabajo de sus mujeres más que del de
sus “héroes”); una madre europea goza de tres meses por lo menos; los empleados
gringos pierden cada día que se enferman en dólares devaluados; comen porquerías
que los ha convertido en el pueblo más obeso del globo (jo, jo, jo), van a la guerra en
condiciones de lujo y sólo por tres meses seguidos (más no aguantan) para ser
derrotados vilmente por una banda de talibanes descalzos, semi-desnudos y
prácticamente desarmados (sólo saben armar bombas improvisadas) contra los que los
gringos lanzan aviones sin piloto (drones) manejados desde Las Vegas (son valientes,
estos “héroes”). Si mi lector cree que tiene problemas, mire nomás al bueno de Obama.
Pero, bueno. No todas son malas noticias. Los 50.000 soldados (jóvenes pobres que
huyen del desempleo) que enviará a Afganistán (uno de cada siete volverá a casa loco
como una cabra) son 50.000 “héroes” que NO enviará a Latinoamérica en complicidad
con Uribe; la guerra de Pakistán es un pantano de 20 años y 190 millones de
paquistaníes del que el negro de la lengua de oro no podrá salir mediante frases
bonitas (desde ya lo llaman el ‘Lyndon Johnson de Afganistán’. Johnson, como usted
recuerda, fue derrotado por Vietnam y murió frustrado y solo poco después). Chinos,
japoneses, árabes y otros acreedores ya se lo han dicho: “los odiamos, gringos, pero
no podemos hacer nada (por el momento)”, con referencia a la deuda externa de USA.
Están buscando lo que deben hacer durante 24/7, así que cualquier día de estos la
alternativa obamesca será: “o pagamos la deuda o usamos la Bomba; no podemos
pagar… ¿qué nos queda?” Y pensar que usted no puede dormir por las cuotas de su
auto…
Si, este extraño Diciembre ha traído algunas sorpresas al mundo, que se porta amable
con el campeón indio de los miserables de toda la Tierra y da premios falsos al
emperador falsario que logró timar a todos con su promesa desalmada de “Cambio”.
Todo lo cual nos lleva a olvidar que ya nada importa un pepino: ya es tarde para
salvarnos del clima; Copenhague demostró que la raza humana no alcanzó nunca el
grado de civilización necesario para salvar su planeta y se condena a desaparecer
pronto con este grano de arena que habita en un Universo infinito…
Aunque siempre habrá tiempo para otra cerveza, ¿o no?
 



 
Evo y Obama
Dic.09