Su Opinión
Las Paradojas del Libro Boliviano - 2
Arturo
Sus Libros
¿Cómo es posible encontrar, entonces, un escritor boliviano que abandone
voluntariamente a Bolivia como fuente de inspiración y como mina y tesoro inagotable
de historias, relatos, personajes y anécdotas que autores de otros lados se roban
como la española aquella, se prestan como el autor de ‘Stone Cowboy’ o simplemente
escriben ‘De Cuando en Cuando Saturnina’ porque, habrá que ser claro, en Bolivia
hay menos competidores que en USA o Gran Bretaña?
La respuesta es, claro, MacOndo. ¿O es Mac-hondo? ¿Mac-hondou?
La clave es Fuguet. Fuguet es el muchacho chileno muy despierto que descubrió que
los escritores que sufrieron y sobrevivieron a Pinochet y Cía. y escribieron libros
magníficos sobre esos horrores y heroísmos no tenían ni tienen acceso al gran
mercado del libro en USA. No pueden publicar ni pueden hacer $$$$. Pinochet es hijo
de Kissinger y este hidepu y sus secuaces controlan las comunicaciones en USA.
Ambicioso el chico, Fuguet decidió escribir una novela en la que los 40 años de
historia de Chile que le ha tocado vivir jamás se dieron en su vida, vida de la que lo
más interesante que puede relatar es la lista de películas hechas en Hollywood y que,
dice, influyeron en su experiencia.
Debe observarse la notable bastardía que exige esta hazaña. No cualquiera puede
tapar la tragedia de un país todo con una pantalla de cine y ponerse a contar leseras
de tontín burgués. Claro, Fuguet encontró un editor en USA y su novela se publicó. Es
tan famosa que nadie recuerda ni su nombre. La cosa se explica por sí sola: sólo quien
conoce cuan diminuto es su propio talento está dispuesto a cometer una bastardía
semejante. Al final, ni plata ni gloria ni dignidad ni el respeto de nadie.
La figura boliviana que siguió a Fuguet en su ruta de una sola vía hacia Mac-hondou
es el autor de las cuatro líneas con que inicié este disparatado relato. Al parecer,
ambos se vieron forzados a abandonar su patrio lar empujados más por la necesidad
que por la política. En un mundo en que se obsequian becas de estudio hasta por
patear pelotas, ambos encontraron los senderos de su buena educación. El precio no
les pareció muy caro: ambos se hicieron extranjeros en su propio país.
En mis 69 años menos 59 días, jamás escuché una condena como la que se usó en su
cuna, CBB, para darme una impresión sobre la obra de esta luminaria: “no conoce
aquello sobre lo que escribe, y no sabe escribir”. Tras una intervención suya en
Washington, una tímida crítica contra Evo, un colega suyo lo describió, “un tontín
burgués”, exactamente como describen a Fuguet. No creo estar destapando un gran
secreto si digo que es uno de los autores menos simpáticos para su propio pueblo que
se haya dado en décadas. Simplemente, me decían las gentes en una cueva de
intelectualidades, la gente no lo quiere. Huele que es extranjero.
Para mi suerte, jamás he cruzado palabra con este autor. Nunca lo he visto. He elegido
no leerlo. Pero no olvido el día en el Centro Boliviano de CBB cuando, hablando con su
mamá, una dama en todo el sentido de la palabra, ambos expresamos el mismo orgullo
y las mismas esperanzas comentando el primer éxito de su hijo. Hoy, cuando se que
Bolivia lo ha perdido como autor, no puedo ni quiero ocultar el disgusto que me causa
esta deserción.
Deserción ante la que puede él ser ciego, pues la verdad es que nunca abandonó la
zona en que nació, nunca dejó a su clase social para conocer algo sobre las demás,
jamás se le ocurriría hacer como Pablo Cingolani, ese “extranjero” que está
conociendo todo el país a pie. Ya una vez comentó que en Bolivia no puede hablar de
literaturas, y leo entre líneas en sus dos escritos que he leído que la antipatía que
siente su pueblo por él es probablemente mutua. Esto es, es muy probable que la
mutación en gringo se haya completado.
Un factor que le ayuda en ello es su editor boliviano, que es español y muy buen
representante de la industria del libro en la Península. Es un editor que jamás
publicaría al Chueco Céspedes, digamos para ilustrar el caso. Un factor adicional es el
hecho de que no hay muchas editoriales en Bolivia y en esta fecha, fenómeno que
debe hacer sufrir como condenado al Chueco Céspedes en su tumba. Otro factor es
su esposa, (la del Chueco, no) que entiendo que es gringa. Y un último factor es su
tendencia: prefiere al MNR, no el del Chueco, el del Goni.
¿Qué razones tendrían, él y los autores bolivianos, para escribir sobre la historia del
país, sobre su pueblo, y hacer libros de “izquierdas” como los del Chueco e ilustrar con
lo mejor de su arte la Era de Evo que es más interesante aún, para la novela, que el
Chaco o el 52?
Ninguna, por supuesto. No hay plata en esos proyectos. No hay editores que publiquen
libros como los del Chueco. ¿Deberes? ¿Quién habla de deberes en este milenio del
cinismo?
Hoy, cuando el país amenaza con dividirse tras un feroz guerra civil y racista, sus
artistas e intelectuales que publican se han dedicado a la ciencia ficción, el misterio, la
fantasía, el horror, las degeneraciones sexuales relatadas por vírgenes viejas y sabe
Dios cuáles escapismos más porque la voz del día es cegarse ante Evo y sus
aventuras y negarse al indio, el personaje de la hora, en su lucha por hacerse
ciudadano.
Lo cual, habrá que decirlo, es una cobardía feroz además de un suicidio nacional:
desde que el arte boliviano es tal, el personaje que ha dado vida al arte boliviano es el
indio. Nuñez del Prado y Guzmán de Rojas me vienen a la memoria por nombrar a sólo
dos cumbres aunque bien puede decirse que el indio domina la obra de todo artista
boliviano de renombre. Algo similar sucede con la literatura, aunque sea más pobre
que las demás artes. Si la música boliviana es apreciada, lo es porque es india. No
existe actividad cotidiana entre los bolivianos en la que el indio esté ausente. Mucha
gente piensa en idiomas autóctonos aunque no hable una palabra de esos idiomas ni
se de cuenta de que piensa en “indio”.
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