BREVE HISTORIA DEL NEOLIBERALISMO

Veinte años de economía de elite y las oportunidades para un cambio estructural.
Por: Susan George   Ph.D

Los organizadores de esta conferencia me han solicitado una breve historia del Neoliberalismo que titularon:
“Veinte años de economía de elite”. Siento mucho decirles que para que esto tenga sentido, debo partir
desde un poco más atrás, tal vez unos 50 años, al finalizar la Segunda Guerra Mundial.
Si en 1945 o 1950 alguien hubiera propuesto cualquiera de las ideas o políticas que hoy son comunes en el
recetario neoliberal, se habrían reído en su cara o lo habrían enviado a un asilo de locos. En esa época, al
menos en los países occidentales, todos eran keynesianos, socialdemócrata, socialcristiano demócratas o
de alguna variante del marxismo. La idea de que el mercado podría tomar las principales decisiones políticas
y sociales; la idea de que el estado debería reducir su rol en la economía o que las corporaciones pudieran
tener plena libertad, que los sindicatos debían ser restringidos y a los ciudadanos se debería dar menos en
vez de más seguridad social -tales ideas eran completamente ajenas al espíritu de la época. Aunque pudiera
haber habido alguien de acuerdo con esas ideas, él o ella habría vacilado en adoptar tal posición en público
y habría tenido grandes dificultades en encontrar quien escuchara.
Sin embargo, por increíble que parezca hoy día, particularmente entre los jóvenes, el FMI y el Banco Mundial
eran vistos como instituciones progresistas. Se les llamaba a veces, los “gemelos de Keynes”, porque eran
los engendros mentales de Keynes y de Harry Dexter White, uno de los cercanos consejeros de Franklin D.
Roosevelt. Cuando en 1944 se crearon estas instituciones en Bretton Woods, su mandato era ayudar a
prevenir futuros conflictos, apoyando la construcción y el desarrollo y resolviendo problemas temporales en
las balanzas de pagos. No tenían ningún control sobre las decisiones económicas de los gobiernos
individuales, ni su mandato incluía una licencia para intervenir en las políticas nacionales.

En las naciones occidentales, el estado de Bienestar y el New Deal habían estado funcionando desde los
30, pero su expansión había sido interrumpida por la guerra. En la posguerra, la primera instrucción fue
reponerlos. El otro importante ítem de la agenda, fue volver a reponer el movimiento del comercio mundial -
esto se cumplió a través del Plan Marshall, que de nuevo estableció a Europa como el principal socio
comercial de los Estados Unidos, la principal economía del mundo. Fue en este tiempo cuando fuertes
vientos de descolonización comenzaron a soplar, en donde la libertad fue obtenida por medio de acuerdos,
como en India, o a través de la lucha armada, como en los casos de Kenya, Vietnam y otras naciones.
En conjunto, el mundo había firmado una agenda extremadamente progresista. El gran estudioso Karl
Polanyi, publicó su obra maestra La Gran Transformación en 1944, una fiera crítica a la sociedad industrial
del siglo XIX, basada en el mercado. Entonces, han pasado más de 40 años desde que Polanyi hizo esta
asombrosamente profética y moderna declaración: “Permitir al mecanismo del mercado ser el único director
del destino humano y de su ambiente natural… resultaría en la demolición de la sociedad” (p.73). Sin
embargo, Polanyi estaba convencido de que tal demolición ya no podría ocurrir en el mundo de la
posguerra, porque como decía (p. 251): “Desde dentro de las naciones, estamos presenciando un
desarrollo bajo el cual, el sistema económico no dicta la ley a la sociedad y se asegura así la primacía de la
sociedad sobre ese sistema”

Pero lástima, el optimismo de Polanyi estaba mal ubicado -el punto central del neoliberalismo es que al
mecanismo del mercado, debería permitírsele dirigir el destino de los seres humanos. La economía debería
dictar sus leyes a la sociedad y no al revés. Y tal cual lo previó Polanyi, esta doctrina nos está conduciendo
directamente hacia “la demolición de la sociedad”.

