El reciente acto de barbarie en Sucre nos obliga a expresar una vez más nuestra profunda
gratitud a Don Evo Morales, sin cuya presencia en el Palacio Quemado los bolivianos
hubieran seguido (y preferido) continuar viviendo en el infierno social y económico que fue
la Bolivia de Banzer, Tuto, Jaime y Goni, los sátrapas de más reciente memoria.
En efecto, y a pesar de los cuatro gatos que están expresando su ardiente indignación
escrita por el Internet (la prensa impresa está en silencio del lado de los bárbaros) contra la
actitud medieval que provocó escenas de indiscutible brutalidad e ignorancia en Sucre, la
verdad es que lo que sorprende a la gran mayoría de los bolivianos no es el racismo ciego
de la “inteligencia” boliviana sino la desfachatez y el crudo desprecio por la opinión pública
nacional y mundial que expresa esa “clase privilegiada” criolla y provinciana al demostrar
los frutos de su “educación” de manera tan sincera y honesta.
Pocas veces se habrá visto una sociedad de bestias (en sentido real y peyorativo) en su
más puro estado que la que presentara al mundo la televisión boliviana durante esas horas
de “civismo” sucrense. Sólo la Krystalnacht nazi de hace un siglo puede tomarse como
precedente de esa orgía de racismo desenfrenado, aunque habrá que respetar las
proporciones, pues las víctimas en el caso boliviano fueron apenas un puñado.
Pocos actos pudieron haberse imaginado más perfectos que esa salvajada imbécil para
hacer más difícil la tarea del embajador judío y fascista que sirve a la plutocracia
gobernante del Imperio que busca destruir a Evo. ¿Cómo vender los esfuerzos
“democráticos” de Goldberg al mundo cuando sus aliados se demuestran tales nazis a
ultranza? Ya debieron haber sido bastante intragables los saludos fachos y los pasos de
ganso borracho que distinguieron al 4 de mayo pasado en Santa Cruz. ¿Cómo hará
Goldberg para convencer a Washington de que está haciendo las cosas “bien”? Con
semejantes amigos, ¿quién necesita de más enemigos?
Observaciones todas que conducen a una conclusión evidente: la hora de la justicia social
en Bolivia se acerca y los privilegiados de ayer cometen esos excesos porque se saben
solos, criminales, incapaces de cambiar y condenados por la historia.
Todas las minorías excluyentes y explotadoras desaparecieron del mismo modo, y el
ejemplo más claro en América fue la guerra de secesión gringa en la que el Sur hecho de
“caballeritos” privilegiados, pedantes y tontos fue despedazado por un Norte de obreros,
campesinos y esclavos. Como aquel Sur esclavista, nuestro Sucre pone ya sus barbas en
remojo.
Pero hay sorpresas. La más interesante es la humildad y el temor de la “indiada” ante la
barbarie de los “civilizados”. No hace medio siglo que los indios hicieron temblar a sus
enemigos en Santa Cruz y otros lugares que aprendieron a temer la noche y los pututus. No
hace cinco años desde que los paceños temieran que los indios “bajaran” a la ciudad para
hacer picadillo de los privilegiados. ¿Qué es lo que sucede en Sucre y por qué anda el
indio tan “agachado”? ¿Es esta una situación nada más que accidental o será la que
adopte el indio durante todos los días por venir?
Otra sorpresa, así sea sólo para los extranjeros, es la actitud de los “universitarios”, una
juventud “educada” que, a diferencia de la tradición libertaria de la juventud del continente
y del mundo, es reaccionaria en Bolivia y desprecia su propia raza: basta ver la cara de
esos estudiantes para descubrir en ellas a sus abuelos y antepasados indios.
Pero la defensa de los pocos y miserables privilegios de que goza esa “clase meritocrática”
ínfima explicaría otra tendencia general de los “privilegiados” bolivianos: la de dar la
espalda al mundo y encerrarse con sus cuatro letras porque se adivinan retrógradas e
inferiores al exterior. En país de ciegos, los tuertos lo explotan explotando a los condenados
a la ceguera. Sucre es el nido de esa tradición, como sabe todo boliviano.
