Libros que cometen Traición a la Patria - II
Sólo Dios y el diablo saben cuantos libros y estudios se han dedicado a “Los Deshabitados”
de Marcelo Quiroga Santa Cruz. Dios, el diablo y nosotros sabemos que todos se basan en
que esa novela ganó el “Premio Faulkner” y que tal galardón es la razón de los aplausos
que cosecha: el “Faulkner” fue el espaldarazo que la obra necesitaba para conquistar el
privilegiado lugar que ocupa.
Mártir como es de la lucha del pueblo boliviano por alcanzar su libertad política y
económica, Quiroga Santa Cruz es hoy intocable para quienes participan de esa lucha,
pero no lo es tanto para quienes se benefician en lo político y lo económico del uso y el
abuso de su libro.
Sin ánimo ni necesidad de referirse a su valor estético, artístico y/o literario (¿quién soy yo,
ajeno a toda universidad, para intentarlo?), es necesario sin embargo quitar a ‘Los
Deshabitados” galardones que le atribuyen pero que no posee con el fin de situarlo (con
ayuda de críticos literarios que deben estar naciendo estos días) en el lugar correcto y justo
que le corresponde entre las letras bolivianas.
Por ello es necesario decir que el “Premio Faulkner” que tan bien ha servido a “Los
Deshabitados” y sirve hoy a quienes explotan la novela con fines comerciales y políticos,
nunca existió. No hubo nunca un “Premio Faulkner” ni “Los Deshabitados” pudo, por tanto,
haberlo ganado.
¿Cómo habrían escrito los críticos criollos sobre esta novela si nunca se hubiera
mencionado a Faulkner al comentar las virtudes y defectos de “Los Deshabitados”? Ese es
un misterio que sólo esos críticos (tan escasos) pueden contestar. Lo que es necesario
anotar ahora es la historia de ese “Premio Faulkner” que nunca existió.
Es una historia escrita en un papel de doce páginas Por Deborah Cohn, miembro del
Programa de Estudios Americanos del Departamento de Español y Portugués de la
Universidad de Indiana en Bloomington, Indiana, USA.
Cohn tituló su trabajo “El Proyecto de Novela Ibero-Americana de William Faulkner: {La}
Política en {cuanto a las}Traducciones y la Guerra Fría”, título que indica con claridad su
intención de hallar responsables para el fracaso del proyecto sobre el que escribe. Su
trabajo es fácil de hallar en el Internet siguiendo estos datos.
En un párrafo o dos, la historia es sencilla: Tras ganar el Nobel, Faulkner quiso ayudar a
los escritores latinoamericanos a publicar en USA (obras casi todas desconocidas por aquel
entonces) y propuso su idea a varias universidades, la de Virginia especialmente. Tras
varios meses de discusiones, viajes y esfuerzos, la intentona quedó en nada, el “Premio
Faulkner”: no llegó a existir nunca y el famoso autor dio la espalda a políticos y politiqueros,
catedráticos y etc. etc., desalentado y aburrido.
No antes, sin embargo, de que se enviaran invitaciones a cada país para que seleccionaran
un libro por país y lo enviaran a la U. de Virginia.
En el caso de Bolivia, los “expertos” invitados a proponer la obra a traducirse fueron
Armando Soriano Badani, José Luis Roca y Teodosio Imaña Castro, que es como decir la
crema de la sociedad de aquellos felices tiempos en que todos éramos un solo club de
compadres. Creo que Badani vive aún y apuesto que Imaña también, aunque temo que
perdería la apuesta. Se que Roca murió no hace mucho, de modo que deben existir
bolivianos que aún viven y recuerdan este incidente.
¿A quién se debió la decisión de explotar ese inexistente “Premio Faulkner” para promover
la obra de Quiroga Santa Cruz? Mucho me temo que el único que conoce esa respuesta es
el mismo Marcelo, y no es posible ya una entrevista para averiguarlo. Dadas las virtudes de
su carácter que le conocemos, parece difícil si no imposible que hubiera elegido esta
impostura para promover su obra. Después de todo, ningún autor se hace rico escribiendo
en Bolivia ni la literatura fue la inquietud principal de su vida.
¿Quienes se benefician promoviendo esa impostura en la cubierta de cada ejemplar nuevo
o viejo de “Los Deshabitados” para venderlo?
El trabajo de Cohn sobre este tema no es popular como la Biblia, pero está en el Internet y
en los archivos de la Universidad de Virginia desde 2000. Esto es, está al alcance de todo
interesado en el tema.
Hoy puedo escribir que esta historia es ya vieja para varios historiadores de la literatura
boliviana y que, respetuosos de la imagen de Quiroga, prefirieron no hacer historia de esta
historia, error que dice de su limitado profesionalismo.
Pero el caso es que “Los Deshabitados” es una novela burguesa para burgueses, no es
una proclama revolucionaria ni mucho menos y es útil, por tanto, para los pequeño
burgueses cuya agonía como clase caduca y fracasada es un bochornoso y absurdo
espectáculo de nuestros días.
Es útil para ellos porque presenta, quieras que no, al burgués Marcelo como miembro
privilegiado de esa clase y uno de sus voceros famosos. Pueden usar y abusar de su
imagen y su nombre gracias a su novela. Es, por tanto, una de las banderas sobre la que
Plural Editores proclama su prestigio.