¿Y entonces qué pasó? ¿Por qué hemos alcanzado este punto, medio siglo después de la Segunda Guerra
Mundial? O como han preguntado los organizadores: “¿Por qué tenemos esta conferencia justo ahora?” La
respuesta es breve: “es debido a la serie de crisis financieras, especialmente en Asia”. Pero esto reclama
otra pregunta y es la pregunta que realmente se están haciendo, que sería: “Cómo llegó a emerger el
neoliberalismo desde su posición de ghetto ultra-minoritario para transformarse en la doctrina dominante
que es hoy día?” ¿Por qué el Banco Mundial y el FMI pueden intervenir a voluntad y forzar a los países a
participar en la economía mundial, en términos desfavorables? ¿Por qué la Seguridad Social se encuentra
amenazada en todos los países en donde alguna vez fue establecida? ¿Por qué el medio ambiente se
encuentra al borde del colapso y por qué hay tantos pobres en los países ricos, y porque los países pobres
están siendo saqueados, en un periodo como éste, de tanta riqueza? Estas son las preguntas que deben
responderse desde una perspectiva histórica.
Como alegamos en la revista trimestral Dissent, una explicación posible para el triunfo del neoliberalismo y
de los desastres económicos, políticos, sociales y ecológicos que lo acompañan, es que los neoliberales han
comprado y pagado su propia “Gran Transformación” viciosa y regresiva. Ellos comprendieron -como no lo
hicieron los progresistas- que las ideas tienen consecuencias. Partiendo de un pequeño embrión en la
Universidad de Chicago, con el filósofo y economista Friedrich von Hayek y sus estudiantes –como Milton
Friedman en su núcleo-los neoliberales y sus patrocinadores, crearon una enorme red internacional de
fundaciones, institutos, centros de investigación, publicaciones, académicos, escritores emparrillados en
relaciones públicas, para desarrollar, empaquetar y promover incansablemente sus ideas y doctrinas.

neo6Ellos construyeron este cuadro ideológico tan altamente eficiente, porque comprendieron lo que decía
el pensador marxista Antonio Gramsci cuando desarrollo el concepto de hegemonía cultural. Si Ud. Puede
ocupar la cabeza de la gente, sus corazones y sus manos le seguirán. Yo no puedo dar detalles aquí, pero
créanme, el trabajo ideológico y promocional de la derecha ha sido absolutamente brillante. Gastaron
cientos de millones de dólares, pero el resultado justifica cada centavo invertido, pues lograron hacer que el
neoliberalismo pareciera como si fuera la condición natural y normal de la humanidad. No importando
cualquiera haya sido el tipo o número de desastres que creó tan visiblemente el sistema liberal; no
importando qué crisis financiera haya engendrado ni cuántos perdedores ni cuántos marginados vaya a
crear, así y todo, parecía inevitable –como un acto divino– como si fuera el único orden económico y social a
nuestra disposición.

Permítanme enfatizar cuan importante es comprender que este vasto experimento neoliberal bajo el cual
todos estamos forzados a vivir, ha sido creado por gente con un propósito. Cuando ustedes capten esto,
cuando ustedes comprendan que el neoliberalismo no es una fuerza como la gravedad, sino una
construcción totalmente artificial, también podrán comprender que lo que algunos han creado, otra gente,
pueden cambiarlo. Pero no pueden cambiar esto sin reconocer la importancia de las ideas. Yo de todo
corazón, estoy con los proyectos de las bases, pero también advierto que todos esos proyectos pueden
colapsar si el clima ideológico le es hostil a sus propósitos.

De este modo, desde una secta pequeña e impopular –casi carente de influencia– el neoliberalismo ha
llegado a ser la mayor religión universal, con su doctrina dogmática, su sacerdocio, sus instituciones
legislativas y quizá, lo que es más importante, su infierno para los herejes y pecadores que se atreven a
oponerse a la verdad revelada. Oskar Lafontaine, el ex Ministro de Finanzas de Alemania –a quien el
Financial Times llamó un “keynesiano no reconstruido”– recientemente fue enviado al infierno porque se
atrevió a proponer impuestos más altos a las corporaciones, junto con recortes de impuestos para las
familias ordinarias y menos afluentes.

