La prensa boliviana me censura. Le ruego difundir esta nota si lo cree conveniente. Muchas gracias.
Evo y el Perú
Cuando Evo abrió la boca para criticar la demanda peruana en La Haya como un acto
contrario a los intereses de Bolivia decidan lo que decidieran, Evo tenía razón;
Eduardo Frei, ex Presidente de Chile y su futuro Presidente (así funciona la
‘democracia’ chilena) lo afirmó oportunamente para la prensa mundial, y no es ni será
el último.
Cuando Evo criticó al gobierno de Alan García por la operación armada y criminal
lanzada contra los indígenas peruanos, Evo tenía razón; antes que las fronteras de
chiste que sólo sirven para enriquecer pillos y que se dice separan a nuestros
pueblos, está el deber de todo ente bien nacido de protestar a viva voz contra
crímenes como el de Bagua. Alan García era ya un criminal al comenzar su gobierno.
Sabemos que es un asesino de larga y sangrienta trayectoria. Sólo una diplomacia
anacrónica y ciega fuerza el respeto por una “soberanía” que el Imperio destruyó
hace décadas y convirtió en mito. ¿Acaso la Operación Cóndor respetó fronteras?
Por lo demás, la guerra que libra Lima contra lo que los peruanos llaman el Perú
Profundo es ya centenaria: como joven reportero durante el gobierno de Belaunde
Terry fui impotente testigo hace cuatro décadas del bombardeo de un pueblo indígena
en Ayacucho por aviones jet de guerra, una de las tantas ‘gloriosas’ batallas limeñas
contra los indios del Perú.
Entonces como hoy, esa fue y es la misma guerra muda peruana contra sus indios,
otra de las muchas que se libraron en este Continente y nos permiten hablar de
nuestro propio Holocausto. ¿Qué de extraño hay, pues, en que el indio Evo critique a
los asesinos de sus hermanos indios? ¿Cuál nación es más antigua y más vigente, las
repúblicas que se fingen independientes pero son colonias económicas (y políticas), o
las naciones indias que vienen soportando medio milenio de violencia ‘secreta’ librada
por sus gobiernos opresores?
Cuando García se las da de ‘civilizado’ y habla a Evo cual si fuera su pongo, lo que
intenta es distraer la perdiz para evitar que el mundo despierte ante el constante
genocidio peruano contra sus pueblos indígenas. El Perú tiene, como Bolivia, una
legión de autores que vienen denunciando esa situación durante siglos.
No es necesario sin embargo citar cien nombres; con dos o tres podemos ilustrar a mi
estimado lector: Manuel Scorza, de renombre universal, muerto prematuramente en un
extraño accidente aéreo en Madrid; Salazar Bondi, autor de “Lima la Horrible”, título
que no necesita mayor explicación, y el inolvidable Arguedas peruano cuya
desesperación ante la suerte inhumana de su Perú Profundo le llevara a pegarse un
tiro hace medio siglo en una universidad
limeña. Esos datos bastarán para informarse plenamente en cualquier biblioteca sobre
los crímenes que hoy García Intenta ocultar. Algunos de los crímenes de su primer
gobierno fueron denunciados muchas veces y en muchos impresos y comentarios
como el reproducido en mi libro “Evo”, publicado este año en Bolivia y hace tres años
en amazon.com.
Como viene conduciéndose desde el triunfo de Morales en 2005, la prensa ‘grande’
boliviana ha decidido optar por una actitud de enemistad acérrima contra el indio
Morales y todos los indios de Bolivia y una ‘amistad’ circunstancial con el régimen de
Alan García, ilustrando así la tragedia que tanto indios como mestizos vienen
preparando para Bolivia: “antes que la Patria, la raza, caiga quien caiga”. Tal es la
polarización que la gran mayoría de los bolivianos alienta día a día mediante el simple
gesto de ignorar al “diferente“ y no escuchar ni creer más que al “igual”.
Esta actitud, que en el caso de Evo mismo consiste en ignorar a los k’aras y no
trabajar con ellos de modo alguno, se refleja con claridad meridiana en la juventud
urbana boliviana, su ‘cultura’ anti-india, su música copiada de artistas
norteamericanos negros y de todo color, su televisión hecha de espasmos roqueros y
su decisión unánime de dar la espalda e ignorar al fenómeno social más importante de
nuestra historia y el más interesante para gran parte del mundo exterior.
Con ligeras variantes, es la tradicional actitud de Lima contra el resto del Perú,
especialmente el andino y el amazónico: los indios no son seres humanos, Bolívar y
Sucre fueron unos advenedizos en la capital virreinal que habrá de preferir para
siempre el mundillo de la Perricholi en el que cada puta era duquesa y cada duquesa
era puta por tanto, y sólo puede darse una solución para el problema del indio
sudamericano: borrarlo del mapa… ideas que no son nuevas para Bolivia.
Escuchamos ecos similares en Chuquisaca, a la que jamás deberemos llamar Sucre
porque quien conoce nuestra historia sabe que no deberíamos insultar así al
Libertador.
Afortunadamente, y a pesar de Evo y de sus enemigos, un fenómeno no
necesariamente nuevo está tomando un lugar central en el devenir de nuestros
desafortunados pueblos: el mestizaje, hijo de las migraciones hacia las ciudades,
pondrá fin al Tahuantinsuyo II y a las viejas oligarquías.
Como siempre, los bolivianos, todos los bolivianos, deberán decidir cuánta sangre,
cuánto sudor y cuántas lágrimas nos costará ese proceso irreversible y veloz; pero,
cueste lo que costare, nos dará el primer boliviano “tipo” y, con él, la primera
esperanza bien fundada de que podremos crear nuestra nación. (Junio-09.)