(Escribí esta nota dos días después del aniversario de la muerte de Luis Espinal. Esta es la Justicia
en Bolivia desde 1825. Nada ha cambiado, pero algo puede cambiar desde 2005).

No acabamos de “sorprendernos” ante la “primicia” presentada por un matutino paceño
empeñado en presentar a los bolivianos como trogloditas o fieras humanas gracias a su
justicia comunitaria cuando los dioses se burlan de nosotros y nos traen otro aniversario
del martirio de Luis Espinal.
Como con Marcelo, la expresión inescapable cuando se habla o se escribe sobre Espinal
es “impunidad”. La otra “moda” al comentar estos horribles crímenes es tratar a las
víctimas como si fueran primos hermanos de todos y llamarlos “Marcelo”, “Luis”, “Lucho”
aún cuando muchos entre quienes los tratan así no habían nacido todavía el día en que
estos héroes murieron ni les llegan a la punta de los zapatos. Los llamamos así porque
creemos, idiotas como somos, que así nos es más fácil acercarnos a ellos, identificarnos
con ellos aunque sin ningún derecho.  
También, porque 27 años de “impunidad” no perdonan a nadie, y nuestra consciencia,
cada consciencia, lo sabe. Todos los bolivianos que vivieron y viven desde el día del
martirio de Marcelo y Luis somos cómplices de la impunidad que “premia” su asesinato.  
Sólo así son posibles 27 años de “impunidad”. Todos hemos faltado a nuestro deber de
seres humanos y bolivianos y por ello no se castigó nunca esos crímenes bárbaros. Esos
crímenes impunes son obra de nuestra indolencia común para nuestra común,
inescapable vergüenza.
Nuestra indiferencia cotidiana hace posible esa especial “impunidad” en Bolivia. Es
posible porque a nadie le importa la “justicia” boliviana, ese monstruoso absurdo, ni
siquiera porque todos somos víctimas de semejante obscenidad.  ¿Y quién no lo es?
¿Quién ha podido evitar el trato con abogados, fiscales y jueces despreciables hasta el
extremo de que no saben operar si no es como corruptos o como corruptores? ¿Cuándo
castigan a los asesinos del minero Coro? ¿Cuándo se decide el Caso Blanco? ¿Cuándo
castigan al ex Presidente de la Corte Suprema por el asunto de los misiles chinos?
¿Cuándo ponemos freno a la desenfrenada y evidente corrupción del Poder Judicial en
pleno? La respuesta es sencilla: nunca.
Nunca, desde 1825 hasta esta hora, hemos estado dispuestos a castigar a los culpables
de ningún delito, a no ser los cometidos por los humildes o los pobres. ¿Cuántos millones
se llevó Banzer al infierno? ¿Cuántos se llevó Goni a USA? ¿ Cuál crimen recuerda
usted, en todo los años de su vida, que hubiera sido castigado como era debido? García
Meza se rasca la panza en su vivienda particular cuando escribo estas líneas. Chito está
de vacaciones en Rurrenabaque. Tito Hoz de Vila se ríe de usted cada día del año. Paz
Zamora toma siestas en Tarija o en París.
No hay justicia en Bolivia, nunca la hubo, a no ser esa justicia comunitaria que es válida,
legítima y vigente porque quienes la aplican son quienes sufrieron los crímenes que
castigan al aplicarla.
Tal principio, la aceptación por quienes la usan y la aplican, es lo que impone toda ley en
todas partes. ¿Por qué usan velo las mujeres en Afganistán? ¿Por qué cortan las manos
de los ladrones en Arabia Saudita? ¿Por qué queman asesinos en la silla eléctrica en
USA? Porque una justicia cruel es mejor que ninguna justicia.
¿Por qué existe la justicia comunitaria?  Porque es justicia legítima, tal vez la única justicia
que existe en Bolivia, y porque la acepta la comunidad allí donde ella rige. No necesita de
extraños que vayan a “enseñar” lo que es nuestra “justicia”, y menos de extraños como
nosotros, que nunca hemos conocido el concepto civilizado de la Justicia.
La justicia comunitaria aparecerá como una justicia en extremo cruel para algunos, pero
es aceptada y respetada allí donde se aplica. Vale más una justicia terrible que ninguna
justicia, así como es mejor una ley feroz antes que ninguna ley. ¿Quiénes son los ajenos,
los demás, para criticarla? Somos los que no sabemos lo que es la ley ni la Ley, los que
hemos despreciado la Constitución, nuestra Ley Primera, hasta quitarle toda vigencia.
Bolivia es el país en que se puede cometer todo porque nada se castiga.    
Esa Ley, la Constitución, sólo sirve para burlarse de ella en Bolivia y en muchas partes
del mundo, USA por ejemplo. ¿Quiere usted decir que no lo sabía? ¿Usted, que paga a
su abogado de mes en mes, no lo sabía? ¿Es que ha olvidado por qué y para qué le
paga? Lo lamento, esta es una nota para adultos. Los tontos de capirote pueden irse por
esa puerta. Si, la del juzgado más próximo, y Dios tenga piedad de ellos. Adiós.  
Para los adultos y responsables, si pudiéramos hallarlos en parte alguna, es todavía
necesario decir que, si nos queda algo de dignidad personal, lo correcto cuando se
cumple otro aniversario de nuestra deshonra porque en un día igual murió Marcelo o
murió Luis, es encerrarse, dedicar un profundo y honesto homenaje silente en honor de
esos mártires y, si es posible y por vergüenza, negarse a mirar las caras que van por
esas calles por lo menos durante ese día.
Sólo los familiares y amigos de Marcelo y Luis pueden saber lo que es una generación de
impunidad. Los que tenemos cierto derecho a llamarlos Luis y Marcelo. Y sólo la soledad,
el silencio y un profundo respeto íntimo son el modo de honrarlos cuando recordamos
con dignidad su sacrificio. Porque conocemos la barbarie que crea esa “impunidad” y
porque los menos bárbaros son los que acusamos de tales y los peores bárbaros andan
por esas calles tranquilos, elegantes y sonrientes, pero nada tienen que ver con nosotros.

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Arturo
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Feb 08