Habiendo establecido el escenario y el contexto, déjenme apurarme para regresar al marco de 20 años que
se me solicitó. Esto significa 1979, el año que Margaret Thatcher llegó al poder y lanzó la revolución liberal
en Gran Bretaña. La Dama de Hierro era ella misma una discípula de von Hayek, era una social darwinista
que no le daba escalofríos expresar sus convicciones. Era muy conocida por justificar su programa con una
sola palabra, T I N A : There is No Alternative ( No hay alternativa). El valor central de la doctrina de la
Tatcher y del neoliberalismo en sí mismo, es la noción de competencia -competencia entre naciones,
regiones, empresas y por supuesto, entre individuos. La competencia es central porque separa las ovejas
de los carneros, los hombres de los niños, los aptos de los ineptos. Se supone que distribuye los recursos,
sean físicos, naturales, humanos o financieros con la mayor eficiencia posible.

En un agudo contraste, el gran filósofo chino Lao-Tze termina su Tao-te-Ching con las siguientes palabras:
“Por sobre todo, no compitas”. Los únicos actores en el mundo neoliberal que parecen haber tomado en
cuenta el consejo –los más grandes actores de todos– son las corporaciones transnacionales — ellas no
compiten. El principio de competencia se aplica escasamente a ellas; prefieren practicar lo que podríamos
llamar el Capitalismo de Alianza. No es accidental que –dependiendo del año– entre los dos tercios a tres
cuartos de todo el dinero etiquetado bajo “Inversión Extranjera Directa” no se dedique a inversión creadora
de nuevo empleo, sino a fusiones y adquisiciones que casi invariablemente resultan en pérdidas de empleos.

Dado que la competencia es siempre una virtud, sus resultados no pueden ser malos. Para el neoliberal, el
mercado es tan sabio y tan bueno, que al igual que Dios, su mano invisible puede hacer el bien de un mal
aparente. Así, la Thatcher dijo en uno de sus discursos: “Es nuestra función glorificarnos en la desigualdad
y velar que a los talentos y las habilidades se les sea dado una salida y expresión para el beneficio de todos
nosotros”. En otras palabras, no se inquieten por los que quedan atrás en la competencia. La gente es
desigual por naturaleza, pero esto es bueno, porque las contribuciones de los bien nacidos, mejor
educados, los más duros, eventualmente beneficiarán a todos. Nada en particular se debe a los débiles, a
los pobremente educados; lo que ocurra con ellos es su propia culpa, nunca la falta de la sociedad. Si al
sistema competitivo se le da “salida”, como dice Margaret, con ello la sociedad será mejor.
Desafortunadamente, la historia de los últimos 20 años, nos enseña exactamente lo opuesto.

Otra implicación de la competencia como valor central del neoliberalismo, es que el sector público debe ser
brutalmente reducido, ya que no debe ni puede obedecer la ley básica de competir por ganancia o
participación en el mercado. La privatización (capitalización) es una de las mayores transformaciones
económicas de los pasados 20 años. Esta tendencia comenzó en Gran Bretaña y se extendió por el mundo.
Comencemos preguntándonos por qué los países capitalistas tienen servicios públicos y por qué todavía los
tienen. En realidad, casi todos los servicios públicos:

o         agua,

o         luz,

o         gas,

o         ferrocarriles,

o         telefonía,

o         transporte público,

o         transporte aéreo

constituyen lo que los economistas llaman “monopolios naturales”. Un monopolio natural existe cuando el
tamaño mínimo para garantizar la eficiencia económica máxima, iguala el tamaño real del mercado. En otras
palabras, una compañía debe tener un cierto tamaño para realizar economías de escala y proveer así, los
mejores servicios posibles al más bajo costo, para el consumidor. Los servicios públicos requieren muy
grandes inversiones de infraestructura en el comienzo -como ocurre con las vías férreas o las redes
eléctricas- lo que no alienta la competencia. Es por eso que los monopolios públicos son la solución óptima
obvia. Pero los neoliberales definen de ipso facto todo lo que es público como “ineficiente”.
neo5¿Entonces qué ocurre cuando un monopolio natural se privatiza? Casi normal y naturalmente, los
nuevos propietarios capitalistas tienden a imponer precios de monopolio al público, mientras se remuneran
ricamente a sí mismos. Los economistas clásicos llaman a esta ocurrencia: “falla estructural del mercado”, ya
que los precios son más altos de lo que deberían ser y el servicio al consumidor no es necesariamente
bueno. A fin de prevenir la falla estructural de mercados, –hasta mediados de los 80- los países capitalistas
de Europa, casi universalmente confiaban los correos, las telecomunicaciones, la electricidad, el gas, los
ferrocarriles y los metros, el transporte aéreo y usualmente los otros servicios como el agua, la recolección
de basura, etc., a monopolios estatales. Los EEUU son la gran excepción, ya que es demasiado grande
geográficamente para favorecer monopolios naturales.

