Senta Reck ha tenido la amabilidad de comentar un comentario mío en el que pedía yo
a Evo que se pusiera los pantalones y enviara a la cárcel a los prefectos subversivos.
Debo agradecerle ante todo la educación y la cortesía con que me escribe. Otras
damas cruceñas acostumbran ensuciar mi computadora con una serie increíble de
barbaridades y palabrotas, y es este contraste amable el que me sorprendió esta
madrugada cuando llegó el mensaje que copio luego.
También debo agradecerle una impresión agradable con la que comencé este día:
apenas vi su nombre me vino a la memoria la imagen de Senta Berger, una alemanaza
magnífica de ojos de rubí que adornó el cine alemán durante mis años mozos.
De esta Senta poco o nada se. Prejuicio tal vez al decir que es una de las damas
fascistas más conocidas de Santa Cruz. Creo recordar que incursionó por el mundo de
las letras alguna vez aunque parece que no le salieron muy bellas. Anoto también una
que otra de sus expresiones públicas que la hermanan con el Branko de mis angustias.
Nada más recuerdo de esta corresponsal. Este es su mensaje.
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Leí su artículo Che, Evo….
Creo que el problema es más profundo que el que usted describe. Entiendo que usted
se ha limitado a contar a manera de anécdota una realidad mucho más compleja como
es la boliviana.
No veo que se constituya en un aporte cantarle a cada uno sus supuestos males….
Usted no entiende a fondo lo que está sucediendo en Bolivia y el motivo por el que Evo
Morales ha elegido imponerse sin gobernar, atropellar las leyes, destruir las
instituciones, coartar derechos y libertades.
No creo que Evo gobierne, no lo hará jamás en el sentido real del buen gobierno; en
sus planes no está el gobernar, sólo se quiere imponer, obligar a que acepten sus
atropellos. ¿Usted sabe lo que es una dictadura?, bueno, esa es la punta del ovillo.
Saludos.
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Permítame el lector comenzar por el final. Leí como un desplante su pregunta sobre las
dictaduras, puesto que debo a ellas el hecho de haber vivido fuera de Bolivia durante
más de la mitad de mi vida. Sólo por ahorrar espacio quisiera comenzar con el Mono
Paz, odiado más tal vez que Evo en su momento peor a causa de la feroz violencia de
su Revolución Traicionada. Barrientos, Banzer, Garcia Meza fueron los ejemplares
dictatoriales que sufrí. Por ello, no puedo menos que calificar al gobierno de Evo como
una probable dictablanda, y eso.
Si cualquiera de los caballeros que menciono estuviera hoy en el Palacio Quemado,
los prefectos subversivos y sus compinches estarían ya en una celda, en el exterior o
en el cementerio. Hace dos años que hacen de las suyas sin nadie que les diga nada.
Miren a Cossío, el pequeño Goni de Tarija. ¿Podría afirmar este corrupto que Evo es
un dictador? Ni siquiera él.
Reck me dice que no entiendo “a fondo” lo que está sucediendo en Bolivia.. Tal vez
puedo decirlo de modo que ella lo entienda mejor: ha llegado la hora en que las
podridas “elites” bolivianas pasen a la historia después de casi dos siglos en que
convirtieron a Bolivia en un infierno para el 60 por ciento de sus habitantes. Ha llegado
la hora en que los oprimidos, que viven ese infierno hasta extremos imposibles de
imaginar, conquisten finalmente su derecho de ser y vivir como seres humanos. Esta
es la hora en que Bolivia intenta por fin la conquista de la verdadera libertad, la
libertad económica además de la política. El que los oprimidos en su gran mayoría
tengan la piel de cobre es un accidente. El que sean indios (porque los oprimidos de
piel casi clara tienen vergüenza de decirse oprimidos) es consecuencia de nuestra
desgraciada historia, historia que nos hizo desgraciados a todos menos a los que
llevan una billetera en lugar de su conciencia.
En cuanto a “el motivo por el que Evo Morales ha elegido imponerse sin gobernar,
atropellar las leyes, destruir las instituciones, coartar derechos y libertades”, me
parece increíble que Reck no pueda ver ese motivo.
Por necesidad histórica, Evo debe destruir, quemar y hacer desaparecer la
Constitución que rige hoy a Bolivia y que es la que le da a Reck y a esa “elite”
fracasada las “leyes”, las “instituciones”, los “derechos” y las “libertades” que Reck
defiende y que hicieron de Bolivia un país en el que “muchos viven como perros para
que unos pocos vivan como cerdos”, como escribió hace medio siglo uno de nuestros
luchadores sociales.
