La frase es del Presidente Evo Morales. La lanzó en España. Se refería al principal interés
de los universitarios bolivianos, ese ejército de 300.000 futuros desocupados que muestran
en su conducta diaria la enormidad de la anomia que sufre la población urbana, las gentes
de las ciudades, y de ellas los especímenes privilegiados, esos que pueden estudiar a una
edad en que otros trabajan: recuerde usted los seis mil niños esclavos de la zafra.
Le aplaudían los universitarios españoles interesados en empujar la Península hacia la
izquierda, para los que Evo es un héroe desde hace rato. Le afligía una situación que al
parecer Evo conoce bien: víctima del constante colonialismo cultural que les oprime 24/7
mediante la televisión, la prensa y el Ministerio de Culturas, nuestros jóvenes y niños no
tienen con qué llenar su vacía cabeza, a no ser sus desesperados intentos de imitar a la
juventud del Imperio, más que a nadie a las víctimas negras de esa plutocracia, las que no
hallan otro consuelo que saltar y gritar como chimpancés enloquecidos.
Lastimoso es en verdad el espectáculo de miles de adolescentes empeñados en disfrazarse
de negros para saltar el rap o de blancos carcomidos por las drogas y enemigos de la
ducha y el peluquero, para no mencionar a las niñas que muestran el ombligo sobre panzas
que dicen mal de la dieta que consumen. (Es lo que vi en abundancia durante mi gira
boliviana de abril - agosto, Señora Ingrid).
No es extraño, sin embargo, porque no tienen mejores patrones de conducta entre lo que
ven, lo que oyen y lo que comentan: la plata es la llave de todos los paraísos, y la plata
rápida y fácil que se obtiene de cualquier modo es la más buscada. Así piensan, parece,
esas legiones que consumen lo que pasa por música estos días. Pero son sinceros como
sus graffiti: “Esto es una caca” dicen del país los mensajes pintados en muchas paredes.
Los mayores, los que viven entre sus 20 y sus 30 años (ser universitario es una profesión
entre nosotros) son formados (o deformados) por catedráticos cuya norma principal (con
las excepciones honrosas de siempre) parecen ser una misma y sola: “haz lo que digo; no
lo que hago”.
Si tales maestros hicieran lo que dicen, las universidades no serían las ollas de grillos y
fábricas de falsos privilegios que son: si maestros y estudiantes no tienen más horizonte
que hacer dinero, ¿cuál será el material con que pueda construirse una nueva Bolivia?
Pero, así como la juventud actual no puede entender ni justificar su tragedia, angustia de la
que emanan su interés en los bienes materiales y su denso cinismo, así sucede con sus
padres y sus abuelos y con la gran mayoría de los bolivianos que viven desde hace tres
generaciones: son víctimas de la más grave anomia que haya sufrido esta sociedad.
Pidamos ayuda al diccionario: “Anomia; anomía. Repudio más o menos severo de las
normas sociales”. Traducción: Esto es una caca y por eso no la respeto ni me interesa;
quiero la plata para lograr la única libertad que existe, la libertad contra la pobreza, y la
conquistaré de cualquier modo. (Recordemos: Bolivia es un país sin Ley).
Esa actitud general se entiende con gran facilidad cuando se recuerdan los últimos 50 años
de la vida de nuestra república, esa que desapareció hace unos meses. Pocos pueblos
deben haber sufrido un trato más cruel y bárbaro de parte de sus gobernantes que los
bolivianos desde Barrientos. Los dictadores militares y sus colegas neoliberales hicieron
todo lo que estuvo en su poder para asesinar al país. Es necesario haber vivido esos 50
años para poder imaginar el páramo que es el alma de cada boliviano cuando piensa en su
país, este país tan solo en su larga agonía.
Una amiga me decía, de retorno de la Bolivia de Goni y ya en Salamanca, que lo que más le
dolió durante su visita fue la “depresión” de los bolivianos. “Es un pueblo sin esperanza”,
me dijo. Tal vez la primera hazaña del Presidente indio fue la de haber devuelto la
esperanza a los bolivianos con su triunfo de 2005. Por lo menos, a los bolivianos que más
la necesitaban, la mayoría, los más pobres.
Pero esa enfermedad social no se cura ni con hazañas como el triunfo de Evo durante su
visita a España, su conquista del mundo exterior tras su primera gira internacional (puso a
Bolivia en el mapa del mundo) ni con su conducta personal: cinco años ya, y nadie en su
sano juicio puede acusarlo de ladron ni corrupto ni de nepotismo.
Se cura sólo conservando viva la esperanza día a día, hora tras hora, del mismo modo en
que funcionan la propaganda del Imperio y la política colonialista de universidades,
estaciones de televisión, diarios e impresos.
Para que el fantasma de Katari, como dice un escritor estos días, retorne como un millón y
circule por calles y plazas hasta que las gentes lo entiendan, le den la razón y quieran
imitarlo es necesario que la propaganda que sirve a Katari funcione del mismo modo, 24/7.
Si los hombres de Evo no cumplen este deber, ¿quién ha de cumplirlo?
Es en esta lucha, la conquista de la mente y la imaginación de jóvenes y viejos para
devolverles la esperanza asesinada desde Barrientos, en la que el Ministerio de Culturas
conspira contra el gobierno y se hace cómplice de la “rosca” actual, rica y poderosa como
es.
Nada ha hecho el gobierno de Evo para influir en la mente de los jóvenes de las ciudades
bolivianas, aunque bien sabe que los padres de tales jóvenes (de “clase media” como se
consideran) le atacan con chismes, mentiras, insultos y otras bajezas morales.
Nada saben esos jóvenes del más reciente pasado, y por eso es que García Mesa tiene un
departamento a todo dar en Chonchocoro y pasa sus inviernos en una suite igual del
hospital militar. Nunca han visto esos jóvenes una sola oportunidad en que se castigara a
algún asesino, algún ladrón, algún violador. Por el contrario, en este país sin Justicia todo
crimen es posible y queda impune.
Si bien tenemos un solo Evo y Morales no puede estar en todas partes ni hacerla de
Melgarejo para corregir cada enredo, no es posible para gobierno alguno la reducción de la
vida nacional a la estúpida lucha contra los “cívicos” de SRZ, el reyezuelo de TJA y los
bárbaros de SRE.
Hay un país que gobernar, Evo, y una generación de jóvenes que agoniza de cinismo e
ignorancia. Lo que es peor, los habitantes de las ciudades sufren del peor episodio de
anomia que haya visto la Patria. ¿Cómo esperar entonces que los universitarios piensen
primero en la Patria y no en la plata? Ignorantes como son, esa es su única esperanza.
"Más la Plata que la Patria"
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