Para los neoliberales, siempre es mejor menos que más trabajadores, ya que más trabajadores pesan sobre
el reparto del valor.

En cuanto a otros efectos de la privatización, éstos eran predecibles y fueron dichos. Los gerentes de las
nuevas empresas privatizadas, a menudo la misma gente de antes, doblaron o triplicaron sus salarios. El
gobierno usó el dinero de los contribuyentes para perdonar deudas y recapitalizar empresas antes de
ponerlas en el mercado -por ejemplo, la compañía de agua obtuvo 5 mil millones de libras esterlinas de
liberación de deudas, agregando 1.6 mil millones de libras, llamadas la “dote verde” para hacer a la novia
más atractiva a los posibles compradores. Se hace una gran alharaca en relaciones públicas, acerca de
cómo los pequeños propietarios de acciones tendrían una tajada de estas compañías -de hecho, 9 millones
de británicos compraron acciones-pero la mitad de ellos invirtieron menos de 1000 libras y la mayoría de
ellos vendió sus acciones muy rápidamente, tan pronto como pudieron obtener beneficios instantáneos.
De los resultados, uno fácilmente puede ver que todo el asunto de la privatización no está relacionado con
la eficiencia económica ni en el mejoramiento de los servicios al consumidor, sino simplemente, en la
transferencia de riqueza de la bolsa pública -que podría ser responsable de redistribuirla para solucionar
desigualdades sociales- a las manos privadas.

En Gran Bretaña como en cualquier otro lugar, la aplastante mayoría de las acciones de las compañías
privatizadas, están en manos de instituciones financieras y de inversionista muy grandes. Los empleados de
la British TELECOM habían comprado solamente el 1% de las acciones; los de la British Aerospace, el 1.3%,
etc. Antes del asalto de Mrs. Thatcher, gran parte del sector público británico producía ganancias.
Consecuentemente, en 1984, las compañías públicas contribuían al tesoro con más de 7000 millones de
libras. Ahora, todo ese dinero va hacia los accionistas. Actualmente, los servicios en las industrias
privatizadas son a menudo desastrosos -el Financial Times reportó una invasión de ratas en el sistema de
agua potable en Yorkshire y quien quiera que haya sobrevivido tomando los trenes Thames, merece una
medalla.

Exactamente estos mismos mecanismos se han puesto a funcionar a lo largo del mundo. En Inglaterra, el
Instituto Adam Smith fue el socio intelectual para la creación de la ideología privatizadora. USAID y el Banco
Mundial también han usado a expertos del Adam Smith y han propagado la doctrina privatizadora en el Sur.
Hacia 1991, el Banco Mundial ya había hecho 114 préstamos para acelerar el proceso y cada año, su
informe financiero de desarrollo global, reporta listas de cientos de privatizaciones realizadas en los países
deudores del banco.

Propongo que dejemos de hablar de privatización y usemos palabras que digan la verdad: Estamos
hablando acerca de la enajenación y entrega del producto de décadas de trabajo de miles de personas a
una ínfima minoría de grandes inversionistas. Éste es uno de los más grandes atracos a mano armada
realizada en nuestra o en cualquier otra generación.

Otra característica estructural del neoliberalismo consiste en remunerar al capitalismo en detrimento del
trabajo y así, trasladar la riqueza desde el fondo de la sociedad hacia la cumbre. Si Ud. está, digamos, en el
20% superior de la escala de ingresos, Ud. estará en condiciones de aprovechar del neoliberalismo y cuanto
más arriba esté, mucho más ganará. Contrariamente, el sector inferior del 80%, lo pierde todo y cuanto más
abajo esté, proporcionalmente mayor será su pérdida.

