Hoy, 5 de Mayo, un día después del diluvio, el Washington Post, la voz oficial de la
plutocracia local, usa la mitad superior de su página A9 para anunciar con suma seriedad
al mundo: “La región más rica de Bolivia vota sólidamente por la autonomía”. Es más que
seguro que iguales o similares titulares aparecerán por el resto del mundo.
En la Embajada deben andar descorchando botellas de champán.
El 4 de Mayo fue un indudable triunfo para Goldberg, pues hoy confirma que su plan
anda sobre ruedas y se ejecuta inexorable como locomotora.
¿Qué importa que el 4 de Mayo haya sido un carnaval cruco? ¿Qué importa que sólo los
“gente bien” esté celebrando este “triunfo” separatista? ¿Qué importa que el 80 por
ciento de la población boliviana se haya expresado mil veces contra el separatismo?
¿Qué importa que el Oriente y la Amazonia bolivianas sean zonas casi deshabitadas,
vacías, donde sólo los monos votan?
Lo que importa son los titulares del mundo, y hoy están al servicio de Goldberg. Le están
ayudando a “vender” la idea del nuevo Kosovo, del primer Kosovo americano.
Ese era el objetivo del 4 de Mayo, día destinado a pasar la historia como el Día de la
Independencia de la nueva república de Santa Cruz, hija de Goldberg y del nazi Branko.
¿Cuanto falta ahora para que salgan al balcón a “fundar” la nueva Kosovo?
El Post dice que “un 85 por ciento” de los “votantes” de Santa Cruz votaron por el “si”
para botar a Bolivia de Santa Cruz. No dice cuantos hicieron el total de tales votantes,
claro. Si votaron mil y la población de Santa Cruz es de un millón, ¿quién se acuerda de
ese detalle sin importancia? Lo importante, lo más importante, es el titular del Washington
Post y los principales diarios del mundo. ¿A quién lo importa los que no votaron y los que
votaron por el “no”, esos tontos útiles?
Goldberg gana. ¿Cuál es el paso siguiente?
“Es un día histórico, y mañana tenemos más trabajo que hacer”, cita el Post a Branko, ya
“un líder del movimiento autonomista”, no sólo el jefe de los nazis locales y presidente de
los ricachones “blancos”. “Tenemos que determinar un nuevo camino para Bolivia, y no
será tarea fácil”. Sólo le falta añadir que con Goldberg será una taza de leche.
Con Goldberg y con Evo, porque no se puede negar que Evo ayudó con su miopía a la
buena ejecución de este paso crucial para el Plan Goldberg.
“No vayan a votar, chicos” fue lo único que hizo el Presidente para impedir el avance del
separatismo. “Ese chiste no vale, no es de verdad, pues”. Y añadió, en el país de las
ilegalidades: “Es ilegal”.
Evo ayudó a Branko y a Goldberg al negarse durante dos años a proclamar a los cuatro
vientos: “Soy Presidente de todos los bolivianos y quiero gobernar con todos los
bolivianos”. No. La idea de Evo y sus amigos fue y es la creación del Segundo Kollasuyo,
sólo con el indio, para el indio y por el indio. ¿Y el 40 por ciento de bolivianos que no son
indios? A esos, que se los lleve el Niño.
Lo peor del Plan García es que parece a todas luces cierto que la desaparición de Bolivia
fue siempre su objetivo. Piensan reemplazar a la patria con un puñado de tribus indias en
pie de idiotas. Branko y Goldberg quieren lo mismo.
Y ahora, ¿qué? Los paceños saldrán de Santa Cruz en dolientes caravanas y nunca más
tendrán pisada en la nueva república? ¿Evo hará el sonso y proclamará su Kollasuyo en
lo que le queda de Bolivia? ¿Los bolivianos mirarán azorados e idiotas cómo fue que
Branko y Evo les birlaron un país entero?
¿Continuarán jugando cacho y contando chistes idiotas?
El Plan Goldberg Progresa
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