La principal entre una industria que se distingue por su pobreza franciscana (una edición
boliviana de 300 ejemplares se considera un éxito; una de mil, una excepción histórica:
“¡Qué Solos se Quedan los Muertos!”) Plural Editores parece haber nacido en una cuna de
oro: es rica desde su primer día y hoy ocupa lo que fue la sede de Presencia al fundarse, el
antiguo Palacio Episcopal, un verdadero palacio desde varios puntos de vista. Habla con
extrema sencillez de sus 2.000 títulos y presenta a quien puede pagarlos los libros mejor
hechos, más lujosos y más caros que hayan visto los bolivianos.
Ha comenzado a producir libros bajo el sistema de “sobre demanda”, con lo que elimina la
necesidad de imprimir libros “por demás”: ahora puede producir un solo libro si sólo hay un
comprador o cien si halla cien lectores al mismo tiempo. Los depósitos de ediciones
invendibles no existen ya para Plural. Piénsese en cómo debería bajar sus precios de venta
si no fuera capitalista solamente, sino patriota. Sus libros deberían ser los más baratos de
Bolivia en lugar de ser, como son, los más caros.
La explicación de su riqueza no sólo está en que Plural “vende” su sello a todo autor
dispuesto a comprarlo (como en el caso de Prada) sino en una sigla mágica: USAID. Su
plata fue y es norteamericana.
Este éxito capitalista sin paralelo no sería nada criticable porque Plural está en el negocio
de hacer dinero y hacer dinero es la principal virtud capitalista.
Lo criticable es usar a Marcelo Quiroga Santa Cruz para los mismos fines sin considerar
que al usarlo se está falsificando la imagen y la obra del escritor que dio su vida en servicio
de sus ideales políticos, ideales opuestos, claro, a los de Plural.
Pero el caso de Marcelo es también útil para ilustrar la complicidad de Plural con la Escuela
Montenegro de la UMSA y otros grupos “rosqueros” como los llamaría el Chueco Céspedes:
ni Céspedes ni Montenegro ni Almaraz figuran entre los libros que Plural ofrece a los
jóvenes bolivianos.
Si Marcelo es publicado por Plural es porque hay un valor comercial en su apellido: Plural
pertenece a un sobrino suyo, adoptado como vocero de la familia Quiroga Santa Cruz no
sabemos por qué, y evidentemente contrario a las ideas de Marcelo sobre Bolivia y el
mundo. Este sobrino entiende que no todos entienden que sobrino y tío están en lados
opuestos de la trinchera y que, al ver el mágico “Quiroga Santa Cruz”, creen que Plural es
tan “izquierdista” como lo fue el tío. Explota así esta confusión y gana tanto en dinero como
en cuanto a la simpatía que los bolivianos sienten por el heroico Marcelo: algo del prestigio
de Marcelo “resbala” sobre Plural.
Como fuera, la historia de las luchas sociales del pueblo boliviano brilla por su ausencia
entre las colecciones que Plural ofrece al mundo. Para Plural existe sólo ese ínfimo grupo
de ricachones y privilegiados que convirtieron a Bolivia en una satrapía horrenda después
de 200 años de explotación y corrupción. Es sobre esa “rosca” que “construye” su
biblioteca: véase la lista de sus autores preferidos.
Un ejemplo que ilustra esta política editorial es el de Mariano Baptista Gumucio, quien
apareció en el horizonte político como secretario privado de Víctor Paz Estenssoro y
“discípulo” de Augusto Céspedes y Augusto Guzmán, siguió recorriendo ese horizonte de
izquierda a derecha mientras agotaba sus años hasta graduarse de burgués irredimible y
miembro sólo él mismo sabe de cuántos directorios y círculos “rosqueros”.
Baptista publicó con Plural una obra sobre Augusto Guzmán antes de buscar refugio en su
Cochabamba natal y publicar otras dos con una editorial provinciana porque Plural no le
resultó tan plural como esperaba. Esto es, Plural cree que Baptista es un peligroso autor de
“izquierdas”. ¿Que esperanza tendría Carlos Montenegro de publicar con Plural?
El caso es que Plural continua editando libros de “autores de un solo libro” sobre los temas
más variados que sirven sus intereses pequeño burgueses, ignora la trayectoria social de
Bolivia y trata de presentar a una “elite” agónica y apátrida como si fuera la “única Bolivia”
digna de una historia.
Este intento de asesinato de las letras bolivianas de izquierda se comete ante la
indiferencia y la ignorancia de los movimientos sociales del país, del Presidente indio y de
las autoridades que ese Presidente ha nombrado para “cambiar” la cultura de su pueblo.
Sucede cuando una editorial española fascista controla el Premio Nacional de Novela y los
autores jóvenes bolivianos descubren su nueva pasión por las novelas policiales porque
saben que las novelas políticas no ganarían ni un hueso y menos ese concurso. Continúa a
tres meses de las elecciones generales que cambiarán para siempre el horizonte social y
político del país como la campaña mayor, mejor financiada desde dentro y fuera de Bolivia y
la más feroz dedicada a falsificar y destruir la historia social de Bolivia.
Pueblo sin memoria como siempre, los bolivianos entienden apenas las maniobras de que
son víctimas y admiran semana a semana a su héroe preferido, el chileno Condorito.