Jorge Luis Borges: de EL LIBRO DE LOS SERES IMAGINARIOS

Los Monóculos

Antes de ser nombre de un instrumento, la palabra monóculo se aplicó a quienes tenían
un solo ojo. Así, en un soneto redactado a principios del siglo XVII, Góngora pudo hablar
del Monóculo galán de Galatea.

Se refería, claro está, a Polifemo, de quien antes dijo en la
Fábula.

Un monte era de miembros eminente
éste que, de Neptuno hijo fiero,
de un ojo ilustra el orbe de su frente,
émulo así del mayor lucero;
Cíclope a quien el pino más valiente
bastón le obedecía tan ligero,
y al grave peso junco tan delgado,
que un día era bastón y otro, caiado.

Negro el cabello, imitador undoso
de las obscuras aguas del Leteo,
al viento que le peina proceloso
vuela sin orden, pende sin aseo;
un torrente es su barba impetuoso
que, adusto hijo de este Pirineo,
su pecho inunda, o tarde o mal o en vano
surcada aún de los dedos de su mano...

Estos versos exageran y debilitan a otros del tercer libro de la Eneida (alabados por
Quintiliano) que a su vez exageran y debilitan a otros del noveno libro de la
Odisea. Esta
declinación literaria corresponde a una declinación de la fe poética; Virgilio quiere
impresionar con su
Polifemo, pero apenas cree en él, y Góngora sólo cree en lo verbal o
en los artificios verbales.
La nación de los Cíclopes no era la única que tenía un solo ojo; Plinio (VII 2) también
hace mención de los Arimaspos,

hombres notables por tener sólo un ojo, y éste en la mitad de la frente. Viven en perpetua
guerra con los Grifos, especie de monstruos alados, para arrebatarles el oro que éstos
extraen de las entrañas de la tierra y que defienden con no menos codicia que la que
ponen los Arimaspos en despojarlos.

Quinientos años antes, el primer enciclopedista, Heródoto de Halicarnaso, había escrito:

Por el lado del norte, parece que hay en Europa copiosísima abundancia de oro, pero no
sabré decir dónde se halla ni de dónde se extrae. Cuéntase que lo roban a los Grifos los
monóculos Arimaspos; pero es harto grosera la fábula para que pueda creerse que
existan en el mundo hombres que tienen un solo ojo en la cara y son en lo restante como
los demás. (III, 116
)
Arturo