No hay nada de misterioso en esta tendencia con respecto al crecimiento de la desigualdad. La políticas son
específicamente diseñadas para dar a los que ya son ricos, más ingresos disponibles; particularmente a
través de reducciones en los impuestos o constriñendo aún más los salarios. La justificación ideológica y
teórica para estas medidas es que a más altos ingreso y ganancias para los ricos conducirán a una mayor
inversión, a una mejor distribución de los recursos y por tanto, a más empleos y bienestar para todos. En
realidad, como fue perfectamente predecible, al mover el dinero hacia arriba en la escala económica,
condujo a las burbujas del mercado de las acciones, a las riquezas de papel anónimos para unos pocos y al
tipo de crisis financieras de las cuales oiremos hablar mucho en esta conferencia. Si el ingreso es
redistribuido en el 80% inferior de la sociedad, éste será usado para el consumo que como consecuencia
beneficia al empleo. Si la riqueza es redistribuida hacia arriba, donde la gente ya tiene casi todo lo que
necesita, no se irá hacia la economía local o nacional, sino hacia las bolsas internacionales.
Como todos ustedes saben, las mismas políticas se han llevado a cabo en el Sur y en el Este, bajo el
pretexto de un ajuste estructural, pero éste es sólo otro nombre para el neoliberalismo. He usado a la
Thatcher y a Reagan para ilustrar las políticas a nivel nacional. En el nivel internacional, los neoliberales han
concentrado todos sus esfuerzos sobre tres puntos fundamentales:
• Libre comercio de bienes y servicios
• Libre circulación de capital
• Libertad de inversión
En los últimos 20 años, el FMI se ha fortalecido enormemente. Gracias a la crisis de la deuda y al
mecanismo de condicionalidad, ha evolucionado de ser un apoyo a la balanza de pagos, a ser casi dictador
universal de las llamadas “políticas económicas sólidas”, que por supuesto son la políticas neoliberales. La
Organización Mundial de Comercio se estableció finalmente en enero de 1995, después de largas y
laboriosas negociaciones, a menudo conducidas a través de parlamentos que tenían muy poca idea de o
que estaban ratificando. Afortunadamente, el más reciente esfuerzo para torna obligatorias y universales las
normas neoliberales, el Acuerdo Multilateral de Inversiones (AMI) fracasó, al menos temporalmente. Éste
habría dado todos los derechos a las corporaciones, todas las obligaciones a los gobiernos y ningún
derecho a todos los ciudadanos.
neo4El común denominador de todas estas instituciones es su falta de transparencia y de control
democrático. Ésta es la esencia del neoliberalismo, que declara que la economía debe dictar las reglas a la
sociedad y no todo lo contrario. La Democracia es un impedimento, el neoliberalismo se diseñado para los
vencedores y no para los votantes, quienes necesariamente equilibran las categorías de vencedores y
perdedores.
Quisiera terminar pidiéndoles que tomen muy seriamente la definición neoliberal del perdedor, a quien no se
le debe nada en particular. Cualquiera puede ser expulsado del sistema y en cualquier momento -por
enfermedad, edad, embarazo, por el fracaso calculable o simplemente porque las circunstancias
económicas y la implacable transferencia de riqueza de abajo hacia arriba lo demandan. El valor de las
acciones lo es todo. Recientemente, el International Herald Tribune señalaba que los inversionistas
extranjeros están haciendo “crujir” a las compañías y bancos de Tailandia y de Corea. Sin sorprendernos,
estas compras se esperan que resulten en “grandes ganancias”.
En otras palabras, los resultados de años de trabajo de millones de tailandeses y coreanos se van a
transferir a manos corporativas extranjeras. Muchos de los que trabajaron para crear esa riqueza ya están o
estarán muy pronto en el suelo. Bajo el principio de la competencia y de la maximización del valor de las
acciones, tal conducta es vista no como criminalmente injusta, sino como normal y hasta virtuosa.
Sostengo que el neoliberalismo ha cambiado la naturaleza fundamental de la política. La política solía ser
primordialmente algo que tenía que ver con quién gobernaba y qué parte de la torta se llevaba. Aspectos de
ambas cuestiones centrales, permanecen, por supuesto. Pero la nueva gran cuestión de la política es -
desde mi punto de vista: “quién tiene derecho a la vida y quién no”. La exclusión total está ahora a la orden
del día y lo digo muy seriamente.