En cuanto a “imponerse sin gobernar”, pecado del que Reck acusa a Evo, es mi
humilde opinión que Evo ha decidido esperar a que el pueblo mismo se imponga hasta
en el último rincón del país y prefiere “no gobernar” porque si gobernara como le pido
yo le seria imposible tal vez evitar la sangre y la violencia que Evo ha evitado al país
durante dos años ya.
Por fin, sobre la Bolivia que debe cambiar a costa de cualquier sacrificio, me permito
copiar aquí lo que copié hace 38 años y que describe una horrenda tragedia que poco
o nada ha cambiado desde entonces. Mi buena fortuna hace que pueda usar esas
palabras y no las mías sobre la Bolivia que Reck parece no haber tenido el coraje de
visitar jamás.
Esta es la nota que copio de mi “Morder el Silencio”, publicado quince días antes del
golpe de García Meza, un tomo físicamente deforme que agoniza en los sótanos de
Cultura en La Paz. De allí pueden rescatarlo los que desearan saber lo que fue la vida
boliviana bajo Banzer.
Pero este es Almaraz, al que Dios tenga en su gloria.
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54
Copio porque, al final de cuentas, ¿acaso estoy yo buscando un premio literario?
Copio:
"..En todas las ciudades del mundo hay barrios pobres, pero la pobreza de las
minas tiene su propio cortejo: envuelta en un viento y un frío eternos, curiosamente
ignora al hombre. No tiene color; la naturaleza se ha vestido de gris. El mineral,
contaminando el vientre de la tierra, la ha tornado yerma. A cuatro o cinco mil metros
de altura, donde no crece ni la paja brava, está el campamento minero.
La montaña, enconada con el hombre, quiere expulsarlo. De ese vientre
mineralizado, el agua mana envenenada. En los socavones, el goteo constante de un
líquido amarillento y maloliente llamado copajira quema la ropa de los mineros.
A centenares de kilómetros, donde hay ya ríos y peces, la muerte llega en forma
de veneno líquido proveniente de la deyección de los ingenios. El mineral se lo extrae y
se lo limpia, pero la tierra se ensucia. La riqueza se troca en miseria. Y allí, en ese frío,
buscando protección en el regazo de la montaña, donde ni la cizaña se atreve, están
los mineros.
Campamentos alineados con la simetría de prisiones, chozas achaparradas,
paredes de piedra y barro cubiertas de viejos periódicos, techos de zinc, piso de tierra;
el viento de la pampa se cuela por las rendijas y la familia, apretujada en camas
improvisadas - generalmente bastan unos cueros - si no se enfría, corre el riesgo de
asfixiarse.
Oculto tras esos muros está el pueblo del hambre y de los pulmones enfermos, los
de las tres "puntas" diarias de trabajo, los del "veinticuatreo".
(En las minas grandes, el trabajo se ejecuta en tres turnos, "puntas". El
veinticuatreo es la jornada de 24 horas que se cumple en el interior de la mina. Suelen
cumplirla generalmente los contratistas, obreros a destajo que a su vez contratan a
otros trabajadores. El maquipura, obrero temporario, es un paria: no se le reconoce
ningún derecho y es descendiente directo de los mitayos y los mingados de la Colonia.
Actualmente, en las minas nacionalizadas hay varios miles de maquipuras).
Sin pasado ni futuro, esa miseria lo ha envuelto todo. El campamento está
simplemente allí, perdido en algún rincón: fuera de él, la soledad; dentro, la pobreza.
En esta eternidad sórdida, los habitantes recuerdan a los penados de las aldeas
zaristas porque se los siente igualmente segregados y con el peso de una condena
sobre sus vidas. Es el exilio minero".
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Esta es la razón por la que yo desearía que Branko y sus compinches usaran la horca
que dispusieron junto al Cristo para Evo e hicieran un primer servicio a Bolivia
abandonando este valle de lágrimas.
Esta es la realidad horrenda que debe cambiar a cualquier precio, y ese es el cambio
que debe perseguir todo boliviano con una pizca de conciencia. Es un cambio que
comienza con un cambio de la Constitución, la Ley Magna, pues de ella derivan todos
nuestros males pasados y de una nueva podrían nacer los elementos de una realidad
mejor.
Pero, como me canso de repetirlo, todo depende de cada boliviano.