El Washington Post del 2 de febrero ocupa su página A-10 menos una columna con una
fotografía del agraciado ViceMinistro boliviano de Justicia Comunal, Valentín Ticona Colque,
cuya mera sonrisa en tan privilegiado medio indica que las cosas están cambiando un poco
en Bolivia.
El pretexto es el actual “debate” sobre la justicia comunitaria, criticada por esa banda de
gringos de nariz alzada, la Fundación de Derechos Humanos, basada por supuesto en
Nueva York, a dos cuadras de las Naciones Unidas.
Firmada por el inefable Monte Reel, ese corresponsal que envía a veces sus notas sobre
Buenos Aires desde Caracas porque los yanquis siguen creyendo que Sudamérica es un
pañuelo, la de hoy busca un equilibrio entre los contendientes del “debate” mencionado
pero, claro, tampoco lo logra esta vez.
Por un lado, permite al ViceMinistro Ticona Colque una frase para defender la justicia
comunitaria de su país, “cuando la comunidad participa y vigila, es difícil corromper el
sistema, casi imposible, en verdad”, dice que dijo Ticona.
Por el otro hace hábil uso de un “dotor” abogado y politiquero de la ola viejísima, Luis
Eduardo Siles, al que le atribuye algo muy parecido a un clásico chiste inglés que recordaré
dentro de dos párrafos.
Dice Reel que dijo Siles: “Durante la campaña electoral de 2005, uno no podía ir a muchos
lugares en el Altiplano a menos que fuera partidario de Morales. Se sonreían y nos decían
‘va a haber un poco de justicia comunitaria si vienen aquí’, Eso significaba que si uno iba a
esos lugares y entregaba una camiseta con leyenda política, ¡lo colgaban! Era algo
peligroso ir a esos lugares”.
El chiste inglés cuenta algo parecido: “Y me vi con un león por delante, un tigre por atrás,
un puma a la izquierda y una pantera por la derecha”, dice el explorador. “ ¿Y qué pasó
después?”, pregunta la rubia tonta. “¿Pues qué iba a pasar? ¡Me comieron!”
Como con el explorador, lo que demuestra que el “dotor” Siles miente como cualquier
cholito porquería es que salió vivo de su inventada aventura, ¿o no?
Para cerrar la cosa, Reel se refiere a un político de la nueva ola boliviana, Roberto de la
Cruz, un ex-munícipe que participó casi en el ajusticiamiento comunal de un ladrón ante las
camaras de la siempre vigilante Unitel (¡cochinos reaccionarios!).
Tras pescarlo en El Alto, Reel hace decir a de la Cruz que no cree que los linchamientos
sean parte de la justicia comunitaria, pero dice que no expresó una condena explícita contra
esta moda de adornar postes.
Más bien, de la Cruz se refirió a la fuga de Goni Sanchez de Losada a USA en octubre de
2003 como un buen ejemplo de justicia comunitaria.
“Eso fue justicia comunitaria”, dijo de la Cruz, “porque Goni fue expulsado de la comunidad
y de todo Bolivia. (Goni) cometió crímenes contra la humanidad en Bolivia. A quien quiera
que hace cosas así, puede pasarle lo mismo. Deberían tomar nota de ello”.
No, si este de la Cruz es cosa seria, ¿no?
Pero, ¿en qué consiste el tan poco sonado “debate” sobre la justicia comunitaria? Al
parecer, en que la nueva Constitución que dará Evo Morales a su país legaliza los modos y
maneras de hacer justicia en las comunidades de Bolivia y en todo el país. Reconoce el
derecho de cada comunidad de hacerse justicia aplicando los modos y maneras que
juzguen más apropiados.
Cuando se habla de linchamientos, de la quema de delincuentes vivos, de dilapidaciones y
otros modos un tanto cuanto violentos, los gringos de la Fundacion de Derechos Humanos
ponen el grito al cielo. No recuerdan, al parecer, que los linchamientos son un invento de
USA, que celebraba lynchamientos (de Lynch, su promotor) cada domingo después de los
servicios religiosos y como un premio para los esforzados trabajadores del Sur de USA,
hasta los años 1940.
No anotan que los modos de ajusticiar culpables (e inocentes, como se viene demostrando
gracias a los exámenes de DNA) es hoy mismo una costumbre bárbara y feroz hasta el
punto en que varios estados de la Unión han decidido suspender las ejecuciones por
considerarlas en exceso crueles y dolorosas. Ni se acuerdan de la guillotina y otros
inventos de la “civilización” occidental.
Pero lo que priva de todo derecho de opinión a la Fundación esa es que sus miembros no
conocen Bolivia. No saben que Bolivia sufre no de una sino de tres generaciones de jueces
y abogados corruptos hasta el absurdo y que es más fácil ganar la lotería que encontrar un
juez correcto y un abogado que no sea un truhán. No saben que no hay peor desgracia
para cualquier boliviano que la de caer en un juzgado. Nunca se enteraron de que meterse
con jueces y abogados en Bolivia es embarrarse el resto de una vida. Y si la víctima de ese
Poder Judicial monstruoso es indio o es humilde, las torturas morales y físicas que sufrirá
serán aún peores. Nada de eso conocen los gringos esos de Nueva York.
Por otra parte, así como no hay Justicia en Bolivia, tampoco hay Ley ni los policías
suficientes (son pocos y mal pagados) para hacerla respetar si hubiera una vigente. Hasta
los días de Evo, los tribunales lo arreglaban todo según el color de la piel de cada
ciudadano y según la gordura de su billetera. No exagero al decir que lo mejor que podría
hacer una nueva Bolivia sería fusilar cientos de depravados explotadores de la “ley”,
titulados o no. Hay que ser indio para saber lo que es sufrir a esos tinterillos ladrones y
mañudos que viven de la trampa y la mentira día a día.
Esos jueces corruptos son uno de los personajes clásicos de la literatura latinoamericana y
simbolizan siempre el basurero moral en que las “elites” gobernantes han convertido su
conciencia. Aquí recuerdo un libro entre miles que quiero sugerir a mi lector, “Redoble por
Rancas” del peruano Manuel Scorza.
Pero la verdad es que la justicia comunitaria tiene defensores en todo el mundo, uno de los
cuales es Daniel M. Goldstein, Director del Center for Latin American Studies de la Rutgers
University, cuyos nombres dejo en inglés para demostrar que leí su papel en que critica a la
Fundación de Derechos Humanos porque “confunde” la justicia comunitaria con los
linchamientos. Mi amable lector puede hallar este trabajo en el internet. A mí me dio flojera y
no pude traducirlo. Perdone usted.
¿Por qué puse ese “II” tras el titulo de esta nota? Porque hace años que publiqué otra
sobre el mismo tema y nada ha variado en Bolivia desde entonces. Y porque se que estas
notas viven tanto como los amores de estudiante, me permitiré repetir la primera porque
siempre creo que habrá uno o dos interesados en refrescar su memoria y hacerse una
imagen casi clara sobre la Justicia en Bolivia.



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Arturo
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Feb 08