Así no más es. La fulgurante trayectoria del senador negro de la sonrisa Colgate, orejas
flotantes, dulce oratoria divina y una promesa de “cambio” para USA ha sido
“descarrilada” por la oratoria furiosa y tronante, indignada y herida de un Reverendo
negro, Jeremiah Wright, quien dijo desde el púlpito hace cuatro años comentando el
9/11: “No se puede practicar el terrorismo contra otros pueblos y esperar que jamás
vuelva a castigarnos”.
En Bolivia, donde sufrimos durante 200 años las Embajadas, los Goldberg y otros
“diplomáticos” enviados para enfatizar la “amistad” entre los pueblos, es fácil entender
esa indignada afirmación.
En USA, país de “cristianos” convertidos, cínicos de nacimiento y el Gran dios Dólar, es
muy difícil: ¿cómo se puede decir semejante cosa de un país que ha enviado cada
generación a masacrar y asesinar gente en todo el mundo, desde Cuba 1890s hasta Irak
2008 sin contar al esclavista Larsen?
Es que Wright representa a la “otra cara” de USA, la de los esclavos, los oprimidos, los
explotados, los pobres, en una palabra.
Esa cara, cuando además de pobre es negra, es también el retrato de un silencioso
genocidio: uno de cada dos negros de entre 20 y 30 años está en una celda; un joven
negro de 20 años tiene una posibilidad de 50/50 de ser asesinado por otro joven de la
misma edad y raza; hay madres negras de once o doce años y no son excepción, son
legión. Los niños negros no tienen padre; los padres huyen de esa responsabilidad
porque también son niños.  las ciudades de USA se están convirtiendo en una guerra
abierta en los barrios pobres: Chicago vio este fin de semana una batalla campal en que
murieron nueve estudiantes de secundaria negros.   
Esta tragedia es la que hizo decir a Wright en 2003, hablando de los negros: “el gobierno
les da drogas, construye prisiones más y más grandes, aprueba la ley de los ‘tres golpes’
y luego quiere que todos cantemos ‘Dios bendiga a América”. No, no, no. No Dios
bendiga a América. Dios maldiga a América, y eso está en la Biblia, por matar gente
inocente”.
Palabras que se entiende muy bien en Irak, Latinoamérica, Africa, Asia, etc. etc., pero
que no se puede entender en América, como es obvio.
Porque es obvio hoy, 29 de abril, critica el Washington Post en un editorial esas palabras
y esa indignación. Las llama “audacia” y califica esas palabras (no los crímenes) de
“repugnantes”. Lo repugnante, para el diario judío, no es el genocidio mudo, es el
denunciarlo.
Como Obama asistió durante años a la iglesia donde predicaba Wright y ha “confesado”
conocerlo, esta relación, aunque distante, será fatal para el brillante candidato mestizo
(su mamá era blanca). Las masas americanas (la gran mayoría de las cuales es blanca y
pobre) castigará con su voto a Obama por semejante “pecado”.
Adiós promesa de “cambio” y esperanza de justicia en el paraíso del trabajador (cuyo
gerente “gana” 400 veces su salario y recibe en muchos casos cientos de millones de
dólares tras destruir una empresa o una industria, pero es blanco). Bienvenido, John
McCain, el nuevo Bush, como lo demuestran los giros de 180 grados en su política que
hace McCain para “merecer” la presidencia.    
Sólo se da un aspecto positivo en esta tragicomedia: tal vez no sea necesaria la Bala
Kennedy para detener a Barak Obama, un destello de “cambio” y esperanza que
sorprendió a la plutocracia americana por un instante. Tal vez el heredero de Martin
Luther King Jr., premio Nobel de la Paz, no necesite morir por haber soñado con cambiar
en algo el Imperio.  
En cuanto a negros e hispanos, esos doce millones de “delincuentes” perseguidos y
acosados por el crimen de haber venido a buscar un empleo para dar pan a sus hijos (no
hay fronteras para el capital, abundan fronteras para el trabajo), las cosas irán de mal en
peor mientras el Imperio no camina sino corre hacia su letal decadencia.  
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Arturo
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Abril 08