En el mejor de sus días, Bolivia nunca pasó de ser un país salvaje poblado por indios con
tres o cuatro islas urbanas bajo el signo de la violencia, el abuso y el despojo. La
costumbre de violar indias, quemar o despedazar indios y solucionar cualquier problema
mediante dos o tres balas bien puestas no fue ni es mal vista.
Como sabe todo boliviano, la ley se acata pero no se obedece, las regulaciones y las
reglas se han hecho para los demás y todo el mundo hace lo que le da la gana. Sólo los
miserables y los tontos pagan impuestos y todo en esta vida se puede arreglar si se tiene
un compadre bien ubicado o una billetera gorda.
Desde ese ángulo, Bolivia fue un paraíso durante 180 años. No en balde había y hay
bolivianos que lamentan profundamente el año 2005. Hasta entonces se podía usar a las
sirvientas venidas del campo para desvirgar a los hijos de buena familia, había
“choleros”, maridos de mejores familias que descuidaban a sus esposas ante Dios y los
hombres para revolcarse con mestizas de olor a pimienta, los hombres eran poco menos
que dioses, machos ellos, y las mujeres manejaban las cosas desde atrás pero las
manejaban, bravas ellas. Los maricones son en realidad cosecha reciente pero el uso y
abuso de la mujer como objeto sexual es generalizado y hasta escandaloso aunque
secreto a voces en el Oriente del país.
En otras palabras, el Lejano Oeste con olor a rosas. O así lo recuerdan los privilegiados
acostumbrados a pagar sus borracheras no con plata sino con vales, sus mujeres no con
dólares sino con la palanca de oro y sus caprichos con un desprecio contra los naturales
que les era y les es natural. ¡Ah, qué bueno era ser hijo de familia! Se podía ser un
hidepu con toda impunidad. Pregúntesele a la gente acostumbrada a la corbata. ¡Al
Branko ese, dueño sólo Dios sabe de cuántas familias guaraníes y de sus hijas!
Con el triunfo de Evo las cosas han cambiado. Si antes el acuerdo no expresado entre
gobernantes y gobernados era “dejar hacer, dejar pasar” y los gobernantes dejaban que
los gobernados hicieran lo que les viniera en gana con tal de que los gobernantes
robaran lo que les viniera en gana, hoy Bolivia no sufre de uno sino de varios gobiernos:
Evo en La Paz, el Altiplano y el Valle, Costas en SRZ y los llanos, Cossío en TJA y el
Chaco y otros dos o tres caciques más chicos.
Un milagro diferente: hace tres años que nadie se atreve a acusar a Evo de nepotismo,
corrupción ni ladronazgo, artes en los que Jaime, Tuto y Goni son unos maradonas. Otro
milagro diferente: La Paz, la única ciudad cosmopolita de Bolivia, pasa por una
temporada de oro, sus calles se ven limpias y renovadas, sus parques verdes y muy
bonitos, sus gentes amables y hasta elegantes y sus policías (¡milagro de milagros!) no
se dejan sobornar cuando multan a las señoras que violan las reglas de tránsito. Lo
certifica este corresponsal después de haberlo constatado con sus propios, cansados
ojos. Dios bendiga a Juan sin Miedo, alcalde de la ciudad vertical que demuestra cada
día a los bolivianos que todos podemos vivir juntos y hasta mezclados para dar un futuro
a nuestros chittis.
Pero claro, el paraíso anterior a 2005 tenía un precio que todos veíamos y vemos apenas
salimos a pasear: los mendigos de toda edad, la misma raza y la misma miseria. Los
tísicos que morían en los riachos. Los fetos que flotan en ríos y acequias. El millón de
niños con hambre que sigue sin cama ni pan. De cada diez bolivianos, seis viven todavía
una vida animal de hambre, miseria y desesperación, con o sin Evo. No es posible comer
un plato en un lugar público sin que una mano diminuta y necesitada nos jale el pantalón
y nos arruine la digestión.
Las clases privilegiadas han construido muros parecidos al de Berlín y se refugian tras
alambres de púas y aceros eléctricos contra la miseria de su pueblo. Algunos hay
también que han aprendido a no ver esa miseria ni esos miserables así agonicen a sus
pies. Y otros, como Cossío, el de TJA, que se compran hoteles en Lima para refugiarse
allí cuando les llegue el dorado exilio.
En este sentido, y si las cosas van como van, Evo Morales no verá jamás la instauración
de la Ley y el Orden porque antes morirá de viejo o lo convertirán en mártir.
La anarquía es el estado natural de los bolivianos. El caos es la sopa diaria de la que se
nutren cada día mientras hacen todo lo que pueden para ignorar o negar el sufrimiento
de sus compatriotas. La situación es tal que ni el Presidente de mayor popularidad de la
historia del país, el hombre que puso a Bolivia en el mapa del mundo y conquistó el
apoyo de millones de personas en todo el globo puede lograr el arresto de un bellaco
como Branko o la destitución de un chiflado como Costas.
Cada chuncho en su corral, los bolivianos viven felices y despreocupados mientras más
de la mitad pasa hambre y carece de una seguridad elemental y las legiones de
miserables crecen como las sombras al atardecer hasta que llegue el bendito día en que
dejen de pedir permiso para comer y saciarse.
Nadie puede negar que esta es otra era de los caciques. A cambio de esa partición
caprichosa los débiles quedan a merced de los violentos, los canallas roban los hijos de
los humildes para venderlos, la prostitución y el tráfico de seres humanos aumentan y
nadie garantiza la vida ni la hacienda de nadie, a no ser esos terratenientes que pagan
ejércitos privados y casi ocultos. Esto es, el gobierno de los caciques no es un
desgobierno nomás, es la institucionalización del caos.         
Es el caos que los bolivianos han preferido desde siempre. El que instituyó Melgarejo. El
de García Mesa, cuyo ministro (hoy de retorno en Bolivia, listo para gozar de su vejez y
sus millones) aconsejaba que todo el mundo caminara con el testamento bajo el brazo
porque Bolivia no conoce más ley que la de la Bestia. Un caos que Evo no menciona
siquiera porque lo sabe más fuerte que diez terremotos.
Lo cual indica que los bolivianos necesitan tal vez de otra eternidad para darse una
semblanza de lo que los países civilizados llaman gobierno. Pero, algún día habrá que
comenzar. Nunca olvidemos a nuestros chittis.
          

  
Su Opinión
Arturo
Sus Libros
Nuevos Textos
Las Tareas de Evo: Gobierno
Ene 09