¿Qué hizo posible el rechazo temporal de la estafa más grande de la historia de la
humanidad? ¿Cómo fue posible que un grupo de políticos corruptos decidiera rechazar
(por el momento) la entrega de 700 mil millones de dólares a los pillos de Wall Street?
En dos palabras: su fanatismo.
Cuando la base misma, el alma de su religiosa fe en el capitalismo brutal que rige USA
desde su fundación se hundió hasta esfumarse, los congresistas gringos no pudieron
abandonar la ideología esencial capitalista en la que creen más que en Dios. Se negaron
a aceptar la “socialización” de las pérdidas de Wall Street que consistió en hacer
responsable a USA entero de las trampas y estafas cometidas por los “amos del
Universo”, como les gusta llamarse a sí mismos a los amos de ese famoso callejón.
La piedra angular del capitalismo, como dijera hace dos días el gobernador de Carolina
del Sur Mark Sanford, él mismo un veterano de Wall Street, se expresa así:
“Durante 200 años, el ‘modelo empresarial’ de USA se asentó sobre un simple hecho:
que así como uno puede cosechar recompensas por tomar riesgos, uno debe estar
preparado para aceptar las consecuencias negativas de esos riesgos”.
Esto es: así como uno acepta la plata ganada cuando los negocios van bien, así debe
aceptar uno las pérdidas cuando los negocios van mal (o cuando uno es un pillo o un mal
hombre de negocios).
Es con ese axioma, el Primer Mandamiento del capitalismo, que USA ha explotado al
mundo y la plutocracia gringa ha explotado a USA desde que George Washington se hizo
presidente.
Pero Satán quiso burlarse de USA y obligó al peor presidente de su historia a demandar
de su pueblo la medida “socializante” más espectacular de los 60.000 años de historia
humana, la ley sobre esos 700 mil millones. Fue algo así como si el mismo Carlos Marx lo
hubiera hecho. No. Fue peor: lo hizo George Bush, hasta ayer mismo el dios del
capitalismo moderno.
Para los capitalistas de corazón fue como si, siendo católicos, Jesús hubiera descendido
en una nube para decirles que todo fue un chiste y que lo mejor es servir a Satán desde
hoy porque el Diablo no miente. Fue peor que si el papa hubiera confesado que no es
infalible. O que Israel confesara que comete otro Holocausto en el Medio Oriente.
Es así como se puede entender la reacción de los congresistas que se negaron a
aceptar la tal “socialización” con palabras que nos harían creer que están sirviendo a su
conciencia. Escuchemos a algunos en ese momento histórico, al rechazar la tal
“socialización”.
“Este es un trozo enorme de bosta de vaca con un caramelo en la punta, y no voy a
comerme esa bosta”, dijo el congresista republicano por Georgia Paul Broun.
“Ahora los capitalistas pillos y sus compinches de Wall Street ponen una bolsa de caca
de 700 mil millones en las narices de los contribuyentes y esperan que les agradezcamos
cuando la aceptemos”, comentó el republicano de Michigan Thaddeus McCotter.
“Este es un callejón sin salida de un trillón de dólares bañado en oro y hervido en
diamantes”, acotó Lloyd Doggett, demócrata de Texas.
Claro que al concluir la semana que corre también correrán los millones entre los “amos
del Universo” y los bolsillos de estos congresistas, y todo el pueblo de USA en cuatro
generaciones tendrá que tragarse esta deuda de 700 mil millones.
No en balde pintó el gobernador Sanford el instante actual como en realidad es: ‘Un
paralelo entre nuestro país (USA) y el ocaso del Imperio Romano”, santas palabras que
me huelen a rosas y miel.
Aunque no mucho, porque me sucede que en esta misma semana escribí una nota en la
que criticaba a mi Presidente de Bolivia preferido, el mejor presidente hayamos tenido
desde Simón Bolívar y Antonio José de Sucre, porque no estoy del todo de acuerdo con
el modo en que conduce la inevitable reforma de la constitución boliviana.
¿Va a creerme usted que un fanático comunista, editor de un sitio en el Internet que me
acogió durante años, se negó a publicar esa nota? “O con Evo Morales o contra él. No
es momento de criticarlo”, me dijo, y tiró mi nota al basurero en un gesto fanático de
censura política evidente.
Si bien y por un lado me encantó constatar que los admiradores de Evo Morales son sus
fanáticos, por otro lado debo afirmar que no existe ni debería existir causa, país u hombre
alguno que nos lleve a dejar los sesos en el refrigerador y actuar como si fuéramos
monjas al servicio del Papa. Miren lo que pasa con los congresistas gringos.
Esta semana fue buena, pues, para declarar la muerte de toda ideología, sea el
capitalismo brutal de Bush o el comunismo de Marx (otra religión) y decir una vez más
que si la gente pensara tanto como se deja llevar por sus fanatismos y si se acabaran
todas las religiones la humanidad viviría mejor, con mayores esperanzas y mayor
igualdad. Todo fanatismo es camino hacia la violencia, la guerra y el sufrimiento de la
especie. Hasta los que provoca el fútbol.