Para algunos bolivianos, sobre todo los peor educados (bárbaros que se lavan el cogote) la
vida en la Bolivia de Tuto, Jaime y Goni era la mejor del mundo porque una mafia de
incapaces podía vivir de la ignorancia y el retraso de los demás. “Vivir como cerdos
mientras los demás vivían como perros”, como dijera Almaraz.
La pérdida de esa “alfombra” de seguridad, la conciencia de que no habrá ya “ignorantes ni
brutos” mas ignorantes y más brutos que esos explotadores, es la causa profunda del
racismo que estalló en Sucre, se expresa en Santa Cruz y es latente en cada bastión de la
“clase media”. Cuando uno se sabe deleznable en el mundo lucha a muerte para mantener
debajo a las víctimas que lo sostienen.
Pero las grandes verdades que rigen Bolivia no se alteran ante gestos de desesperada
brutalidad como el de Sucre. Ningún país puede sobrevivir como tal con un 60 por ciento de
sus habitantes en estado de virtual esclavitud. Nada puede ser peor que la Bolivia de
Banzer, Tuto, Jaime y Goni. Hoy, a pesar de sus poderosos enemigos, el pueblo boliviano
tiene una esperanza real de cambio y de un futuro mejor.
Gracias a Evo, Bolivia ya no puede mantener oculta la desesperada condición de la gran
mayoría de sus habitantes ni los brutales privilegios de sus bárbaros actuales. Los
bolivianos están comenzando a tomar conciencia de esas verdades y deberán quemar
etapas para dar ciudadanía plena al indio si es que no quieren desaparecer como
bolivianos. No hay alternativa. Mejor es esta hora de la verdad, por dolorosa o peligrosa
que aparezca, que el siglo y medio en que fueron posibles dominadores como los que
Sucre mostró ayer nomás al mundo. Vale más vivir despierto por un día que sufrir una
pesadilla sin fin, lo que Bolivia llamó su historia hasta 2005.
Por eso debe ser que aparecieron en Santa Cruz algunos ciudadanos educados que
enarbolan un “Santa Cruz somos todos” y demuestran con ideas y hechos (débiles como
son ante las brutalidades de los nazis locales) su superioridad humana y moral. Son los
primeros, pero no serán los únicos.
Por ello deberá ser que las mayorías no tardarán mucho más en tomar partido por Bolivia
(ahora que saben que ni el ejército ni la policía harán nada para hacer respetar la Ley,
aunque mala) y deberán hacer como bolivianos lo que Evo nunca podría hacer: apagar con
un mínimo de violencia los focos de barbarie fascista que amenazan la vida nacional y
reformar el país “desde abajo” porque no hay ser humano que se respete y piense en dejar
a sus hijos un país como el que dejaron Banzer, Tuto, Jaime y Goni.
Pero lo que resulta increíble hasta el absurdo es el ínfimo número de los extremistas de
derecha, de los inventores de la muerte civil, de los campeones de la violencia ciega como
arma política, y los modos absurdos en que se las arreglaron para mantener a todo el país
y a su pueblo como rehenes de su brutal ignorancia durante casi dos años. Sólo la
inexperiencia y la ignorancia de los indios como gobernantes podría explicar en parte este
singular episodio.
Era necesario abrir las venas de Bolivia y mostrar al mundo la pus social que la asfixia para
comenzar una nueva etapa. Evo salió al mundo y puso a Bolivia en el mapa del universo.
Evo continúa solo, odiado, débil e incomprendido, pero muestra a Bolivia las llagas sociales
que la matan, le desafía a que se cure ella misma y no abandona lo que yo considero
debilidad y otros verían como pacifismo, el único camino de supervivencia para su raza.
Y es así como todo boliviano que se digne de ser tal deberá hallar más temprano que tarde
razones sólidas y valederas para respetar al primer indio que alcanzó la Presidencia de la
República y que le está dando lecciones que nadie nunca supo darlas. Para cada boliviano,
es muy raro el orgullo que, apelando apenas a un ínfimo residuo de decencia, sabe crear
Evo en cada conciencia. Ese orgullo cuya fuente es una figura pública es en verdad algo
nuevo e “inédito” para los bolivianos, acostumbrados a tiranos y sátrapas. Ojalá
aprendamos a valorarlo antes de que lo convirtamos en otro mártir de nuestra martirizada
historia.
.