Les he dado a ustedes una cantidad de malas noticias, porque la historia de los últimos 20 años está llena
de ellas. Pero no quiero terminar con una nota depresiva y pesimista. Muchas cosas ya están sucediendo
para contravenir estas tendencias que amenazan la vida y hay un amplio rango de oportunidades para
acciones posteriores de gran alcance.

Esta conferencia va a ayudar a definir mucho de esa acción que creo debe incluir una ofensiva ideológica.
Es tiempo de que establezcamos la agenda, en vez de esperar a que lo hagan los Amos del Universo
reunidos en Davos. Espero que los patrocinadores comprendan que no vamos a apoyar sólo proyectos,
sino también ideas. No podemos contar con los neoliberales para hacerlo, de modo que debemos diseñar
sistemas de tributación internacionales que sean equitativos y operables, incluyendo un Tobin Tax, sobre
todas las transacciones financieras y monetarias e impuestos a pro rata sobre las ventas de las
Corporaciones Transnacionales. Espero entrar en los detalles de estos problemas en los talleres que se
realicen acá. Los procedimientos de un sistemas de impuestos internacional deben llevar a cerrar el abismo
entre el Sur y el Norte, y a redistribuir entre toda la gente lo que les ha sido robado durante los últimos 20
años.

Permítanme repetirles lo que ya les dije: el neoliberalismo no es la condición humana natural, no es
sobrenatural y puede ser desafiado y reemplazado, porque su propio fracaso así lo requiere. Debemos estar
preparados con políticas de reemplazo que restauren el poder en las comunidades y los estados
democráticos, en tanto se trabaje para instituir la democracia, el gobierno de la ley y la justa distribución a
un nivel internacional. Los negocios y el mercado tienen lugar, pero este lugar no puede ocupar la esfera
completa de la existencia humana.

Otra buena noticia es que hay mucho dinero revoloteando en torno y que una pequeña fracción, muy
ridícula, casi infinitesimal, sería suficiente para proveer de una vida decente a todos los habitantes del
planeta y dar salud y educación universal, limpiar el medio ambiente y prevenir una mayor destrucción de la
Tierra, y también cerrar el abismo entre el Norte y el Sur -al menos de acuerdo con la UNDP- que reclama
para esto 40 mil millones de dólares, lo que francamente no es nada.
neo1Finalmente, por favor recuerden que si el neoliberalismo puede ser insaciable, no es invulnerable. Una
coalición de activistas internacionales, solamente ayer, los obligó a abandonar -al menos temporalmente-su
proyecto de liberalizar todas las inversiones a través del AMI. La sorprendente victoria de sus opositores
enfureció a los que apoyaban al gobierno corporativo y demostró que una bien organizada red de guerrillas
puede ganar batallas. Ahora debemos reagrupar nuestras fuerzas e insistir cuando tratan de transferir el
AMI a la Organización Mundial de Comercio ( WTO).
Miremos las cosas de este modo: tenemos los números a nuestro favor, ya que hay más perdedores que
vencedores en el juego neoliberal. Tenemos las ideas, mientras las suyas son puestas en duda debido a las
repetidas crisis. Lo que nos falta ahora, es la organización y la unidad. Algo que puede ser superado con la
tecnología avanzada. La amenaza es claramente transnacional y la respuesta debe ser también
transnacional. La solidaridad ya no significa ayuda, no sólo ayuda, sino encontrar las sinergias ocultas, en
las luchas de cada uno de los otros, de modo que la fuerza numérica y el poder de nuestras ideas llegue a
ser aplastante. Estoy convencida de que esta conferencia contribuirá poderosamente a este objetivo. Les
agradezco a todos su fina atención.

Conferencia sobre Soberanía Económica en un Mundo Globalizado. Bangkok 1992.