Libros que cometen Traición a la Patria - I
Quiso, pues, el azar llevarme un día a la sede valluna de mis enemigos, un palacete de
mármol blanco financiado aún hoy por el sufrimiento de nuestros mineros del estaño y
manejado aún hoy por misteriosos franceses (¿suizos?) desde Ginebra. Una niña bonita
y muy cortés me trató con guante de seda tras reconocerme y me dejó mirar algunos de
los 3.500 tomos (todos sobre literatura) que ella custodia con profesionalismo y celo. Un
tomo hubo al final que me demostró dos verdades: el odio político no tiene límites en
Bolivia; nada será mejor que la agonía y la muerte de ese sector social, “la elite”, cuyo
feroz fracaso tras 200 años de hegemonía se ve y se huele hoy con mayores urgencias
que nunca. Su hora: diciembre/09.
La experiencia comenzó con un instante muy triste: tras mirar durante horas el único libro
sobre crítica literaria que parece importante y fue editado después del 2000 vine a
descubrir que no merezco una sola línea entre esas 600 páginas. No digo una página;
digo una sola línea. Tengo 23 páginas tamaño sábana enteras de Presencia y otros
periódicos sobre mi trabajo; no digo que será lo mismo pero, ¿es que no merezco una
sola línea en el Parnaso boliviano después de haber hecho tanto escombro durante 30
años? Así pareció en ese instante y dolió como si me extrajeran una muela.
Atacando luego un ají de lengua en busca de algún consuelo se me ocurrió una idea
nada original pero harto consoladora: tampoco aparecen en esas páginas de “critica
literaria” gentes como el Chueco Céspedes, Carlos Montenegro, Almaraz ni ningún otro
entre los autores nacionalistas y revolucionarios. Así fue como confirmé una antigua
sospecha sobre lo que debería llamar la Escuela Montenegro y su negativa influencia
sobre la literatura boliviana.
Para explicar por qué la llamo así es necesario añadir que, para la Escuela Montenegro,
ese grupo de “jóvenes bian” formados casi todos en San Andrés, no parecen existir
mejores autores que Urzagasti, de la Vega, Quiroga Santa Cruz y, claro, Saenz. Este no
sería pecado alguno si, además, los críticos, estudiosos e investigadores de la Escuela
Montenegro hubieran respetado la verdad histórica dando el lugar que les corresponde a
los autores de la izquierda boliviana aunque luego asfixiaran con sus aplausos a sus
autores preferidos.
El grupo de jóvenes críticos de que hablo es muy conocido hoy por hoy, sobre todo
porque ya no son tan jóvenes y porque la obra que dejan a la posteridad queda marcada
por sus fracasados intentos de falsificar la historia de las letras bolivianas en servicio de
sus intereses de clase. Hay entre ellos otra Paz Soldán y uno que otro apellido de
anterior renombre. Lo que más les distingue es su esfuerzo por inventarles a sus autores
preferidos talentos de que carecen; se distinguen también porque son o quieren ser
miembros de la “sociedad” que agoniza estos días y por disponer de una verdadera y
grande fortuna para difundir sus trabajos. Un ejemplo me bastará para ilustrar los
variados modos en que cumplen este designio destructor de la historia de su país, el de
Rebeca Prada.
Me enteré de la existencia de Prada a poco de publicarse mi “Morder el Silencio” en 1980
porque dedicó a ese libro su tesis de grado en Austin, Texas. Se que “no me pasa”
desde entonces porque critiqué ese trabajo diciendo que nada decía en realidad y que
no se necesita una tesis de grado para decir nada sobre cualquier libro.
Décadas después descubro un libro precioso y más que lujoso escrito por Prada para
decir algo sobre “Viaje y Narración: las Novelas de Jesús Urzagasti”. Como saben los
enterados, Urzagasti tiene gran prestigio y es, posiblemente, el autor de mi generación
más aplaudido entre nosotros.
Pero volvamos por un instante a Prada y su ultra lujoso tomo publicado, claro, por Plural
Editores, editora conocida porque “vende” su sello a los autores dispuestos a pagar
entre tres y cinco mil dólares para ver su obra entre esas ediciones de lujo que
envidiarían la Argentina, México y hasta el Brasil.
Prada es miembro del Clan Prada, recordado aún por el paso del jefe de esta familia por
YPFB gracias a Banzer y por el cambio repentino y espectacular del nivel de sus ahorros
después de esa aventura. Digamos sólo que se olvidaron de ser pobres y que hay un par
de viejas que afirman que fue porque aquel Prada se sacó la lotería. Yo no quito ni
pongo rey; sólo me sirvo del chisme. ¿Qué son tres mil dólares a cambio del gusto de ver
entre tapas de lujo la obra de su adorada hija? Polvo de moscas, para Prada.
Sobre Urzagasti, el autor preferido de Prada, opina así el servicio de renombre mundial
Kirkus Review, al que la Escuela Montenegro no pudo alistar entre sus miembros por
razones obvias: no pertenece a la “sociedad” local.
