¿Por qué luchar en Paraguay?

Agustín Acosta González
Gara
Paraguay ha venido sufriendo desde 1954 el gobierno de un solo partido, el Colorado.
Este partido político ha hegemonizado el poder político, militar y económico sometiendo
al pueblo a la miseria con la exclusión de la mayoría de la población paraguaya,
principalmente campesina. Este sector está postergado en todas sus necesidades
básicas, la falta de tierra, salud, educación, asistencia técnica, comunicación, vivienda
digna, trabajo.

Hay que sumarle a esto la represión sistemática que fuera instalada por la dictadura
de Stroessner con la aplicación del Plan Cóndor: torturas a dirigentes campesinos,
trabajadores y estudiantes generando unos 30.000 desaparecidos, 300.000 detenidos
torturados y cientos de exiliados. Esta situación se extendió de forma abierta hasta
1989.

Con la salida de Stroessner del poder, con la caída del dictador, se inicia una nueva
etapa de gobierno del Partido Colorado. Siempre con la ayuda de los Estados Unidos y
con discurso democrático, los allegados de la dictadura toman las riendas del país. Se
fue Stroessner, pero quedaron los de su entorno para manejar el país con las mafias
que financian las campañas electorales del Partido Colorado a través del tráfico de
armas, droga y comercio ilegal.

Es en este contexto que se han venido desarrollando las luchas campesinas y
populares, encabezadas en forma histórica por el campesinado, sumando ya 150
compañeros asesinados desde que se fue Stroessner y miles de dirigentes torturados
en las comisarías. Víctimas de la injusticia social por la falta de tierra, los pequeños
productores suman ya unos 350.000 sin tierra en todo el país. Se les paga en forma
injusta los productos del agro.

Paraguay hoy es considerado prioridad por el Comando Sur, dado el acceso a la
energía que le ofrece en forma alternativa para el futuro, desde la biodiversidad y el
agua hasta los cultivos de soja. Estos productos pueden llegar a sustituir parcialmente
al petróleo como fuente de energía.

Esta situación es la Política de Comercio y Seguridad diseñada por la Casa Blanca
como sustituto de la Doctrina de Seguridad Nacional.

Dentro de este contexto Paraguay ha venido viviendo una abierta persecución a los
líderes sociales y políticos, que se agudizó a partir de 2002 con el secuestro y tortura
de los dirigentes del Partido Patria Libre. Ellos fueron secuestrados y torturados por
organismos de seguridad del Estado (policía, militares, Fiscalía) en una persecución
política e ideológica con prácticas de terrorismo de estado.

Con la llegada de Duarte Frutos al poder se agudizaron las políticas neoliberales y la
persecución a las organizaciones ha sido mayor, con un fuerte respaldo de los
Estados Unidos. Hoy día Paraguay vive la militarización interna focalizada en las áreas
rurales por el ascenso de los movimientos campesinos y grupos de izquierda. Los
militares fueron autorizados, decreto mediante, a actuar en tareas de seguridad
interna en colaboración con la policía en lugares estratégicos, en especial donde es
más fuerte la presencia de organizaciones campesinas, desapareciendo totalmente el
estado de derecho.

A esto se han sumado las Comisiones de Seguridad Ciudadana, integradas por
miembros del Partido Colorado y delincuentes, convirtiéndose en cuerpos paralelos de
seguridad, verdaderos grupos paramilitares de seguridad, armados por el Estado y
con la tarea de eliminar de forma selectiva a los líderes de las organizaciones
campesinas. El 11 de julio pasado le ha tocado al compañero Luis Martínez de San
Pedro y a otros tantos compañeros. El año pasado fueron asesinados los compañeros
Angel Cristaldo y Leoncio Torres en Vaquería.

La Fiscalía, por su parte, ha procesado a más de 2.000 dirigentes de diferentes
organizaciones en una abierta criminalización de las luchas populares en Paraguay.
Por denunciar estas atrocidades hoy estamos detenidos acusados de un delito que no
hemos cometido.

Estas son las razones de nuestra lucha:

El 25 % de los campesinos viven en la indigencia,
El 20 % de los campesinos son expulsados de sus tierras por la pobreza y la extensión
de la frontera de la soja.
Seiscientos mil niños desnutridos.
1.700.000 desocupados
350.000 campesinos sin tierra.
2.200.000 pobres.
Un millón de paraguayos en Buenos Aires.

Estas son las razones de nuestra rebeldía. Luchamos por un Paraguay libre,
independiente y socialista.

* Agustín Acosta González. Preso político paraguayo. Junto a él firman este
artículo los también presos políticos Simeón Bordón Salinas, Arístides Vera
Silguero, Roque Rodríguez Torales, Basiliano Cardozo Jiménez y Gustavo
Lezcano Espíndola, todos ellos, afrontando un proceso de extradición,
encarcelados en Argentina.