Las principales autoridades militares de USA se presentaron la semana pasada, el 14
de enero, ante el Congreso para declarar con el mayor cinismo posible que el
Pentágono “no puede controlar” las operaciones de los mercenarios norteamericanos
en Irak y Afganistán y para lavarse las manos sobre los crímenes cometidos durante
años por esos aventureros a sueldo.
Esos crímenes incluyen el millón de muertos en Irak, más de medio millón de muertos
en Afganistán, el asesinato a mansalva de civiles, niños y mujeres en calles y plazas
de ambos países y el rechazo total de las Convenciones de Ginebra, ese gran
instrumento de la civilización que intenta reducir las bestialidades de cualquier guerra.
Esto es, son los modernos bárbaros en combate. USA los llama “los contratistas”
porque “trabajan” a contrato con el Departamento de Estado.
USA tiene “sólo” 150.000 soldados de uniforme en Irak. Tiene otro ejército “secreto”
de 196.000 mercenarios encargados de la seguridad de sus diplomáticos, sus
empresas, sus militares, la de los gobernantes iraquíes y la de quienes les vengan en
gana.
Entre sus “métodos” de guerra se cuentan la violación de niñas y niños, la matanza
nocturna de familias en barrios enteros de Bagdad, la práctica generalizada de la
tortura y la recolección de orejas humanas, un hobby inventado por las tropas
norteamericanas en Vietnam.
Algunos entre mis lectores recordarán mi primer comentario sobre estos asesinos, dos
de los cuales fueron atrapados por el pueblo de Bagdad a poco de que iniciaran
operaciones en Irak. Fueron golpeados, despedazados, quemados y colgados de un
puente. Muchos inocentes creyeron que los iraquíes eran los bárbaros. Pocos
conocían los crímenes por los que los mercenarios era así de odiados apenas
comenzaba esa invasión. Hoy esos crímenes son conocidos por toda persona que
sabe leer, pero el mundo se calla y no protesta tampoco contra este genocidio impune.
El encargado de decir al Congreso que los militares nada quieren saber de los
mercenarios fue el sub-secretario de Defensa Jack Bell. Dijo que los mercenarios se
“han convertido en parte de nuestras fuerzas totales, por lo que Defensa debe
administrarlos como parte integrada de nuestras fuerzas militares”. Esto es, debe
tratarlos como si fueran soldados sabiendo que son asesinos.
“Francamente”, dijo Bell a los legisladores, los militares “no estamos preparados para
manejar esta escala sin precedentes de nuestra dependencia de esos contratistas”.
Es decir, nos lavamos las manos de esos crímenes.
Stuart W. Bowen Jr. y William M. Solis, funcionarios del Pentágono, declararon que no
hay entre los militares suficiente personal para manejar los asuntos relativos a los
mercenarios. Un general de ejercito retirado, David M. Maddox, hizo un informe en el
que afirma que la contratación de mercenarios se multiplicó siete veces desde 2000.
Durante esa sesión del Congreso nadie habló de los millones de vidas perdidas por
causa de los mercenarios ni de las depredaciones que estos cometieron y cometen
contra los pueblos de Irak y Afganistán y contra su riqueza cultural, la destrucción de
archivos, bibliotecas, palacios y mezquitas.
Se habló, en cambio, de dinero. El senador Thomas R. Carper hizo notar que diez mil
millones de los 57 mil millones destinados a los mercenarios “no pueden justificarse
porque los contratistas no presentan la información necesaria para evaluar sus
costos”. Es decir, esos diez mil millones de dólares han desaparecido, simplemente.
Carper añadió que existen más de 80 investigaciones criminales dirigidas a conocer el
paradero de más de cinco mil millones en cada caso. Este tipo de investigaciones,
conducidas generalmente por militares y diplomáticos norteamericanos, se extravían
generalmente y no llegan a nada.
Por fin, la senadora Claire McCaskill, investigadora de los negocios de los
mercenarios en Irak y Kuwait, preguntó si se había despedido a un solo funcionario del
Pentágono después de la presentación de más de 300 informes sobre “errores” de
contratación de mercenarios que costaron miles de millones al contribuyente
norteamericano.
Tanto Bowen como Solis informaron que no se despidió a nadie, declaración que
recuerda el esforzado papel de USA y sus protestas cuando se trata de corrupción
fuera de sus fronteras.
Mercenarios: USA se lava las Manos
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