Dice Kirkus Review en su edición del 15 de Octubre de 1994 que puede hallarse en la
Biblioteca del Congreso y en muchas otras bibliotecas públicas de USA:
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IN THE LAND OF SILENCE
Author: "Urzagasti, Jesús
Review Date: OCTOBER 15, 1994
Publisher: Univ. of Arkansas
Pages: 384 pp.
Price (hardback): $32.00; paper $20.00
Publication Date: 11/01/1994
ISBN: 1-55728-367-2; paper 1-55728-373-7
Category: FICTION
Originally released in South America in 1987, this tedious, pretentious novel by a Bolivian
poet and novelist is at least consistent. Starting on the last day of 1980, Urzagasti tells the
story of Jursafu, a newspaperman and sometime poet who is caught up in the recurring
violence of his country. This violence is directed upon him at the opening of the novel,
and Urzagasti traces how Jursafu wound up in his current predicament. Narrated
alternately by Jursafu and his two interior alter egos, the Other and The Dead Man, the
novel proceeds with a jumble of memories, anecdotes, metaphors, parables, and political
directives describing how a rural boy grew up to be an intellectual yet retained the
conviction that it is better to be in tune with nature and to be a hard-working laborer than
to get involved in matters requiring words. There is no movement to the story, and every
scene is jammed down the throats of readers as if they could never form an opinion of
their own. Overwrought, ridiculously self-conscious and wordy without any joy, humor, or
verbal inventiveness, the novel is smothered by its strident earnestness. There are a few
small moments in which Urzagasti skillfully dramatizes his simple message, such as Che
Guevara not knowing that the cure for his chronic asthma was in the weeds he was
walking over in the hills of Bolivia, but the author's usual modus operandi is heavy-handed
and long-winded and wears thin after only a few pages. In one of the Dead Man's
sections, Urzagasti writes, ""The narrator must amaze; the listener must be perplexed.""
Maybe so. But perplexity implies interest and a desire for answers, both of which Urzagasti
fails to arouse.
Copyright 2005 Kirkus Reviews
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Y traduzco porque no todos hablamos inglés en Achacachi:
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Publicada originalmente en Sud América en 1987, esta aburrida y pretenciosa novela
escrita por un poeta y novelista boliviano es por lo menos consistente. Comenzando el
último día de 1980, Urzagasti cuenta la historia de Jursafu, un periodista y a ratos poeta
atrapado por la constante violencia de su país. Esta violencia es dirigida contra él al
comenzar la novela y Urzagasti relata cómo se vio Jursafu en su coyuntura actual.
Narrada alternando a Jursafu y sus dos alter egos interiores, el Otro y el Muerto, la
novela se hace con un revoltijo de recuerdos, anécdotas, metáforas, parábolas y
directivas políticas que describen cómo creció un chico campesino y se hizo un intelectual
aunque retuvo la convicción de que es mejor estar en contacto con la naturaleza y ser un
trabajador esforzado que meterse en cosas que requieren palabras. No hay movimiento
en la historia y cada escena es forzada dentro de la garganta de los lectores como si
ellos nunca pudieran hacerse de su propia opinión. Agitada, ridícula por cohibida y
farragosa sin alegría, humor ni inventiva verbal, la novela es asfixiada por su gran
seriedad estridente. Hay unos instantes en los que Urzagasti dramatiza con habilidad su
mensaje simple, como cuando el Che Guevara no sabe que la cura de su asma crónica
está en las raíces sobre las que camina en las colinas de Bolivia, pero el modus operandi
usual del autor es torpe y denso y se debilita después de unas cuantas páginas. En una
de las piezas de El Muerto escribe Urzagasti, "El narrador debe maravillar; el oyente debe
quedar perplejo." Tal vez. Pero la perplejidad implica interés y un deseo de hallar
respuestas, y Urzagasti no logra provocar ni lo uno ni lo otro.
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¿Cuál es, pues, la materia prima de la que Prada arrancó medio millar de páginas para
escribir su libro harto lujoso? ¿Cómo es posible hallar pretextos para inflar las cosas
hasta ese extremo? ¿Vemos todos el daño que se hace a nuestras letras cuando se
inventa su historia en lugar de anotar con fidelidad y patriotismo la verdad sobre el cómo
se hizo la literatura boliviana, por qué se hizo así y quien es quien en nuestras letras por
encima de todo prejuicio político temporal y toda ambición clasista y racista?
El libro de Prada es sólo un ejemplo de la obra desarrollada durante décadas por la
Escuela Montenegro contra la literatura boliviana y en servicio del más venenoso
prejuicio social destilado por una minoría ínfima y caduca contra el pueblo boliviano.
Existen otros y muchos entre quienes trabajan por falsificar nuestra historia mientras el
gobierno del Indio Morales ignora totalmente esta guerra cultural (porque no tiene quien
se la muestre o por ignorante, lo mismo da) y los reaccionarios atrincherados en las
universidades continúan su labor de zapa desde los impresos diarios, semanales,
revistas, libros y folletos que tienden a disfrazar de culto al pueblo enfermo que es, en
verdad, sólo esa diminuta “elite” agotada que domina todavía la vida cultural del país.